El juego del desconocido

Hoy comparto con vosotros un juego con tintes de dinámica de grupo muy interesante, que es en realidad una adaptación para el tiempo libre de un programa que fue popular hace unos años en la televisión y que era conocido como Identity (Producción de Zeppelin en su versión española).

Este juego lo confeccioné para una actividad de tiempo libre que realicé en el año 2007 y, en concreto, buscaba un foco lúdico para una dinámica de grupo en la cual los participantes pudieran conocerse más entre sí (ya se conocían, pero buscaba que se sorprendiesen de sus propios compañeros), y que sirviese al mismo tiempo de distensión (romper el hielo) e inicio de creación de grupo.

Ciertamente lo he puesto en práctica muy pocas veces ya que no nos vale para cualquier grupo de participante ni actividad pero creo que dando con estas claves, el juego es ciertamente divertido e interesante incluso para una posterior reflexión, al estilo de las dinámicas.

Para este juego, cada participante debe pensar en dos logros, hitos, o rasgos personales que no sean conocidos por el resto de participantes, y escribirlos en un papel. Nadie puede leer lo que hemos escrito. Cada uno intentará buscar dos cosas de las que se sienta especialmente orgulloso, o que realmente sean cosas importantes o dignas de mención (aunque también podremos escribir otro tipo de ejemplos), pero que no sean conocidas por los demás.

A continuación se recogen los papeles, y el juego da comienzo: ¡Juguemos al desconocido! Cogemos el primer papel y preguntamos: ¿quién creéis que ha escrito….? Y leemos los dos logros ocultos de esta persona, para intentar dar con aquel desconocido que los ha escrito.

Cada participante escribe en un papel (o se puede hacer a mano alzada) quién cree que es dicha persona, ganando puntos por acierto.

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Adaptar nuestra sesión a la situación

Cuidado con anteponer nuestras necesidades a la de los demás, en aquellos momentos en los que, precisamente tu profesión consiste en atender las necesidades de los demás.

A veces nos pasa inconscientemente, porque cierto es que también nosotros, en cualquier puesto laboral, tenemos una serie de necesidades que deben ser satisfechas por la otra persona, aunque esta sea un cliente. Cogiendo una profesión de ejemplo, como camarero, cierto es que para este el cliente siempre tiene la razón, pero eso no quita que su necesidad de que no le hablen a gritos deba ser cubierta. Por otro lado, por mucho que el camarero tenga hambre, no sería de recibo que se sentase a comer cuando está en su horario laboral, pues en ese momento son los otros los que acuden al establecimiento para cubrir esa necesidad en concreto.

En torno a esta idea reflexionaba otro concepto que llevaba tiempo dando vueltas, sobre el principal valor que debe tener un docente, pudiendo ser la humildad (teniendo que descartar otros muchos igual de buenos). Porque desde el mismo momento en el que abrimos la boca para explicar un concepto, tratando de hacerlo de manera didáctica y tocando solo aquellas áreas relevantes para ese momento en cuestión, debemos reconocer la certeza, con naturalidad, de que no lo sabemos todo sobre dicho concepto, y de que vamos a aparentar siempre que conocemos más de lo que realmente sabemos.

Quizás dominemos una materia pero, de la misma forma que nunca se deja de aprender, nunca todo se sabe….

Y la humildad es necesaria para ese momento crucial en el que de repente nos da la sensación de que tanto nosotros como docentes, como la materia que llevamos preparada, son lo único importante, lo único que hay en juego, lo único que existe. Y lo priorizamos a todo lo demás. Y eso no debería ser así, pienso yo.

A veces nos da la sensación de que vamos a transmitir un conocimiento vital y fundamental para el desarrollo del discente, de la otra persona. Nos puede parecer que vamos a descubrirle una gran verdad, o que tan solo vamos a darle un concepto sin el cual no podría vivir. A veces incluso llenamos una sesión entera de conceptos, pongamos por ejemplo, 100, pero: ¿somos conscientes de que finalizada esta, solo recordará 20?

