Ser comprendidos

Si tuviera que resumir a día de hoy cuál es la esencia de la educación, qué es lo imprescindible para que se produzca el llamado proceso educativo mencionado en anteriores entradas en este blog de educación, sin duda apostaría por dos palabras de una profundidad infinita: ser comprendidos.

Puesto que no hay educación sin cercanía, como no hay calor lejos del fuego, crear lazos o tejido emocional es fundamental para este proceso.

Como muchos docentes saben:

Ya puedes ser la persona más sabia del mundo que, si no logras conectar con los alumnos, estos no aprenderán absolutamente nada. Como mucho, lo memorizarán.

Pero no solo en un aspecto académico sino en cualquier otro de educación no formal o en el ámbito familiar:

Lo que necesita un niño, que realmente es lo que necesitamos todos, es ser comprendido.

Cuando comprendemos a la otra persona (pero de verdad, y no a medias, o con interferencias de mi propio ser o pensar), captamos y certificamos qué necesita la otra persona, y es entonces cuando podemos plantear la solución a la necesidad, y desde el punto de vista del que tiene dicha necesidad: tú qué necesitas, cómo podemos alcanzarlo.

El problema reside en que comprender a los demás no es tarea fácil, pero no solo porque leer a los demás nos cueste, y porque no nos preocupamos en alimentar nuestra inteligencia interpersonal y, por lo tanto, andamos haciendo el mamut los unos con los otros. Sino porque además, muchas veces, proyectamos en los demás nuestras ideas como algo habitual, ya sea para bien o para mal.

Cuántas veces, frente a lo que vemos que está haciendo, hemos interpretado en un compañero, o en un alumno, o en un niño, que tiene una intención concreta, y nos convencemos de que es esa su intención cuando no le hemos preguntado, ni lo vamos a hacer. Y aún así muchas veces creemos estar al 100% seguros de que su intención es la que nosotros nos figuramos.

Pero si a veces no nos entendemos ni a nosotros mismos, ¿cómo podemos atribuir intenciones a los demás a diestro y siniestro? ¿Por qué rechazamos la escucha y el acercamiento, y nos conformamos con nuestra propia interpretación? ¿Por qué esa necesidad de ruptura, cuando el tejido que antes mencionaba se da únicamente con el acercamiento?

Por eso resulta tan necesaria la empatía, que no significa estar de acuerdo con la otra persona, sino comprenderla hasta lo más profundo, aunque discrepes y después puedas dar tu opinión. Pero habiéndola comprendido primero (y sintiendo la otra persona que, efectivamente, lo has hecho).

Por ello solo cuando comprendemos a alguien de verdad, logramos crear el verdadero lazo que nos permitirá ser un guía para esta persona, es decir, ser luz en el proceso educativo.

5 comentarios en “Ser comprendidos”

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