La experiencia es un grado

La experiencia es un grado, eso es innegable. Pero cuando esta ha consistido en repetir una y otra vez un procedimiento erróneo, ese grado vale de más bien poco.

Y erróneo significa que el procedimiento no funciona, o quizás lo hacía en momentos puntuales, o quizás pareciese que funcionaba frente al desconocimiento de otros procedimientos mejores, normalizándose un mal funcionamiento bajo el pretexto “esto es así, y no puede ser de otra forma”.

Esto le pasa mucho a los profesionales que se acomodan a dar un tipo concreto de respuesta frente a los miles de estímulos diferentes que recibimos trabajando con personas diariamente: pero no todos se pueden responder de la misma manera, empezando porque cada uno de nosotros, somos un mundo.

O también a aquellos que no tienen una vocación real en lo que hacen, y por tanto carecen de cierta inquietud que les impulse a averiguar realmente cómo solucionar aquello que no va del todo como imaginaban, que no persiguen una mejora continua.

Y mucho peor, le pasa también a aquellos que llegan por primera vez a un equipo de trabajo y aprenden de sus compañeros una forma de trabajar que no funciona, por alguno de los motivos anteriores, pero que igualmente se ha normalizado como “esto es así”, “no se puede hacer mucho más” o como no, un clásico: los “siempre” y los “nunca”.

Si te quedas más tranquilo con esta validación viéndote en esta situación has de saber que, si propones algo y el contra argumento que recibes es “siempre se ha hecho así” o “aquí nunca ha pasado eso”, ten por seguro que no te han contestado nada.

Todo argumento dado en trabajo grupal, tiempo libre, educación, trabajo social,…. En definitiva, con personas, precedido de un “siempre” o un “nunca”, es un argumento totalmente vacío. O lo que es peor: lleno de predisposiciones, etiquetados, prejuicios, y falta de espíritu crítico, algo tan necesario para crecer de verdad.

Y recuerda en este punto el Efecto Pigmalión o la Profecía autocumplida, que si siempre se ha hecho así, así se hará por las buenas o las malas, y que si nunca ha pasado eso, nunca pasará, por mucho que lo trabajes.

Pero se pueden buscar otras vías, otras herramientas y otros procedimientos, porque no siempre las cosas son como han sido un día tras otro. Vivimos en un mundo que fluye, no que se hiela.

Por eso, la experiencia es un grado no cuando llevas años haciendo exactamente lo mismo, y solventando con ello tu papeleta. Eso es una falta vocacional y una vagancia profesional.

La experiencia es un grado cuando te has caído ya mil veces, y has buscado otras mil formas de levantarte. Cuando has fallado, pero te has dejado la piel en analizar el fallo, encontrar soluciones, y afrontar con nuevas perspectivas. La experiencia es un grado cuando nada te vale y todo te sirve. Cuando oyes a los demás, dialogas soluciones, lees y buscas más ideas y cuando no descartas nada sin un argumento probado, y no un simple “siempre” o “nunca”.

Porque el verdadero profesional no es aquel al que todo le sale bien, sino el que es capaz de analizar mientras trabaja dónde está fallando, y cómo resolverlo. Por eso, un profesional de verdad, no es aquel que ya creció, sino quien no deja de crecer jamás….

2 comentarios en “La experiencia es un grado”

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