Comunicación como unión IV

Dejando clara la importancia de la comunicación en el trabajo con grupos humanos, con equipos de trabajo, en actividad formativa, en educación, en tiempo libre, en comunidades y amistades,…., igual importancia habrá que darle a entender las características del proceso comunicativo, y cómo utilizarlo a todo detalle.

La comunicación es un proceso: préstale su tiempo.

No hablamos de una acción sencilla, sino de todo un proceso en el que interviene más de una persona. Si estudiamos el proceso, ¿por qué no nos damos cuenta de que es más complejo de lo que le suponemos muchas veces? La capacidad de habla no te otorga una buena y correcta comunicación, o sana comunicación como decía en la anterior entrada. Pero además, en esta hablaba de que nunca transmitimos la misma idea que percibimos. Si queremos que todas las ideas que se van a generar en este proceso sean lo más parecida posible, préstale el tiempo que se merece.

Malentendidos, pérdidas de información o fallos comunicativos son más comunes de lo que nos creemos, y nos enfadamos atribuyendo al otro malas intenciones o desinterés. Y la comunicación falla porque no le prestamos el tiempo que necesita como proceso real y complejo muchas veces que es.

La comunicación es emisión y respuesta.

Solo cuando obtenemos la respuesta de nuestro receptor, el proceso se configura. No sirve de nada comunicar mensajes si no certificamos que se ha entendido la idea, si no existe una respuesta. Por eso no podemos pretender establecer comunicación a diestro y siniestro, con mensajes que no son claros, o incompletos, o indirectos,…. Y luego pretender que haya una respuesta que, en ausencia del proceso, no se producirá.

La comunicación es clara, comprensible, compartible.

Lo que pueda ser claro para mi, puede no serlo para otra persona. Por eso hay que hablar muy claro, definir muy bien las cosas, ir al grano y ser específicos, cuando queremos una respuesta específica. Y comprobar que se ha entendido en el sentido correcto.

Si antes hablábamos de que no se da la misma idea en el emisor que en el receptor, imagina cinco, diez o cincuenta receptores. A mayor claridad, mayor similitud entre ideas, que nos permitirán una mejor comunicación.

La comunicación es directa, no impersonal.

Y concreta. No vale un “estaría bien” en los equipos de trabajo, o un “esto debería hacerse” en trabajo con grupos, alumnos, participantes,…. No se puede dejar caer algo que nadie cogerá como propio, y no porque no quieran hacerlo: puede ser que por procesos grupales, nadie se sienta en la obligación, con la responsabilidad o con la autoridad de responder a ese mensaje. Por eso hay que ser claros también hacia qué receptores me estoy dirigiendo.

Positivizante y constructiva.

El negativismo debe desaparecer de nuestras vidas. Cuando decimos lo que no se puede hacer, en lugar de lo que sí. Cuando adelantamos malas conductas, malas acciones, en lugar de sentar normas como un vínculo entre todos. Cuando perseveramos un rol negativo. Cuando sacamos los defectos de una propuesta como barrera anti proposiciones, sin aportar alternativas. Cuando le ponemos un no a todo.

La comunicación debe ser siempre lo más positiva posible, lo más constructora. Y también en esta línea, debe ser asertiva: ni agresiva, que siempre impone su razón, ni pasiva, que siempre se deja llevar, sino una comunicación que tire y afloje según la necesidad.

Un comentario en “Comunicación como unión IV”

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