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Educación y pedagogía, teorías, estilos, autores,…. descubrimiento de esta ciencia. Opinión crítica desde un punto de vista pragmático. Descubrimiento desde los inicios de teorías y autores de la educación y la pedagogía.

la educación ha de generar emoción

Cuando vemos una película en el cine la atención está sostenida a un punto fijo sobre el cual se nos genera una sensación de movimiento.

La atención se sostiene voluntariamente y el secreto de esta voluntariedad radica no solo en el contenido sino en la forma en la cual dicho contenido se nos presenta.

Estos dos elementos que acabo de explicar pueden dar como resultado muchas variables diferentes:

Un contenido magnífico presentado fantásticamente dará como resultado una película a la que todo el mundo prestará su máxima atención y, más aún, recordaremos durante mucho tiempo. Pero además, el mensaje nos llegará, y será asimilado.

Cuando hablo de mensaje hago referencia al proceso comunicativo, por lo que no estoy más que generalizando un concepto que, en realidad, conlleva muchísima más profundidad, y lo mismo sucede con la palabra “contenido”.

En un solo mensaje pueden existir múltiples textos y subtextos, comenzando por la intención comunicativa y terminando por las múltiples interpretaciones.

El proceso comunicativo, por su concepto de retroalimentación, conlleva un proceso social.

Y así mismo sucede con el concepto de educación, pues el proceso de enseñanza – aprendizaje conlleva inherentemente una interacción social.

Emisor (aspecto social), contenido (mensaje) y forma (metodología) son por lo tanto tres elementos a cuidar en el proceso educativo, pues podemos encontrarnos con un contenido pésimo y mal transmitido que no generará nada más que una pérdida de tiempo, pero también un buen contenido (por su importancia, relevancia e interés) que no se transmita correctamente y que, por lo tanto, no llegue a calar en aquellos que lo reciben.

O justo lo contrario, un contenido pobre pero que llegue a calar enormemente al ser transmitido mediante una mecánica extraordinaria.

Con todo esto me gustaría dejar claro no precisamente el hecho de que haya que hacer una u otra cosa, sino la importancia de saber reconocer estos elementos a la hora de estructurar cualquier proceso de enseñanza – aprendizaje.

Pero considero personalmente que faltaría un cuarto elemento que también copa la atención de todo aquel inmerso en el proceso de enseñanza – aprendizaje, incluso cuando no se es consciente de ello.

El cine como arte, y en su concepción de espectáculo que mueve al deleite, a la contemplación y al ánimo, genera sentimientos y emociones (Real Academia Española, 2018).

Es por ello que la educación no ha de ser una mera transmisión de contenidos, sino un punto de encuentro entre los miembros de un grupo social que crece a partir de un mensaje transmitido en una doble dirección, con un mensaje ya sea conceptual, procedimental o actitudinal, pero que ha de ser relevante, interesante, motivador y motivante, abierto y flexible, de espíritu crítico y democrático, y significativo.

Y por ello y para ello, es generado con una metodología activa, participativa, sorprendente, reveladora, y grupal, que llama la atención por sí misma e incita el interés, y que genera el deleite, el ánimo y la dimensión emocional.

Es así como el concepto de educación cierra su círculo en su dimensión conceptual, psicológica, individual, social y emocional.

Buscando que el discente crezca y, al mismo tiempo, dejando crecer (dos conceptos que no significan lo mismo).

Formando, que no deformando. Avanzando en grupo, y no empujando para que el grupo avance. A través de los diferentes aspectos de la persona, y de la persona en el grupo.

La educación ha de generar emoción….

Es la dimensión emocional, en conjunto con las otras mencionadas, las que nos marcarán en qué incidir, y en qué ritmo crecer.

Y es aquí donde debemos orientar la atención tanto del docente como de los alumnos y alumnas, y no tanto en los aspectos puramente conceptuales porque, en el fondo, y en palabras de Bona (2015), no importa tanto todo lo que sepas, los contenidos que hayas memorizado o los logros académicos que alcances, si eres incapaz de respetar a los que te rodean, o de saber cómo reaccionar ante los estímulos de la sociedad que nos rodea, o descubrir cómo alcanzar tu propia felicidad. 

  • Bona, C. (2015). La nueva educación. Barcelona: Plaza & Janes
  • Real Academia Española. (2018). Diccionario de la lengua española (23.3a ed.)

Dinámica para compartir con la clase

Como alumnos, y como docentes dentro del grupo clase, vivimos los días uno detrás de otro y a veces, no paramos a descubrir la profundidad de quienes nos acompañan.

