Lo que me enseñó el bosque

Tres conceptos la mar de sencillos, pero de una importancia y relevancia vitales para el desempeño de la actividad de tiempo libre, o para el trabajo en pedagogía y con grupos sociales.

Tres conceptos que parten del escultismo, como son la pedagogía del juego, la filosofía en ruta y el sentido de lo concreto.

Siguiendo con la línea de Lo que me enseñó el fuego en este blog de pedagogía y tiempo libre, quería compartir en esta entrada un legado personal muy importante, un aspecto de mi currículo que he podido adquirir creciendo en un grupo scout. Y el por qué ha sido tan vital esta influencia para mi desempeño profesional en tiempo libre y animación sociocultural, resumiéndolo en estos tres conceptos que paso a desarrollar.

La pedagogía del juego:

El juego es una actividad innata en los animales, y es un método de descubrimiento de la realidad sin precedentes. Ese descubrimiento es una herramienta muy poderosa de aprendizaje. Por esta razón no debemos dejarlo de lado durante cualquier proceso pedagógico.

Si algo he podido aprender y desarrollar durante mi formación en escultismo es que todo aprendizaje puede presentarse mediante una actividad lúdica. Eso genera una motivación, un deseo de auto descubrimiento, y un aprendizaje relevante y significativo sin precedentes: la persona, inmersa en el juego, desea avanzar….

Pero esa transformación del aprendizaje en una actividad lúdica requiere de menor esfuerzo del que creemos, ya que la vida misma es también un juego, con sus reglas, sus objetivos, sus formas de ganar y de perder,….

Más adelante ampliaré sobre este y los siguientes conceptos en entradas posteriores, desde la experiencia en tiempo libre, y ahondando más en los aspectos pedagógicos.

Filosofía en ruta:

Cuando trabajas con personas, trabajas con sentimientos, trabajas con puntos de vista, trabajas a un ritmo frenético, en un estado permanente de generación de respuestas, y de nada sirve tener cien mil títulos, cursos o grados, que te irá mal si no eres un auténtico maestro de ti mismo. Y para conocerse a uno mismo, solo vale realmente una cosa: ponerse a prueba.

¿Y cómo se pone uno a prueba? Viviendo experiencias, el alimento del alma. Cuando vives siempre la misma rutina, cuando no sales de tu área de confort, no te pones realmente a prueba, no creces y, cuando aparece en tu día a día un hecho insólito e inesperado, este te pilla por sorpresa, y no sabes cómo afrontarlo.

Y ojo a la regla de oro (de mi manual nunca escrito) que dice que en tiempo libre (o trabajando con personas, basicamente), te puedes esperar cualquier cosa (a veces las más improbables).

Por eso es fundamental estar preparados y conocerse a uno mismo. ¿Cómo? Saliendo ahí fuera. Y en el escultismo otra de las filosofías fundamentales es la actividad de ruta como comparación con la vida misma. Planificar una ruta y salir ahí fuera, aunque llueve, truene, nieve o se te haya olvidado lo que sea, no hay lugar para rendirse en mitad del camino y que te recojan, solo hay un objetivo posible: caminar.

Y en ese caminar, en ese salir al paso y superar las dificultades del camino, poniéndose a prueba, es donde uno crece (por dentro) al conocerse de verdad….

Sentido de lo concreto:

El cual se define como el pragmatismo en su máxima exponencia, y es uno de los pilares de la pedagogía scout, más concretamente de la Asociación Scout de Europa donde pude aprender estos conceptos que comento sobre escultismo.

Personalmente considero que es un concepto fundamental tanto en tiempo libre como en el ámbito de la educación. Ya lo comentaba en una entrada anterior en este blog sobre tiempo libre y pedagogía: Haz lo que quieras, pero con coherencia y sensatez.

Pero no solo es una herramienta que permite no contradecirnos y, por lo tanto, marcar un crecimiento en valores. Es que además es la herramienta fundamental para lograr cualquier objetivo.

De nada sirve trabajar con un grupo de participantes y plantear que, al explicar actividades, todos estén cayados para poder hacerlo con facilidad, y que todos se enteren, pero después, a la hora de la verdad, no ponemos medios para que esto sea posible, con una u otra técnica.

O si por ejemplo decidimos utilizar una dinámica de grupo como pueda ser un “van” para que el grupo haga silencio, como por ejemplo “Eo-eo” (gritamos “eo-eo”, el grupo grita “oé”, y después, hacen silencio), no tiene ningún sentido que gritemos “eo-eo”, el grupo no se calle, volvamos a gritar “eo-eo”, y así sucesivamente. No estamos siendo pragmáticos, pues estamos utilizando erróneamente la herramienta.

O por ejemplo, de nada sirve plantear una actividad, acordar realizarla y, a la hora de comenzar, no tenemos el material que necesitamos.

El pragmatismo sería como las manos que nos van a permitir en ultima instancia desarrollar los objetivos planteados, objetivos que hemos de desarrollar también con sentido de lo concreto, estudiando si responden efectivamente a las necesidades del grupo, su viabilidad, los recursos necesario y el tiempo de aplicación.

Un comentario en “Lo que me enseñó el bosque”

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