Sí es verdad que a veces toda esa información sirve, aunque no se retenga en su totalidad. Pero a la hora de programar cualquier tipo de formación, siempre nos debemos plantear objetivos más allá de la simple transmisión de contenidos.

Y unificando nuevamente tiempo libre con educación, yo personalmente en el ámbito no formal siempre he planteado tres objetivos cruciales:

  • Atención: procura que estén atentos porque si no, todo lo demás, ¿para qué? Y atención es también interés, que es motivación.
  • Formación: porque efectivamente, si no aprenden nada en toda tu intervención, algo ha ido mal. Pero no es un “aprender los conceptos que tú traigas” sino simplemente, aprender.
  • Diversión: porque para aprender sin más, están los libros, que por cierto son a veces mucho más divertidos que algunos docentes. Además no hablo de una diversión banal, sino de una auténtica facilitadora de aprendizaje significativo.

Nos duele cuando tenemos que romper nuestros esquemas como docentes, y nos frustramos porque llevamos mucho tiempo formándonos y preparando una sesión, y nos empeñamos en hacer nuestro trabajo por encima de “leer” nuestro trabajo, es decir: visualizar cómo está la clase, y adaptar la sesión a la situación.

Si no tengo la suficiente humildad como para reconocer “esto no es lo que esperaba, no me sirve lo que he preparado”, no tendré la profesión suficiente como para adaptar mi proceso de enseñanza – aprendizaje, y adaptarlo a los verdaderos protagonistas, los que realmente tienen una necesidad que esperan cubrir: la de aprendizaje.

Dinámica de Los Gurruños

Para esta dinámica de grupo necesitaremos papel, preferiblemente que sea reciclado o incluso ya usado, o papel en sucio. Además, lápices o bolígrafos. Nos situaremos si es posible en una mesa (mejor si es más pequeña de lo que debería ser para el número de participantes), todos al rededor, y si no en el suelo, pues debemos formar un círculo o disposición en asamblea, al rededor de algún espacio plano.

Les pediremos entonces a los participantes de esta dinámica de grupo que escriban en un papel un defecto que tengan. Nadie lo va a leer, así que pedimos sinceridad.

Una vez escrito deben hacer un gurruño con el papel, formando una pelotita, y lo dejan sobre la mesa.

Luego, continuamos la dinámica de grupo pidiendo que escriban en otro papel su defecto más gordo, ese que no les deja vivir (o simplemente el mayor). Y nuevamente con dicho papel, cuando todos lo han escrito, pedimos que hagan un gurruño o pelotita con ese papel, y que lo dejen delante suya en la mesa, o suelo si estamos en el suelo.

Seguimos en la misma línea pidiendo cosas para escribir en el papel, y hacer un gurruño o pelotita posterior que depositen en la mesa. Todo sobre cosas negativas. Algunos ejemplos para esta dinámica de grupo sería:

Pedimos que escriban un sentimiento negativo que se les despierte dentro cuando alguien roza con ellos.
Un defecto heredado de su familia.
Una característica que no soporten de los demás y que cuando alguien la tiene con nosotros, nos enfadamos mucho.
Algo que no nos guste del mundo.
Algo que no nos guste de nosotros mismos.
….

La idea es decir y decir cosas negativas mientras van escribiendo en los papeles y haciendo bolitas que dejan sobre la mesa, de tal forma que va a llegar un momento en que la mesa esté llena de bolitas, tantas que van a estar chocando unas con las otras, y molestando a todos los presentes. Es más:

Va a llegar un momento en el que ya no va a importar cuáles son mis gurruños. Tan solo va a importar que hay demasiadas bolitas sobre la mesa, que molestan demasiado, y que todo es un caos.

Incluso si como solución para poder continuar con la dinámica de grupo y ver algo en claro, proponen eliminar bolitas de papel, seguro que nadie se opondrá. Pero, ¿cuál quitar? ¡Qué más da! Si ya no se sabe cuál es de quien.

Mucho mejor nos iría en esta vida si entre todos tratamos de reducir la producción de gurruños a nuestro alrededor.

