Aprender es prender

La importancia de los nombres, así como la importancia de nuestra historia, es vital. “Llamar las cosas por su nombre”, como nos diría Alex Supertramp en “Into the wild” (2007) de Sean Penn, nos permite conocer los orígenes y la esencia de cada cosa.

Por supuesto que tú no eres tu nombre, y las cosas no son solo el nombre. El nombre es como una fotografía, y la cosa designada, toda una película.

Cada vez que invento un cuento, o una historia (también para la ambientación de los juegos), siempre me preocupo por encontrar el nombre perfecto, el nombre exacto de cada cosa.

Igualmente con este blog de educación, con el que he tenido un auténtico proceso de búsqueda de un buen nombre, uno que esté cargado de significado.

Es más, la búsqueda ha hecho que termine creando esta especie de sub apartados o secciones como son Manual Mamut, un nombre muy apegado a mi día a día como monitor, ya iremos ampliando esto más en detalle….

Y Desde el cubil, expresión que viene del universo de El libro de la Selva de Rudyard Kipling que igualmente, ya ampliaremos.

Pero el nombre central, La Invención del Fuego, viene también cargado de metáforas y significado en este blog sobre educación, pedagogía y tiempo libre.

Para empezar es un hito histórico, uno de los más importantes de la Prehistoria e incluso de la historia en su conjunto, que hace referencia a un aprendizaje, o proceso de aprendizaje:

A partir del dominio del fuego, los futuros homo sapiens sapiens comienzan a vivir ya no a expensas del designio de los dioses y con el temor a que el cielo caiga sobre sus cabezas, sino que logran dominar sus vidas, con mayor movilidad, seguridad, defensa ante la climatología, las fieras y la oscuridad.

Crear fuego no era sencillo, e incluso una vez tenían algo de luz, ese saber y aprendizaje que había logrado crear una llama, lo protegían con su propia vida.

Además dicho hito está relacionado con un aprendizaje, y con la transmisión de una enseñanza: el fuego se convirtió en un conocimiento muy preciado que debía pasar de una generación a otra.

Un conocimiento que además era la virtud de iluminar el camino, y proporcionar calor.

Porque la educación es eso también: etimológicamente, educación viene de “guiar” de “acompañar” o “sacar lo destacable, desde dentro, hacia fuera” (como una llama que se aviva).

Incluso en los momentos más oscuros, un educador debe ser capaz de proporcionar luz, de compartirla o de enseñar a hacer fuego para que el otro sea la guía y la fuente de calor.

Porque aprender es prender el pabilo que todos llevamos dentro, y basta una sola llama pequeñita para hacer un gran fuego, que devore el conocimiento.

Y enseñar es crear calor, es decir, crear vínculo entre el maestro, el guía, y el discípulo, que no es más que alguien que ya tiene dentro la habilidad de crear fuego….

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