la educación ha de generar emoción

Cuando vemos una película en el cine la atención está sostenida a un punto fijo sobre el cual se nos genera una sensación de movimiento.

La atención se sostiene voluntariamente y el secreto de esta voluntariedad radica no solo en el contenido sino en la forma en la cual dicho contenido se nos presenta.

Estos dos elementos que acabo de explicar pueden dar como resultado muchas variables diferentes:

Un contenido magnífico presentado fantásticamente dará como resultado una película a la que todo el mundo prestará su máxima atención y, más aún, recordaremos durante mucho tiempo. Pero además, el mensaje nos llegará, y será asimilado.

Cuando hablo de mensaje hago referencia al proceso comunicativo, por lo que no estoy más que generalizando un concepto que, en realidad, conlleva muchísima más profundidad, y lo mismo sucede con la palabra “contenido”.

En un solo mensaje pueden existir múltiples textos y subtextos, comenzando por la intención comunicativa y terminando por las múltiples interpretaciones.

El proceso comunicativo, por su concepto de retroalimentación, conlleva un proceso social.

Y así mismo sucede con el concepto de educación, pues el proceso de enseñanza – aprendizaje conlleva inherentemente una interacción social.

Emisor (aspecto social), contenido (mensaje) y forma (metodología) son por lo tanto tres elementos a cuidar en el proceso educativo, pues podemos encontrarnos con un contenido pésimo y mal transmitido que no generará nada más que una pérdida de tiempo, pero también un buen contenido (por su importancia, relevancia e interés) que no se transmita correctamente y que, por lo tanto, no llegue a calar en aquellos que lo reciben.

O justo lo contrario, un contenido pobre pero que llegue a calar enormemente al ser transmitido mediante una mecánica extraordinaria.

Con todo esto me gustaría dejar claro no precisamente el hecho de que haya que hacer una u otra cosa, sino la importancia de saber reconocer estos elementos a la hora de estructurar cualquier proceso de enseñanza – aprendizaje.

Pero considero personalmente que faltaría un cuarto elemento que también copa la atención de todo aquel inmerso en el proceso de enseñanza – aprendizaje, incluso cuando no se es consciente de ello.

El cine como arte, y en su concepción de espectáculo que mueve al deleite, a la contemplación y al ánimo, genera sentimientos y emociones (Real Academia Española, 2018).

Es por ello que la educación no ha de ser una mera transmisión de contenidos, sino un punto de encuentro entre los miembros de un grupo social que crece a partir de un mensaje transmitido en una doble dirección, con un mensaje ya sea conceptual, procedimental o actitudinal, pero que ha de ser relevante, interesante, motivador y motivante, abierto y flexible, de espíritu crítico y democrático, y significativo.

Y por ello y para ello, es generado con una metodología activa, participativa, sorprendente, reveladora, y grupal, que llama la atención por sí misma e incita el interés, y que genera el deleite, el ánimo y la dimensión emocional.

Es así como el concepto de educación cierra su círculo en su dimensión conceptual, psicológica, individual, social y emocional.

Buscando que el discente crezca y, al mismo tiempo, dejando crecer (dos conceptos que no significan lo mismo).

Formando, que no deformando. Avanzando en grupo, y no empujando para que el grupo avance. A través de los diferentes aspectos de la persona, y de la persona en el grupo.

La educación ha de generar emoción….

Es la dimensión emocional, en conjunto con las otras mencionadas, las que nos marcarán en qué incidir, y en qué ritmo crecer.

Y es aquí donde debemos orientar la atención tanto del docente como de los alumnos y alumnas, y no tanto en los aspectos puramente conceptuales porque, en el fondo, y en palabras de Bona (2015), no importa tanto todo lo que sepas, los contenidos que hayas memorizado o los logros académicos que alcances, si eres incapaz de respetar a los que te rodean, o de saber cómo reaccionar ante los estímulos de la sociedad que nos rodea, o descubrir cómo alcanzar tu propia felicidad. 

  • Bona, C. (2015). La nueva educación. Barcelona: Plaza & Janes
  • Real Academia Española. (2018). Diccionario de la lengua española (23.3a ed.)

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