Es una pena que las prisas, las falsas urgencias, el tiempo, las programaciones…. nos coman terreno en clase a un aspecto esencial como es prestar atención a la humanidad del grupo, pues la educación es sin duda un acto humano y grupal.

Es por ello que toda oportunidad de prestar atención a los demás y de dedicar tiempo al grupo y a cada uno de sus miembros, sea un regalazo para una clase.

Mientras que por otro lado, es un peligro educativo que un aula, una clase, un colegio, donde pasamos gran parte de nuestra vida en crecimiento, se convierta en un espacio vacío, ausente de interacciones y vínculos, casi como si fuesen aquellos espacios donde vivimos ajenos y anónimos a los que Marc Augé denominó “no-lugares”.

No podemos permitir que una clase, que debería ser un grupo unido mediante vínculos sólidos, se convierta en un no-lugar en el cual tan solo transitamos.

Por otro lado, y continuando con la justificación de la dinámica que hoy os traigo, no siempre tenemos la oportunidad de hablar, de expresar nuestro yo interior.

Todos tenemos algo que contar, mucho que transmitir, y la necesidad imperiosa de ser escuchados, para poder ser comprendidos: esencia del vínculo social.

La escucha activa es vital, hasta el punto de que debería ser asignatura obligatoria en Primaria y la ESO.

Y no solo desarrollar la escucha es esencial para con el otro, sino también para con uno mismo.

“La importancia de escuchar, de oír con respeto y sensibilidad. No solo a los otros, sino a uno mismo, pues muchas veces reprimimos nuestro yo auténtico por miedo al rechazo. Al escuchar lo que hay en nuestro interior, descubriremos cosas inesperadas”.

Carl Rogers, en Narbona (2021).

Esta dinámica de grupo busca como objetivo darle a la persona la oportunidad de expresar, de exteriorizar parte de su ser, mientras que los demás en la clase practicarán la escucha activa, conociéndonos mejor entre todos.

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Dinámicas de grupo para la educación

Las dinámicas de grupo son posiblemente una de las mejores herramientas para el Tiempo Libre, la Animación Sociocultural y la Educación no formal.

Su potencial educativo y social nos permite alcanzar una gran cantidad de objetivos, con una profundidad bastante deseable en estos ámbitos.

Es por ello que las dinámicas como recurso, o el traslado de la dinámica de grupo al aula, a la educación formal, sea algo tan necesario.

Si la ciencia de la pedagogía del Tiempo Libre existiese con la misma autoridad que pueda tener la pedagogía de la educación formal, quizás esta, la educación formal, podría estar beneficiándose enormemente de los avances y descubrimientos y de una gran cantidad de actividades que desde hace mucho tiempo se viene utilizando en actividades de Tiempo Libre como son las dinámicas de grupo.

Dinámicas que no son ajenas a la educación, pues de forma consciente o inconscientes (algunas pueden ser muy sutiles) los docentes han utilizado dinámicas de grupo en sus clases desde posiblemente siempre, de la misma forma que el Tiempo Libre (no como ciencia) existe desde que el mundo es mundo.

Pero no están tan arraigadas, o no son consideradas herramientas esenciales para el aula, o al menos no tanto como lo son para la educación no formal, pese al potencial educativo de las dinámicas de grupo.

Desde que empieza a explotar este área de la educación no formal se comienzan a utilizar una gran cantidad de dinámicas que posteriormente, o paulatinamente, se aplicarían también en algunas áreas de la educación formal, muchas veces en asignaturas como Educación Física, pues la evolución de esta materia ha bebido mucho del Tiempo Libre, o que también aparecerían mucho en lo que posteriormente surgió como actividades de coaching, charlas y team building.

Sin embargo son actividades que el Tiempo Libre utiliza desde que existe como recurso fundamental para llegar a objetivos que se plantean dentro del grupo, para dinamizar al mismo o para descubrir en el mismo virtudes que son necesarias.

Aún así, cabe recordar que no es algo que surja en este ámbito sino que tienen su origen en los años 50 con la sociología experimental y que por lo tanto, una de las definiciones de las dinámicas es que siempre tienen un componente de tipo social.

Así como los juegos pueden buscar otro tipo de objetivos o de ámbitos, las dinámicas de grupo buscan siempre una reflexión social del individuo, del individuo dentro del grupo, o del grupo.

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Una cuestión de educación

La educación procura un aporte tan global que, al fin y al cabo, hablemos de lo que hablemos en adelante, todo podrá ser atribuido a una cuestión de educación….

Con este párrafo cerraba la entrada anterior, en un humilde homenaje a la labor docente en estos días tan convulsos de pandemia global.

Una casuística que tratamos de superar poco a poco desde diversos ámbitos al tratarse de una cuestión sanitaria, económica, logística…. pero sobre todo, aludiendo al ya mencionado párrafo, una cuestión de educación.

