La importancia de la expectativa

Algunos de los fracasos más sonados que he tenido como profesional del tiempo libre han venido derivados por un condicionante que particularmente llamo “expectativa” (sacado de un concepto de guión en realidad), y que en esta entrada me gustaría explicar como parte de una fe de erratas en experiencias pasadas pues, ya se sabe: de los errores se aprende.

Y me parece sumamente interesante dicho concepto aunque a priori le pueda parecer a cualquiera que no es relevante, o que quizás uno se vea con capacidad para cambiar la expectativa, pero esto no siempre es sencillo.

Por expectativa me refiero a “lo que espera el participante” (el niño, el joven, el adulto,….) de la actividad en la que está inmerso, la cual medias tú como monitor de tiempo libre, o como cualquier otro profesional de la educación no formal o también, por qué no, en el caso de los docentes, aunque su ámbito está más marcado de cara a expectativas.

Y es que cuando el participante va con una idea férrea de lo que es una actividad, es complejo a veces hacerle entender que esa idea no puede darse, en caso de que sea una idea errónea. Y es complejo sobre todo cuando otro adulto ya le ha dado la razón, y por lo tanto parece que la idea queda automáticamente validada, sin posibilidad de una negociación dialogante por falta de un espíritu crítico real.

Pero vayamos a las anécdotas reales para ilustrar el concepto, sucedidas en actividades de tiempo libre.

Es muy complejo luchar contra una expectativa igual a “para ir de un punto a otro del campamento, lo hacemos saltando esa valla, porque es lo que hacíamos el año pasado, el monitor nos dejaba”.

El primer problema aquí reside en la falta de profesionalidad de muchos monitores de tiempo librecampamentos. Esta falta llega a un punto tal, que hay quien es capaz de discutirte el asunto al no entender qué hay de malo en que un grupo de niños salte una valla (ahorrándose diez metros, por no hacer el trayecto utilizando una puerta). Algo que en el ámbito de la educación formal quizás no pasaría, pero por falta de formación sucede constantemente en la educación no formal.

Pero, no siendo normal, y siendo algo que debemos evitar, quiero centrar la reflexión en lo complejo que es explicarle al grupo de participantes que no es posible saltar una valla, que no es lógico, que no es seguro, y que no puedes dejar que lo hagan, cuando la expectativa del grupo es totalmente contraria, y además, está aprobada por un adulto.

En el caso de este campamento pude salvar la situación, no permitiendo algo que podría haber sido un problema aún más serio. Pero de cara a la evaluación, esta actividad de tiempo libre fue a medias un fracaso, debido a una mala impresión final de los participantes: esto no es lo que esperábamos.

Otro ejemplo de lo mismo tuvo lugar en otra actividad de tiempo libre, en este caso de multiaventuras, un programa con pernoctación en los cuales siempre el equipo de monitores con el que he trabajado hemos salvaguardado una necesidad vital como es la del descanso, tanto para los participantes como para los monitores.

Por que no, profesores, no padres, no otros profesionales del tiempo libre:

Que los chavales no duerman en toda la noche no es lo más normal del mundo en una actividad de tiempo libre, en un campamento. Lo más normal del mundo es que el grupo duerma, tanto participantes como monitores. Y para que esta situación se dé, existe una pedagogía, unas herramientas, unas dinámicas a aplicar.

El problema es que muchos dan por hecho, ante la imposibilidad de lograr un objetivo, que el objetivo no es tal, y se descarta por imposibilidad. Pero el objetivo es fundamental:

En una actividad con pernoctación, se debe garantizar el descanso, entre otras cosas porque el cansancio es foco de incidentes y accidentes, de malentendidos, de conflictos y de desequilibrio emocional. Y aún más esto se debe garantizar en actividades que implican cierto riesgo, como son las de multiaventura.

Y no es complejo cumplimentar el objetivo, quizás en otra entrada podamos extendernos por ahí.

Pero claro, si luchas con una expectativa contraria, nos encontraremos ante un problema similar al anterior: si tanto padres como profesores le han explicado al participante que por las noches, seguro que arman una fiesta, y que pueden hacer cualquier cosa, es normal que el chaval, ante la autorización de otro adulto, no entre a razones, no entienda la importancia del descanso y del respeto a los otros compañeros, y por supuesto apueste por un todo vale que genere una situación de caos durante la actividad de tiempo libre.

Pero no todo vale, concepto pedagógico fundamental, máxime dentro de un grupo social. De la misma forma que no solo vale lo que tú traías en mente, lo que provoca una expectativa inamovible que, de no ser complacida, genera una sensación de insatisfacción, frustración y fracaso de la actividad de tiempo libre planteada.

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