Una salida al campo

Antes de empezar a ver qué es eso que llamamos educación y qué es eso que llamamos pedagogía, propongo una excursión.

Cuando hacemos una actividad en el medio natural, siempre es recomendable conocer antes el terreno, no solo lo que se dice del mismo (información de la fauna, flora, orografía, inclemencias atmosféricas,….), sino también realizar una primera visual para comprobar de propia mano las características que hemos leído, y ver si se corresponde con los rasgos observados, es decir, con lo pragmático a la hora de nuestra intervención con el entorno.

Por ello, adentrándonos en la cueva del conocimiento, de esta Invención sobre educación y pedagogía, debemos conocer con seguridad la diferencia entre estalactita y estalagmita, aunque solo sea para que, cuando nos adviertan, sepamos si agacharnos, o levantar el pie.

Es importante comenzar definiendo términos. Y advierto de antemano que no es sencillo. Y me doy cuenta, ahora que comienzo a adentrarme en este estudio, que no lo es por diversas razones.

Por un lado estamos ante la eterna problemática de las ciencias sociales, que construyen en un espacio natural, es decir, cambiante (como en la metáfora del inicio) frente a las ciencias experimentales, que lo hacen en un entorno artificial, valga la incoherencia, pero sólido: estudiar el universo, que es solo uno, es más sencillo que a las personas, porque cada humano es un universo entero.

El ser humano es inesperado, y esto hace compleja la elaboración de leyes y teorías, por lo que vivimos siempre en idas y venidas en cuanto a corrientes. Este será de hecho otro problema que se puede observar en la pedagogía: esta ciencia tal y como hoy se concibe es relativamente joven, pese a que siglos anteriores, y corrientes anteriores, hayan tratado la temática desde otros enfoques. Y, muchas veces, los enfoques actuales no se presentan como verdaderos tratados de investigación con razones probadas acerca de algún tema, sino como verdaderas refutaciones parlanchinas contra todo lo anterior como única razón de existencia.

Se lo aseguro, no se pueden imaginar la de textos que nos están dando a leer, que meramente vienen a echar pestes sobre vivencias pasadas en la escuela, pero que se limitan a eso, a protestar, sin hacer siquiera una crítica constructiva, o a proponer puntos proactivos, o a sentar teóricamente hacia dónde debiéramos ir. 

Además la ecuación se dificulta en la práctica. Esto lo he experimentado mucho en tiempo libre hasta el punto de crear una de las reglas de oro que explico en una de las asignaturas, que dice que “en tiempo libre puedes esperar cualquier cosa”. No parece gran cosa, pero esta frase va destinada a esos monitores que entran en shock cuando ven algo que nunca han visto antes pero es que, es imposible que en una actividad todo funcione como uno espera, porque realmente puede suceder cualquier cosa.

Por supuesto que existen herramientas para acercarnos a lo que va a acontecer, o cómo vamos a reaccionar las personas. Pero son herramientas puramente flexibles, que no solo se deberán adaptar a los participantes, sino a nosotros mismos, y además, a la interacción entre todos, porque cada vez que formamos un grupo, aparece nuestra dimensión social, que influye en nuestra actitud, y todo puede cambiar.

¿Desde dónde enfocar entonces todo esto? Personalmente creo que la pedagogía puede aspirar a ser una ciencia totalmente independiente de influencias negativas pasadas aprendiendo de todo y no rechandanzo nada porque sí, y de expertos en la subjetivización, pues lo subjetivo no nos ayuda a nivel global y científico, para poder dar con una ciencia que, pese al factor humano y flexible, pueda dar con principios y teorías como mínimo útiles para nuestra función.

También ha de ser una ciencia que humildemente beba de la psicología, de la sociología y de la historia, y acepte lo que estas áreas tengan que decirle aunque no nos interese por contraposición a otras posturas. Posturas que, por cierto, hay que tratar con respeto aunque no estemos de acuerdo. Y sobre todo ha de ser una ciencia práctica.

Cuando aprenda más, espero poder retomar este tema. Pero ahora mismo, no concibo una pedagogía alejada del ámbito práctico. No entiendo una teoría pedagógica que no nos hable desde dentro del grupo social del cual nos habla. Desde mi punto de vista, no existe la pedagogía que no ha salido al campo a jugar con lo que dice.

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