(A la hora de hacerlo hay que recordarles que debemos comunicarnos con educación y desde el cariño, pues seguro que alguno escribió que “le enfada mucho los que van corrigiendo sin ton ni son”, por lo que debemos comprender que decirle a alguien “oye tú, no generes más gurruños”, puede molestarle, y con razón).

Espero que os pueda servir este recurso de dinámica de grupo o metáfora visual, que está recién salida del horno ya que la creé para una actividad realizada aproximadamente hace un mes.

No dudéis en modificarla al gusto para adaptarla mejor a la situación y al grupo y, si la realizáis, sería genial si podéis compartir por aquí vuestra experiencia, impresiones, las reflexiones posteriores, reacciones de los participantes, modificaciones a la dinámica de grupo,….

La importancia de la expectativa

Algunos de los fracasos más sonados que he tenido como profesional del tiempo libre han venido derivados por un condicionante que particularmente llamo “expectativa” (sacado de un concepto de guión en realidad), y que en esta entrada me gustaría explicar como parte de una fe de erratas en experiencias pasadas pues, ya se sabe: de los errores se aprende.

Y me parece sumamente interesante dicho concepto aunque a priori le pueda parecer a cualquiera que no es relevante, o que quizás uno se vea con capacidad para cambiar la expectativa, pero esto no siempre es sencillo.

Por expectativa me refiero a “lo que espera el participante” (el niño, el joven, el adulto,….) de la actividad en la que está inmerso, la cual medias tú como monitor de tiempo libre, o como cualquier otro profesional de la educación no formal o también, por qué no, en el caso de los docentes, aunque su ámbito está más marcado de cara a expectativas.

Y es que cuando el participante va con una idea férrea de lo que es una actividad, es complejo a veces hacerle entender que esa idea no puede darse, en caso de que sea una idea errónea. Y es complejo sobre todo cuando otro adulto ya le ha dado la razón, y por lo tanto parece que la idea queda automáticamente validada, sin posibilidad de una negociación dialogante por falta de un espíritu crítico real.

Pero vayamos a las anécdotas reales para ilustrar el concepto, sucedidas en actividades de tiempo libre.

Es muy complejo luchar contra una expectativa igual a “para ir de un punto a otro del campamento, lo hacemos saltando esa valla, porque es lo que hacíamos el año pasado, el monitor nos dejaba”.

El primer problema aquí reside en la falta de profesionalidad de muchos monitores de tiempo librecampamentos. Esta falta llega a un punto tal, que hay quien es capaz de discutirte el asunto al no entender qué hay de malo en que un grupo de niños salte una valla (ahorrándose diez metros, por no hacer el trayecto utilizando una puerta). Algo que en el ámbito de la educación formal quizás no pasaría, pero por falta de formación sucede constantemente en la educación no formal.

Pero, no siendo normal, y siendo algo que debemos evitar, quiero centrar la reflexión en lo complejo que es explicarle al grupo de participantes que no es posible saltar una valla, que no es lógico, que no es seguro, y que no puedes dejar que lo hagan, cuando la expectativa del grupo es totalmente contraria, y además, está aprobada por un adulto.

En el caso de este campamento pude salvar la situación, no permitiendo algo que podría haber sido un problema aún más serio. Pero de cara a la evaluación, esta actividad de tiempo libre fue a medias un fracaso, debido a una mala impresión final de los participantes: esto no es lo que esperábamos.

Otro ejemplo de lo mismo tuvo lugar en otra actividad de tiempo libre, en este caso de multiaventuras, un programa con pernoctación en los cuales siempre el equipo de monitores con el que he trabajado hemos salvaguardado una necesidad vital como es la del descanso, tanto para los participantes como para los monitores.

Por que no, profesores, no padres, no otros profesionales del tiempo libre:

Que los chavales no duerman en toda la noche no es lo más normal del mundo en una actividad de tiempo libre, en un campamento. Lo más normal del mundo es que el grupo duerma, tanto participantes como monitores. Y para que esta situación se dé, existe una pedagogía, unas herramientas, unas dinámicas a aplicar.

