Taller sobre Gestión Grupal II

Siguiendo con la anterior entrada sobre cómo generar un ambiente propicio para la atención, continúo desarrollando las ideas principales transmitidas durante este taller, destinado tanto a docentes como a monitores de Tiempo Libre, en el cual buscábamos responder a la necesidad de que un grupo esté callado para poder desarrollar una actividad.

En el primer punto de este taller sobre gestión grupal, lanzaba una pregunta al aire: ¿Por qué quiero que alguien se calle? Como docentes o como monitores, creemos tener la necesidad de que un grupo, o la clase, esté callada, para que yo pueda desarrollar la sesión o la actividad, que previamente he programado.

El problema está en que, si ya desde mi yo más profundo, me empeño en que esto es así, voy abrir las puertas a un sin fin de frustraciones que serán las que manejen mi sesión o actividad, en lugar de hacerlo el grupo, en el cual participo.

En otra entrada de este blog de educación explicaba la importancia del valor de humildad para docentes y monitores, de como no podemos empeñarnos en realizar a toda costa la actividad que llevamos preparada. La retroalimentación debe existir. El constante análisis de realidad debe hacerse. Esto no ha de ser igual a ir dando bandazos, o de darle al participante lo que el participante quiere en ese momento. Hay que programar y tener muy claro qué necesita el participante y el grupo, y ser firmes a la hora de llevarlo a cabo. Pero si detecto que no va bien, o me estanco en mi propio empeño de algo que ya traía preparado, iremos en contra de lo programado.

No se trata de que el grupo se calle porque yo lo diga, porque va a empezar mi actividad. Cubrir esta necesidad en la gestión grupal consiste en crear un ambiente comunitario, igualitario, propicio para avanzar en los objetivos que todos buscamos, que todos necesitamos.

Realmente buscamos ese silencio, y esa atención, por dos razones fundamentales:

Por un lado para cubrir una necesidad, la tuya (como participante, como grupo clase), y la mía (como docente, monitor,….) Necesidad de ser informado, para poder aprender o para conocer las reglas de la actividad; Y necesidad de ser escuchado: necesidad que todos tenemos, y que todos debemos respetar cuando otra persona habla.

Y esto nos lleva a una segunda razón, que es por una concepción comunitaria y grupal, por una concepción de respeto. Las características propias de un grupo nos insta a dicho respeto, y sus normas nos invitan a escucharnos unos a otros, para generar ese avance que no lograríamos en solitario.

¿Qué normas son esas, que nos llevan a la actitud de respeto, o esas que definen a un grupo que se escucha? Esto es importante que no lo demos nunca por sabido, por sentado, sino que lo hablemos con el grupo, con cada grupo que tengamos. Y que sean normas que salgan de dicho grupo, que se construyan entre todos, se comprendan, y se acepten.

Os aseguro que, como si de magia se tratase (como en la anterior entrada de gestión grupal), notaréis un salto enorme entre intentar crear un ambiente de silencio y atención en un grupo clase o de participantes teniendo en mente esa idea de “necesito que se callen para poder continuar con mi actividad”, a buscar un ambiente de silencio y atención desde el planteamiento aquí presentado.

Porque no es que yo necesite silencio para ser escuchado, es que todos, dentro de un grupo, necesitamos ser escuchados, para avanzar como grupo.

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