Juego deportivo: Bolorán

Os presento en esta entrada un juego deportivo, o prototipo de deporte, creado durante una asignatura y, por lo tanto, testado y corregido gracias a mis compañeros de clase. Y probado digo al menos hasta el punto del resultado presente, puesto que como todo buen juego, aún le quedaría rodaje y más pruebas para limar cualquier detalle de esta actividad.

El bolorán, llamado así por los bolos y por el verbo “correr” en inglés, es un deporte en el que se enfrentan dos equipos, y se juega a dos campos, en una cancha con el tamaño y líneas de una cancha de baloncesto, y con una pelota gigante como las de pilates.

Alternativamente, un equipo será el atacante, y el otro equipo será el defensor.
El equipo atacante (lanzan) contará con jugadores llamados “cazadores” y con un solo jugador llamado “lanzador“.
El equipo defensor (se defienden del lanzamiento) contará con jugadores llamados “bolos” y con un jugador llamado “guardián“….
Todos los jugadores deberán obligatoriamente rotar por todos estos puestos dentro del equipo, en cada ronda de ataque o defensa.

Gana el equipo que logre sumar más puntos, algo a lograr dentro del siguiente desarrollo:

Los jugadores del equipo que está defendiendo se colocan dentro de las líneas de tiro libre de baloncesto, donde y como quieran, totalmente inmóviles, como anclados en el suelo. Moverse constituirá falta, que puede sumar un punto adicionales al equipo contrario. Estos jugadores, serán los jugadores bolos.
El jugador más alejado del campo contrario, también inmóvil como los bolos, será el guardián.

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Demasiada instrumentalidad

– ¿Cómo estás?
– Bien, ¿y tú?
– Bien, gracias.

No, no es un error. El diálogo que acaban de leer es muy bien conocido. Se trata de una pregunta, aparentemente social, seguida de una respuesta social. ¿Cómo estás? Bien.

Pero, ¿y si te pregunto cómo estás de verdad, un poco más hacia el interior, por debajo de toda nuestra superficialidad y de las respuestas instrumentales y sociales?

¿Realmente estás bien? ¿Es un bien de felicidad, euforia, plenitud, alegría, asombro?

O por el contrario estás bien, es decir: tirando. Y en realidad te sientes triste, angustiado, desolado, con miedo, incertidumbre, rencor, desidia, mosqueo….

– ¿Cuántas te han quedado?
– Siete.
– Vaya. Pues ya sabes: a estudiar más.
– Sí, lo sé. Si ya me han quitado el móvil y todo.
– Eso está muy bien.

¿Les suena esta otra? El punto en común entre ambas es que son conversaciones de construcción social, es decir: nos acostumbramos a ejecutarlas, pero no siempre las pensamos, o las sentimos.

En el caso de la segunda, además, incluye una respuesta instrumental por parte del estudiante que la ejecuta: digo esto, que es lo que les gusta a los adultos oír.

Dicha no porque el alumno sea consciente de que tenga que decirlo: responde de manera social, sin pensar ni sentir, porque es lo que está acostumbrado a hacer.

Y por otro lado, en el segundo diálogo se añade una cuantificación y una comunicación racional, por encima de lo cualitativo, o de la comunicación afectiva.

Antes de las vacaciones de estas últimas navidades, oí muchas veces este tipo de conversaciones y, precisamente en uno de los casos, tuve la oportunidad de saltarme la comunicación social antes expuesta, para pasar a una comunicación real, sentida y con sustancia.

– Me han quedado siete. Pero vaya, que ya me han quitado el móvil y todo.
– ¿Y de esa forma, crees que te irá mejor en el segundo trimestre?
– Ah, pues, yo qué sé.
– ¿Por qué crees que has suspendido siete? (No importan los cuántos, sino los porqué).
– Pues porque me distraigo mucho. En mi casa no puedo estudiar.
– ¿No puedes estudiar en tu casa? ¿Y eso?
– Pues porque hay mucho ruido, y me distraigo con facilidad….

Es ahora cuando hemos entrado en una comunicación útil en la cual, podremos analizar, o aconsejar que analice los porqué de la situación, y no tan solo un número, o una consecuencia a algo que ha sucedido.

No digo que no deba existir la comunicación social, la superficialidad o lo instrumental, cada cosa tendrá su utilidad, en su momento justo.

Lo que sí estoy reivindicando con esta entrada es que sepamos distinguir una cosa de otra, y que si realmente nos importa, siguiendo el presente caso, la situación de un alumno que suspende, debemos conectar mediante una comunicación emocional, y no racional, profunda y de calidad, y no tan solo superficial y cuantitativa.

Propósitos de Año Nuevo

2018 ha sido sin lugar a duda un año fantástico para la Invención del fuego puesto que ya por fin este blog de educación y tiempo libre ha cogido carrerilla tanto en constancia como en seguidores, aunque todavía nos queda mucho por crecer.

Y cada vez se va perfilando mejor el objetivo: acercar toda la ciencia del tiempo libre al ámbito de la educación, pero sin abandonar ni una ni otra, porque ambas deberían partir de la misma rama y nutrirse al compás.

Todo ello sin abandonar otras entradas que creo han sido de lo más interesante, dese recursos para el aula hasta pequeñas entradas destinadas a la formación de monitores. ¿Alguien me ayuda a proponer sugerencias de mejora? ¿Qué echáis en falta?

Cómo va a continuar esta aventura es algo que desconozco, por mucho que procure planearla. Así pues, y como propósitos para el nuevo año, he recopilado algunos consejos vistos en entradas del año anterior, tanto para docentes, como padres, como monitores y profesionales del tiempo libre y la animación sociocultural.

  1. Escuchar más. Porque lo que necesita un niño, que realmente es lo que necesitamos todos, es ser comprendido….
  2. Ser positivos. Ser constructivos. Olvidar los “siempre” y los “nunca”.
  3. Ser docentes flexibles: Lo importante está en lo que se produce, no en lo que lleves preparado.
  4. Nunca parar la formación continua.
  5. No existe mayor metodología de éxito que la de saber conectar con los demás.
  6. Reducir la producción de gurruños a nuestro alrededor: con lo que cuesta a veces respirar, ¿por qué exhalar cosas malas?
  7. Mirar más a los ojos de los demás. Cultivar la empatía. Descubrir en los demás todo un universo que desconocemos.
  8. Ante todo: coherencia. En caso de duda: jugar. Sin camino: no hay crecimiento.
  9. Seguir, pese a la tormenta. Seguir ayudando, pese a tu tormenta….
  10. Recordar siempre que el educador, como el fuego, ilumina y da calor al acercarse, pero es la persona la que tiene que prender (y aprender).