El problema es que muchos dan por hecho, ante la imposibilidad de lograr un objetivo, que el objetivo no es tal, y se descarta por imposibilidad. Pero el objetivo es fundamental:

En una actividad con pernoctación, se debe garantizar el descanso, entre otras cosas porque el cansancio es foco de incidentes y accidentes, de malentendidos, de conflictos y de desequilibrio emocional. Y aún más esto se debe garantizar en actividades que implican cierto riesgo, como son las de multiaventura.

Y no es complejo cumplimentar el objetivo, quizás en otra entrada podamos extendernos por ahí.

Pero claro, si luchas con una expectativa contraria, nos encontraremos ante un problema similar al anterior: si tanto padres como profesores le han explicado al participante que por las noches, seguro que arman una fiesta, y que pueden hacer cualquier cosa, es normal que el chaval, ante la autorización de otro adulto, no entre a razones, no entienda la importancia del descanso y del respeto a los otros compañeros, y por supuesto apueste por un todo vale que genere una situación de caos durante la actividad de tiempo libre.

Pero no todo vale, concepto pedagógico fundamental, máxime dentro de un grupo social. De la misma forma que no solo vale lo que tú traías en mente, lo que provoca una expectativa inamovible que, de no ser complacida, genera una sensación de insatisfacción, frustración y fracaso de la actividad de tiempo libre planteada.

Educar es guiar

Educar es guiar, es orientar en los objetivos y su consecución, personales y sociales, presentes en el entorno actual de la persona.

Educar es ayudar a la otra persona a que llegue a ser lo que realmente quiera ser, algo que no conoce ni él mismo.

Es un proceso, que pasa por lo cognitivo, por el intelecto, pero con el perpetuo aporte de lo emocional. Proceso, sí, pero no matemático, porque así como lo que entra en un soporte informático se retiene por motivo de su programación, no podemos presuponer lo mismo de la mente humana.

Cada pizca de información que nos llega es procesada de mil maneras distintas en cada uno de nosotros y, aunque podamos predecir algunas reacciones a la entrada de un estímulo, nunca podríamos estar seguros de estas.

¿O acaso tú, lector, sabes con exactitud cómo vas a reaccionar a cada frase que te traiga la vida? Creemos estar preparados y muchas veces lo estamos, pero no siempre conocemos cuál será nuestra respuesta a cada paso del camino.

Por eso la tarea del educador es mostrar los diferentes caminos, enseñar cómo interpretar las señales y ayudar a recorrer el mismo. Y llegará un momento en el que la persona deba continuar sola por el mismo, porque en realidad cada senda no son más que partes de una ruta mayor, la ruta personal e individual de cada persona.

En realidad, da igual cómo enseñes la ruta, siempre que la persona la escoja libremente, de ahí la importancia de conocer distintas herramientas para que dicho caminante comprenda las opciones.

El educador ha de ser versátil, y no puede limitarse a una única técnica educativa porque, si afirmamos que todas las personas somos distintas, no a todos les valdrá el mismo estilo de enseñanza – aprendizaje.

Reflexionaba en anteriores entradas sobre qué significa educar y qué es la educación, y hasta ahora tenía claro que hablábamos de un proceso de raciocinio que desembocaba en una asimilación personal, y sigo creyendo que es una definición que permite con objetividad englobar una gran cantidad de metodologías y teorías, y no solo la que cualquier docente considere más adecuada porque, tal y como digo: no podemos cerrarnos a una teoría o a una metodología sabiendo que somos tan distintos entre nosotros y que además, un momento de nuestra vida puede ser muy diferente al otro.

Pero como ha de existir dicho proceso interno, la función del educador, función de enseñanza, termina donde empieza la función del educando, función de aprendizaje, que es personal.

El educador, como el fuego, ilumina y da calor al acercarse, pero es la persona la que tiene que prender (y aprender).

Educar significa, desde su interior etimológico, guiar, acompañar, ayudar a sacar el fuego de las personas, para que comiencen a ser brillantes….