Un tratado sobre arquitectura

En sintonía con la anterior entrada “De ciencias y teorías”, quisiera abrir un espacio a lo que podemos llamar Un tratado sobre arquitectura. Me explico, que a veces soy muy metafórico (y experto rizador de rizos): me gustaría profundizar en cómo construimos las personas los aprendizajes, y cómo se dan los procesos cognitivos. Y lo iremos viendo poco a poco, conforme presentamos teorías, estilos y autores.

Pero como digo, siguiendo con la entrada, es imprescindible estar abiertos y saber que “toda aportación aporta”. Si queremos crecer en este tratado de cómo aprendemos, debemos tener inquietud en conocer la verdad.

 Para ello además debemos ser sumamente objetivos:

Objetivos porque no construiremos nada desde el rechazo. Ninguna teoría puede ser válida si surge única y exclusivamente como contraposición a una teoría anterior. Puede ser así si presenta argumentos propios y sólidos que son contrapuestos. Pero no si los argumentos surgen únicamente como contrapunto. Mostrando algo cuyo argumento no es más que el reflejo de lo que rechazamos, estamos dando la razón a aquello que rechazamos.

El “esto es bueno porque aquello es malo” carece totalmente de profesionalidad como búsqueda científica, universal y/o de base teórica.

Pero además la objetividad nos lleva a medir con parámetros generales: no podemos determinar, por ejemplo, que un acto educativo es aquello que la persona considera que es educativo, porque esta sentencia viene a expresar absolutamente nada.

Suena bonito, pero realmente no dice nada, es como abrir la boca para decir: “mi compañero tiene algo importante que decir”, cuando yo no quiero mojarme.

Pero sobre todo, hay que ser pragmáticos. De nada sirven mil teorías sobre enseñar y aprender si estas no son más que palabras de escritorio, quizás navegadas por muchos libros y autores, no digo que no, pero la pedagogía utópica es eso, muy bonita, pero utópica.

Yo no soy arquitecto, pero llevo años siendo albañil, de ahí que para mi, ahora que me estoy zambullendo en algunos tratados de arquitectura, sea tan importante esto del pragmatismo, porque aunque no sea un experto en pedagogía si puedo ver alguna de estas sentencias utópicas como totalmente inservible. Ojo, inservible para la práctica, que algunas de estas, como base teórica, puede ser un aporte significativo. De ahí que me remita de nuevo a la importancia de su estudio.

Así pues y con alegría, vamos a ver qué podemos descubrir de todos estos tratados de arquitectura, teorías pedagógicas, estilos y autores, cómo llevar a la práctica las ideas de algunos de estos maestros de la educación, para seguir aprendiendo, es decir, prendiendo esta inquietud.

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