Compartir la vida

Esta mañana esperaba bien temprano a alguien y, mientras lo hacía, en lugar de encerrarme en algo, o en un interior, aprovechaba para salir a observar unas vistas que, a veces, pasan desapercibidas en los quehaceres diarios. En este caso, hablo del mar, y del amanecer, que son dos auténticos privilegios.

Recordaba entonces que, no hace mucho, me habían recomendado mirar a lo lejos. En estos días que corren en los que vivimos metidos en una pantalla, estas nos pasan la factura. Lo digo por experiencia, y con los ojos bien tocados. El descanso de pantallas, de los que trabajamos con estas mucho tiempo, es fundamental.

Algo similar he explicado muchas veces cuando hablaba, en formación para monitores, de las tres “d” del que llamamos Tiempo libre sano: aquel que divierte, desarrolla y descansa, puesto que es el que verdaderamente te prepara para afrontar posteriormente la vuelta al trabajo.

Pues bien, mientras esperaba, contemplaba y descansaba la vista, me acordé de la importancia del estiramiento, algo muy recomendado para cada día, y varias veces en el día, y más después de haber acabado una temporada veraniega de campamento intensa.

Habrá quien piense que todo esto, a la vez, es lo más raro del mundo. Pero ni es raro, ni complejo y, sin embargo, es altamente beneficioso. Porque además de todo ello, de contemplar, descansar y estirar, pensaba, y repasaba mentalmente algunas reuniones y actividades que me tocaban organizar para la semana.

Y también, ya de paso, continuaba pensando en este blog de educación, y en esta entrada que quería compartir aquí.

¿Solo tenemos una vida? Pues no cabe otra que exprimirla al máximo. A todo, no da tiempo, eso tendrías que saberlo ya. Pero aún menos tiempo te queda si no exprimes cada segundo al máximo, o si te acomodas en la facilidad de una tarea, que siempre haces de la misma forma, sin explorar las múltiples posibilidades que un solo minuto te puede ofrece.

Y no hay que estar loco para poder hacerlo todo (aunque a veces, puede ayudar).

Y de todas las acciones anteriores, la más importante sin embargo, era esperar. Esperar el encuentro.

Porque si, como decía, vivimos más cuanto más aprovechamos cada día, también existe otro secreto para vivir más de una vida: compartiendo la tuya con los demás.

Los que tenemos la enorme suerte de trabajar con personas lo tenemos más que claro. El aporte recíproco que nos damos los seres humanos ensancha exponencialmente nuestra existencia.

Cuando compartes tu vida con otras personas, hay momentos en los que vives la tuya, y la de los otros, y creces, pero a lo ancho. No cumples años sino que los años, se te desbordan de vida….

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