Yo perdono, pero no olvido

La RAE define la palabra rencor como “resentimiento arraigado y tenaz”, algo que se puede extrapolar, dentro del ámbito de la inteligencia emocional, a una emoción que, al no haber sido resuelta, al no haberle dado respuesta, esta no ha cambiado y permanece en el tiempo.

Sin embargo nuestra creencia popular ha traducido el rencor como algo negativo, sí o sí: si tienes rencor, eres malo, porque hay que saber perdonar. Surgiendo el disfemismo “rencoroso”.

“Llamo rencoroso a aquel que no me perdona, como atajo rápido para zanjar un conflicto interpersonal que, en realidad, debería resolverse mediante un acercamiento, mediante una comprensión”.

Este adjetivo, rencoroso o rencorosa, es un disfemismo porque sentencia a la persona así calificada de algo que no debe hacer (porque yo, oyente, no quiero), pese a que lo necesite.

– ¡No debes ser rencoroso, no tienes por qué sentir rencor! – Y, sin embargo, si la emoción no se ha resuelto, hay que expresarlo, porque hasta que no se etiquete, hasta que no encontremos qué nos está pidiendo, qué necesidad nos marca, esta emoción no cambiará, seguirá ahí.

(Y si una emoción permanece, es casi imposible olvidarlo, sacarlo e la cabeza. Qué digo de la cabeza: de todo el cuerpo….)

Profundizando en este tema sale a la luz el significado de otras expresiones, como la típica “yo perdono, pero no olvido“. ¿Es esta expresión correcta, en el ámbito de la inteligencia interpersonal?

Bueno, para empezar, según se formule puede doler o no, tanto a la otra persona como a uno mismo. Pero creo que sí incluye esta expresión el inicio de algo que puede ser sano para una relación interpersonal.

Perdonar, hay que perdonar siempre, como “primer paso dado de acercamiento” en cualquier acción de tejido interpersonal….

Pero no podemos realizar un acercamiento puramente pasivo, dejándonos a merced de las necesidades del otro, ocultando las propias.

Esto no es una relación interpersonal sana, es decir: la que es beneficiosa para ambos.

Otro ejemplo, que también es un dicho popular, es cuando se dice que hay que ser enormemente bueno, pero no enormemente tonto.

Esto tiene su lógica, y es que en las relaciones interpersonales debemos trabajar la asertividad y, así como no debemos exigir constantemente, tampoco podemos ceder todo el tiempo.

Está bien dejarse hacer, con confianza, con asertividad, pero no dejarse aplastar, no dejarse atropellar.

Ser rencoroso, en su acepción popular de guardar algo negativo que nos han hecho, sin soltarlo, o buscando una venganza posterior, es claramente algo que debemos evitar.

Pero el rencor entendido como resentimiento, como emoción arraigada que no cambia, es algo que debemos trabajar, y darle salida.

Comunicar una emoción que sentimos, que nos provoca este resentimiento, es esencial e imprescindible. Forma parte de un estado sano personal, y de un intercambio social mutuamente beneficioso.

Primeramente porque solo con verbalizar la emoción ya logramos mucho: la etiquetamos, y descubrimos qué es lo que nos está molestando internamente, lo que nos hace sentir mal.

Pero además estamos poniendo las emociones sobre la mesa, es decir: estamos manifestando nuestras necesidades, las cuales deberá la otra persona con empatía y asertividad, analizar y dar respuesta.

Pero dicha respuesta no debe conllevar ignorar, cortar o prohibir que la emoción se manifieste.

Es importante resaltar que la emoción, no la ha elegido la persona, y no va a desaparecer hasta no ser comprendida, por mucho que quieras intentar enseñarle a no ser rencoroso o rencorosa.

Debemos permitir por tanto que las personas se expresen con libertad, sea la emoción que sea, y sea de cuando quiera ser, aunque hayan pasado mil años (piensa que es posible que antes de ese momento, nadie estaba escuchando. Pero escuchando de verdad, que no es lo mismo….)

Y comprender, que no compartir….

Puedo compartir (estar de acuerdo, aceptar), o puedo no compartir lo que alguien me está diciendo o pidiendo. Pero eso no quita que le comprenda y, más importante aún, que la persona perciba que le he comprendido.

Esta es la receta mágica contra el rencor: la comprensión.

Porque una vez que la otra persona se siente comprendida, la emoción cambia. Puede ser que aparezca otra, sobre todo cuando no aceptamos, pero hemos comprendido.

Pero eso será ya en un segundo paso de esta danza de la buena relación interpersonal….

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