Aunque en realidad, no se ha visto como una cuestión de educación, pues como suele pasar, poco se ha trabajado en este ámbito.

A veces da la sensación de que la educación es un ámbito menor del que ocuparse cuando los otros aspectos de la sociedad, mucho más importantes e influyentes, estén resueltos.

En esta sociedad que da la espalda a las ciencias sociales, a las humanidades, a lo artístico, a lo espiritual, a lo psicológico…. Solo cabe lo cuantitativo (que no cualitativo), lo medible y, por tanto, el progreso, el futuro y el remedio a todos nuestros males no es la educación, eso ya vendrá luego, sino la tecnología, la ingeniería y la ciencia.

Y eso que después la palabra educación se repite constantemente en muchas bocas que protestan sobre “no hay educación” por aquí, “falta de educación por allá” pero a la hora de resolver, a la hora de prioridades, sigue quedándose como un área menor que abordar.

Sin embargo, si antes se resolviese el ámbito de la educación, mejor nos iría en el resto de terrenos.

Porque la solución a todo nuestros males parece estar llegando gracias a la ciencia, cierto, y a la logística, también.

Bendita vacuna, dicho sea de paso.

Y benditos profesionales que la han hecho posible gracias a su esfuerzo, y a todo el camino que han recorrido, aprendiendo y formándose como personas.

Con esto no digo solo que la educación sea importante para que la ciencia y la ingeniería sean más grandes.

Es que todo es una cuestión de educación y atender este área antes nos ayudaría a mejorar como sociedad.

La falta de educación nos vuelve temerarios, inconscientes, esclavos a la suerte.

Mientras que la educación nos permite afrontar las situaciones con confianza, con cabeza, con soltura, con libertad.

Realizo esta entrada siguiendo con la anterior como decía, pero también para reivindicar enormemente el papel de la educación, también en estas situaciones tan desagradables y extremas que hemos vivido.

¿Se acuerdan cuando, no hace tantos años, una gran mayoría de personas no utilizaba el cinturón de seguridad en el coche?

Recuerdo perfectamente cuando existía la creencia de que en ciudad, o en los asientos de atrás, no era estrictamente necesario. Pero entonces comenzaron una serie de campañas de concienciación que fueron poco a poco calando.

No fue algo de un día para otro pues como ya he explicado en alguna otra entrada, existen distintos niveles de comprensión.

Por eso a veces no basta con que a alguien le expliques desde lo cognitivo lo necesario e importante que es utilizar el cinturón de seguridad en todo momento, o colocarse correctamente una mascarilla y mantener siempre la distancia social.

Nos ha faltado educación, pero esto no quiere decir que hemos sido tontos, que por desgracia seguro que es lo primero que se le viene a más de uno a la cabeza.

El problema está en que, a diferencia de lo que se suele creer, educar no es informar (unilateral): es necesario conectar.

De ahí que cualquiera, en cualquier momento, podamos fallar, hasta que algo nos cala y lo interiorizamos porque incluso después de eso, todavía podemos equivocarnos, pues errar es humano.

Pero adviértase en estas palabras la gran importancia de que toda una sociedad logre, más que ser informada o conocer a nivel cognitivo, interiorizar realmente o conectar con algo que es tan vital e importante para nuestro futuro, para nuestro progreso conjunto.

Y esta meta esencial, que considero vital para una situación como la que hemos vivido y estamos viviendo, es sin duda una cuestión de educación.

La educación requiere tiempo, dedicación, mimo, respeto, atención. No es un término menor, es posiblemente una de las áreas fundamentales que atender de primera mano para reducir problemas, para afrontar como decía más arriba “todos nuestros males”.

Pero claro, si dejamos de lado el aspecto social, humano, educativo, esperando resolver de manera cuantitativa, finalmente resolvemos, pero no mejoramos, no aprendemos, no crecemos.

Y si no aprendemos nada de esta situación, con lo que hemos vivido, ahí sí que estamos perdidos.

No sé si estoy a tiempo de pedir un deseo de año nuevo pero, pediría desde este pequeño fuego en forma de blog que se preste más atención a la educación, más recursos, más miradas, más reflexiones: Que se le dé más importancia.

Y que descubramos la importancia de aprender a prender….

Cómo trabajar con la diferencia

A veces esta pregunta surge en ciertos ámbitos profesionales educativos o del Tiempo Libre. ¿Cómo trabajar con la diferencia? Es decir: con el que es diferente.

Muchas veces la pregunta más repetida que me hacen en charlas y clases o talleres para monitores de tiempo libre es cómo trabajar con aquellos o aquellas que son diferentes, que se portan peor o que, me dicen a veces, tienen un comportamiento fuera de lo normal.

