Juego: La cámara del tesoro

Hoy en la sección Desde el Cubil de la Invención del fuego, en la que os presento actividades y recursos de creación propia en su mayoría para el tiempo libre y la acción docente, os presento un gran juego de orientación y pruebas para grandes grupos.

No olvides visitar otras dinámicas y actividades para grandes grupos en este blog de educación, o preguntar cualquier duda sobre esta actividad completa que aquí os describo:

La cámara del tesoro
Juego de orientación y pistas

Tipo: Juego grande, de pruebas y orientación.

Objetivo: Estimular el desarrollo intelectual, la concentración en un objetivo y la cooperación en equipo.

Objetivo ambientado: Gana el equipo que consiga la clave de su puerta, tras la cual está su premio.

Duración: Dependerá de la dificultad de las pruebas, y lo separadas y escondidas que estas estén. Para un término medio, el juego debería dar para tres cuartos de hora.

Preparación: Dividimos a los participantes por equipos. A cada grupo le corresponderá un orden para realizar las pruebas. Este orden dará como resultado una cifra en concreta, que se corresponderá con la clave para abrir la cámara del tesoro de ese equipo.

Se establecen doce puntos en los que estarán las distintas pruebas, descritas en una cartulina. Cada prueba dará como resultado un número, para todos el mismo. Habrá tantos tesoros, o cámaras del tesoro, como equipos, y en estos se colocará el premio del grupo, o un texto ambientado anunciando la victoria. En cada puerta o tesoro colocaremos el cartel con la combinación de números ganadora.

Añadiremos algunos tesoros más, además de uno por equipo, que serán falsos.

Se explican las reglas, se comunica cuándo empieza y cuándo y dónde acaba la actividad, y se da comienzo al juego.

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Ser padres

Ser padres no es sencillo. Las personas somos todo un universo en nuestro interior, y eso hace que seamos complejos e imprevisibles. Estar al cuidado de una personita hace, de entrada, que nos veamos limitados: hay ciertas cosas que ya no puedes hacer, y otras que tienes que hacer forzosamente.

Cuidar significa eso: estar ahí para el otro. Pero la cosa es más compleja aún, porque ese concepto de “estar ahí para el otro” puede ser interpretado de distintas formas, y desarrollarse desde múltiples enfoques y métodos.

Nuestra misma naturaleza y, a través de la experiencia, permite que encontremos la manera de estar ahí para nuestro hijo o hija, que sepamos cuidarles, y que encontremos cómo resolver esos momentos delicados que se nos presentan.

Ahí es donde nace la cátedra de los padres, quienes son los que mejor comprenden a sus hijos, o así debería ser, puesto que son los que más tiempo pasan con ellos, o así debería ser.

Ahora bien, como padres, tenemos que tener una cosa muy clara: el niño, la niña, no va a ser siempre el mismo, la misma, de igual forma que nosotros no somos todo el rato la misma persona, ni somos el que fuimos hace unos años, ni somos lo que seremos dentro de unos meses.

La naturaleza del ser humano fluye, dentro del mismo concepto de crecimiento, algo que en las edades tempranas, es más notorio. Cada experiencia dentro de nuestro entorno nos puede hacer cambiar. Pero es que además, eh aquí un secreto: nuestra dimensión social nos hace ser un “yo” diferente dentro de cada grupo social.

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Características del Animador sociocultural

Os comparto hoy las doce características descritas por Sáez Carreras (1997, p. 151.) para un animador sociocultural.

Estas características para el tiempo libre y la educación describen muy bien alguna de las herramientas y virtudes a desarrollar por parte de todo aquel que trabaja con personas, ya sean monitores de tiempo libre, animadores socioculturales o docentes.

Y creo que son especialmente interesantes de estudiar, y por ello he compartido siempre y comparto ahora en este blog de educación y tiempo libre, porque aglutinan muchos aspectos importantes de la gestión grupal y la pedagogía, y porque cada rasgo conlleva una carga de profundidad que merece la pena reflexionar.

Sáez Carreras parte de la reflexión sobre cómo ha de ser un animador sociocultural, y nos expone las siguiente doce características:

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Debería ser una persona dinámica y dinamizadora, motivada y motivadora, entusiasta y comprometida con su trabajo.

Abierta a las relaciones interpersonales y sociales, con tacto y respeto hacia los demás. Con capacidad de diálogo y comunicación. Acoge, sin reparos, a cualquier colectivo social que quiera integrarse en los programas.

