Juego nocturno: La llama

Ambientación: La llama sagrada que alumbra al mundo y alimenta a los dioses del bien, ha sido robada por los dioses de la oscuridad. Sus secuaces oscuros la mantienen oculta en el bosque, y sólo los más valientes serán capaces de encontrarla, y devolver así la luz a la humanidad. 

Objetivo: Gana el jugador, o el equipo, que logre más puntos. Se consiguen puntos encontrando bien la llama, bien a los “secuaces o dioses de la oscuridad”.  Por defecto, supongamos que contamos con 5 de estos personajes. En tal caso, encontrar a uno supondrá sumar 5 puntos, mientras que encontrar la llama supondrá sumar 15 puntos. 

Preparación: Elaboraremos una llama hecha de cartulina u otros. La escondemos en el marcó de juego, que puede ser tan grande como queramos, dependiendo del tiempo que queramos jugar, y del número de personajes disponibles. Cada personaje deberá ir con ropas oscuras y llevar consigo una linterna. El árbitro necesitará un reloj y un Silbato. 

Desarrollo: 

El juego empieza cuando el árbitro da la salida con el Silbato, y acaba igualmente con una señal acústica específica tras la cual, todo el mundo deberá volver a la zona de salida. El juego finaliza cuando acaba el tiempo propuesto, o cuando alguien o algún equipo encuentra La llama. 

Nada más comenzar el juego, los jugadores deben buscar en la oscuridad, sin linterna alguna, a los personajes de la oscuridad. Algunos estarán mejor escondidos que otros. Para facilitar esta búsqueda el árbitro desde la zona de salida pitará cada cierto tiempo. El pitido indica a los personajes que deben mostrar brevemente su posición, encendiendo su linterna. 

Cuando alguien encuentra a un personaje, suma x puntos, y continúa buscando. 

En el momento en que un personaje es encontrado, este se coloca de pie y enciende su linterna ya para siempre. Se convierte en un faro. 

Puesto que encontrar un trozo de cartón en un marco muy amplio en la oscuridad, es muy difícil, he aquí la pista (creciente) que obtienen los jugadores: todos los personajes están escondidos dispuestos en forma de círculo, cuyo centro es el lugar exacto donde la llama está escondida. Un personaje pillado, que se ha convertido en faro, se acercará muy poco a poco al lugar donde se encuentra la llama, estrechándose el círculo conforme el juego avanza. Este acercamiento debe hacerse progresivo, acorde con el tiempo de juego que se va a realizar, y dejando siempre un margen mínimo (entre diez y veinte metros, siempre más, cuantos más jugadores sean). 

Variante: Precisamente en el estreno de este juego, las características del marco no permitían hacer una circunferencia tomando por centro el lugar donde queríamos esconder la llama. Por este motivo optamos por realizar una equis mediante el escondite de los personajes, siendo el punto donde se cortan las dos líneas el lugar exacto de escondite de la llama. 

Además de todos los aportes inmersos en un juego nocturno, este potencia la necesidad de estar atentos a más de un objetivo estratégico a la vez. No basta con correr a localizar personajes, y por supuesto que tampoco sirve de nada buscar sin rumbo la llama. Es importantísimo para la estrategia de este juego la visualización espacial, localizar personajes para sumar puntos pero, a la vez, estar atento a los personajes pillados, es decir, a los faros, para intentar reconocer en qué zona exacta puede estar la llama. 

Chisporroteando

De la misma forma que un fuego se alimenta de la leña que le proporciones para poder seguir iluminando, los seres humanos necesitamos alimentarnos para poder enseñar, ser luz o dar calor a los demás. A nivel de contenidos teóricos, es fácil de entender que uno puede alimentarse estudiando más. Aunque no es lo mismo saber, que saber enseñar, por lo que al mismo tiempo hay que dar con fórmulas de expresión y de comunicación.

Mientras que si hablamos de guiar, de educar, de estar ahí para alguien, de ser luz, de mediar, de tratar con las personas,…. Necesitamos un alimento más profundo incluso que los conocimientos. Necesitamos alimentar nuestra inteligencia, nuestros distintos “yoes”, nuestra alma y nuestras habilidades.

Así pues, una forma indiscutible de echar leña al fuego es mediante las nuevas vivencias, mediante aventuras (no grandes aventuras piratescas o elfiánicas, pero aventuras igualmente. La vida es una aventura constante solo si lo deseas…..). Aquellos que se quedan siempre en su rutina, no sólo no descubren nada nuevo, sino que además no aprenden nada nuevo, sobre todo nada nuevo de sí mismos. Esto es que, cuando se enfrentan a una situación que les saca de su zona de confort, entran en shock.

Siempre he repetido lo importante que es conocerse a uno mismo para poder ser monitor de tiempo libre, o educador. Porque si las situaciones que vives en tu trabajo te sobrepasan, porque no sueles abandonar a menudo tu zona de confort, trabajarás siempre en estado de shock. Y una de las “reglas de oro” que tengo para trabajar en tiempo libre es que en tiempo libre, puede pasar de todo. Y es muy cierto, puesto que cuando se trabaja con personas, suceden escenas totalmente impredecibles.

Chisporroteen pues por ahí para vivir nuevas experiencias y aventuras y así alimentarse, es mi consejo: a modo de vacaciones, como voluntariado, o trabajando, pues la misma experiencia laboral es una aventura nueva cada día. Es también cierto que no hay campamento en el que no se aprenda nada nuevo. Siempre se aprende algo.

Y todo ello viene al hilo de próximas entradas que quisiera compartir, puesto que irán en sintonía a dos actividades que están siendo parte de mi aventura veraniega. Por un lado un campamento de verano, de la cual quiero compartir entre otras cosas una fantástica dinámica de grupo llamada Los refugiados cuya creación estaba destinada para ser realizada en un colegio, pero ha funcionado muy bien de campamento, y un nuevo jugo nocturno.

Y por otro lado os escribo ahora desde Hammersmith en Londres donde estoy como voluntario en Austin forum, colaborando en diversas actividades como unas clases gratis que imparten aquí para extranjeros y también con un campamento para niños, con los que haremos diversas actividades. Estoy disfrutando y aprendiendo de esta auténtica fusión de culturas, y seguro que de esta experiencia saldrán también entradas interesantes para compartir.

Así pues, no lo duden, como diría la canción, “el fuego nos dice con fuerte voz ¡una gran aventura vivid!”, no dejen de aprender, y chisporroteen….

No es educación

Uno de los principales problemas con los que me he encontrado a la hora de comenzar a estudiar a un nivel teórico, más serio, conceptos de pedagogía, es que durante la enseñanza de esta ciencia, la transmisión de conocimientos van más en la línea de la señalización de lo que NO es educación, por contraposición casi en bloque a un concepto, una definición o una teoría pedagógica. Mucho antes que indagar sobre las características, valores o puntos comunes en todo proceso educativo, mediante un proceso científico.

Durante este año en el que he podido descubrir las primeras pinceladas de esta ciencia, tengo la sensación de que más que como tal, la pedagogía funciona como una corriente artística de vanguardia que trata de romper contra la corriente artística anterior.

Si he podido disfrutar en una de las asignaturas, la primera de hecho, y qué bien ha venido, de una búsqueda científica para discernir qué es educar, y con la que empezábamos trazando patrones comunes a procesos que considerásemos educativos.

Pero no siempre ha sido así, ni todo está sujeto a debate, rompiéndose el estilo científico tan necesario para no dejarnos arrastrar por lo subjetivo.

Y un claro ejemplo de ello es la cuestión sobre el proceso de socialización. En la mayoría de las asignaturas, no en todas, estaba totalmente claro que todo lo que concierne a la socialización está fuera del concepto de educación, es decir, que cuando un niño da los buenos días por la mañana, no ha vivido un proceso de educación sino de socialización (a simple vista, ya que se le pueden buscar tres pies al gato). No voy a entrar ahora en materia, prefiero desgranar más adelante junto esos puntos comunes sobre procesos educativos

A partir de la definición de educación que podemos leer en una de las primeras entradas, podemos estar de acuerdo. Pero no podemos dejar el asunto fuera de debate porque, ciertamente, aquí hay algo que no encaja.

Pues me he encontrado conque no hay debate posible pues socializar no es educar, en contraposición a corrientes o teorías anteriores, y punto, y además echándose uno las manos a la cabeza. Eso sí, para echarse las manos a la cabeza, no se pueden escoger ejemplos dulcificados como el anterior del “buenos días”, pues siembran la duda.

A la hora de presentar ejemplos, podíamos leer uno éticamente dudoso, que era inequívocamente socialización, como por ejemplo: “Manolita, la maestra, no quiere que ningún niño entre por la puerta sin dar los buenos días. Como Raúl ha entrado sin dar los buenos días, le castiga a entrar otra vez, y después a entrar en cada clase para que así se aprenda que tiene que dar los buenos días”. Esto es socialización. Mientras que “Susanita, la maestra, reúne a todos sus alumnos y alumnas y, mediante una asamblea, hablan de cómo podrían mejorar. Rubén propone dar los buenos días antes de empezar cada clase, y todos aplauden convencidos”. Esto es educación.

¿Les suena exagerado? Solo unas décimas. Pero lo cierto es que no solo me lo han explicado así, sino que además me han puesto un ejercicio, es decir, deberes, en los que solo había una posible solución, y no era precisamente la que salía de uno mismo, de dentro hacia fuera. Un auténtico aprendizaje socializador sobre qué es educación.

Y entonces, ¿el proceso de socialización, no es educación? De momento, ahí queda la pregunta al aire.