Tiene confianza en la capacidad de los grupos para trabajar progresando y está convencido de la importancia del autodesarrollo personal a través de la dinámica grupal.

Está preparado para aprender constantemente. Es investigador activo y permanente de su praxis.

Está directamente implicado en el entorno y trabaja en él desde dentro. Está abierto al desarrollo comunitario integrado y cultiva la interdisciplinariedad al servicio de proyectos comunes.

Es un militante con el objetivo puesto en la transformación de la sociedad, en el cambio social.

Tiene equilibrio y madurez psíquica, flexibilidad mental y emocional para analizar los posibles conflictos grupales. Es abierto, tolerante, y tiene una gran disponibilidad para escuchar y atender a los demás.

Tiene capacidad de análisis y ejerce la crítica con espíritu constructivo.

Es optimista y se resiste al desaliento.

Tiene sentido del proceso. Sabe que toda actividad está enmarcada dentro de un proceso.

Utiliza el sentido del humor, sin caer en la chabacanería, para aliviar tensiones y romper hielos. Jamás ridiculiza a nadie.

A pesar de todo, no es ni un superhombre ni una supermujer. Tiene defectos y fallos y los asume con actitud autocrítica. Sabe, también, cuando su labor ha terminado y debe dejar paso a la comunidad.
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Sáez Carreras, J. (1997). Tercera Edad y Animación Sociocultural. Madrid: Dykinson.

El sueño no es acumulativo

Hoy en Manual Mamut, sección de este blog de educación dedicada a la ciencia y el ámbito profesional del Tiempo libre y la Animación sociocultural, presento una comprobación empírica: el sueño no es acumulativo.

Como no es un blog de ciencias ni medicina, no vamos a analizar esta teoría, para ver si es cierta o no. Tan solo quería transmitirla como curiosidad, y demostrar que es cierta o, más bien, que es útil saberlo durante el desempeño profesional en el tiempo libre.

La teoría en cuestión nos habla de que el sueño no se acumula, es decir: si tú duermes varios días seguidos tres horas y entonces, un día, duermes ocho horas, al día siguiente no puedes decir que estás con mucho sueño porque en días anteriores dormiste menos, y las ocho horas de esa noche no han completado la carencia anterior.

O en otras palabras: uno actúa de día con la carencia de sueño de esa noche, como si el contador se pusiera a cero cada vez que nos vamos a dormir. (¿Como? ¡Y qué pasa entonces con la siesta!)

He de decir que, aún pudiendo ser esto cierto, quizás no tenga en cuenta el cansancio muscular: aunque recuperes durmiendo una noche ocho horas, en otros aspectos puede que al día siguiente te veas muy cansado.

¿Y todo esto a qué viene? Pues a ampliar un consejo fundamental para monitores, en el desempeño de actividades de tiempo libre como pueda ser un campamento, que ya destacaba en otras entradas anteriores de este blog de educación.

No hay nada más reconfortante para un monitor de tiempo libre que dormir, a mitad de un campamento, ocho horas.

A veces no descansamos porque pensamos que no hay horas suficientes para recuperar el cansancio de días anteriores. En campamentos donde el sueño ha sido escaso los primeros días puede pasar. Pero dosificar los esfuerzos de los monitores es vital, como decía en la entrada enlazada.

Pero yo he comprobado esta teoría que hoy os traigo, por lo que mi recomendación es esa: buscar siempre dosificar los esfuerzos dentro del equipo de monitores, para que ciertos días cada uno pueda poner su contador a cero, y dormir lo que necesite para funcionar mejor (y profesionalmente: recordemos que los monitores de campamento tenemos una gran responsabilidad entre las manos).

Claro que también habrá quien me diga que en un campamento, no se duerme. Los que asintáis con esa afirmación, os voy a contar un secreto: no es verdad que en un campamento no se pueda dormir, ni monitores ni participantes.

En un campamento no solo se puede dormir perfectamente sino que además, desde el punto de vista profesional, se debe garantizar el sueño y el descanso de participantes y de monitores, sin importar el tipo de campamento, edad, actividades,….

¿Cómo se hace eso? Te invito a que recorras algunas entradas sobre campamentos aquí en la Invención del fuego.

Porque en lo que llamamos tiempo libre profesional, hay una máxima vital aplicable a cualquier otra profesión: las necesidades se convierten en objetivos, y los objetivos se cumplen, y se evalúan. Porque no siendo así, estos no son objetivos, y sin objetivos, no cubrimos las necesidades.