¿Cómo trabajar con la diferencia? Es importantísimo comenzar con un cambio de perspectiva porque, en realidad, ya estás trabajando con la diferencia.

El hecho de que haya participantes (o alumnado) que se ajusten más a lo que estás proponiendo (actividades, dinámica, normas, ritmo….) no quiere decir que haya unos participantes que puedan ser considerados “normales”, y otros que no.

Tan solo se ajustan más o mejor a lo que estás proponiendo y sin embargo, si cambiases la propuesta, seguramente serían otros los que se adaptarían mejor a lo que propones.

La medida de lo normal es potencialmente subjetiva y se ajusta a lo que un individuo ya conoce, y es normal tan solo porque se da, pero en contraposición lo que desconoce también es y existe, por lo que este juicio a su vez denota desconocimiento por parte del hablante.

Es por ello que toda diferencia aporta variedad, conocimiento y enriquecimiento, y que el punto de partida no puede ser nunca subjetivo, tratando de que la persona que desde mi percepción individual no es normal, sea normal (cuando esto en realidad no supone ser normal, sino ajustarse más a mi forma de ser o plantear las interacciones o actividades).

Ha de existir en el encuentro interpersonal  un acuerdo más que una posición de dominancia.

Pero cuidado que esta comprensión de la aceptación de la diversidad no nos puede llevar tampoco a lo contrario, aceptando cualquier realidad incluso una que vaya en contra de la libertad individual mía personal o de cualquier otro miembro del grupo.

En otras palabras: Hay que desterrar el “no es normal que menganito o menganita no pare de molestar en clase”, porque para él o ella puede que sí sea una realidad justificada, pero eso no quita que dicha situación haya que trabajarla o afrontarla de alguna manera.

Y para ello, unas claves a continuación:

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Historia de una vaca

Sucedía que mi sobrino jugaba con una vaca pequeña de juguete. Entonces un día la cogí, y la coloqué en un lugar visible de la habitación.

La vaca, pese a estar a simple vista, estaba escondida por una sencilla razón: no estaba donde debía estar, sino en otro lugar, en una posición inverosímil para quien juega con una vaca en el suelo, la guarda, y vuelve a jugar.

¿Dónde está la vaca? Pregunto. Y el juego da comienzo.

Un juego que, en realidad, tiene tintes de dinámica pues plantea un reto mayor que el hallazgo del juguete: el auto descubrimiento de las capacidades personales que son, en este caso, las de observación y perseverancia.

Esta acción en realidad no es la primera vez que la hago. De hecho, soy muy aficionado a provocar conflictos cognitivos en interacción durante mi desempeño profesional en infancia y juventud.

Desde lo más sutil y sencillo como cambiar un juguete de sitio, o  preguntarle a un niño “cómo te llamas” mientras le has nombrado por su nombre; hasta acciones más complejas que, a fin de cuentas, buscan ofrecer estímulos y, por tanto, la oportunidad de averiguar cómo resolverlos.

Además, en este blog de Educación y Tiempo Libre ya he compartido algunas entradas en torno a la importancia de expandir lo rutinario, de no conformarse con lo cuantitativo, de generar conflicto cognitivo.

Aunque a veces pueda quedar como una broma aislada, que como mucho pueda despertar una sonrisa, en realidad no es la idea, ni mucho menos. 

Más allá de una broma (que conlleva el peligroso riesgo de que solo se ría uno de los dos en interacción), presentar estímulos diferentes, novedosos, busca la distensión o romper el hielo, un objetivo fundamental en educación cuando entras por primera vez en un grupo.

Y unida a la distensión, otra ventaja es la creación de vínculo, esencial antes de cualquier otra acción educativa.

Pero los beneficios que provocan el conflicto cognitivo van mucho más allá puesto que son, a mi juicio, una de las esencias fundamentales del proceso educativo.

Cuando algo deja de provocarnos conflicto cognitivo nos estancamos, dejamos de aprender de esto, o deja de interesarnos, o nos acomodamos a dar una misma respuesta a este mismo estímulo repetitivo.

Todo ello debe estar enmarcado dentro de las características de la actividades, pues por muy simple que sea esconder una vaca, en realidad no hablamos solo de coger y mover y se acabó, sino que existe un proceso lógico, aunque exprés, de inicio, desarrollo y evaluación o final.

Es entonces que el juego que ofrece un simple juguete, como pueda ser una vaca, se expande en nuevas posibilidades; adquiere nuevas dimensiones; crece.

Y al final, lo que parece una acción aislada y sin fundamento, se convierte en un juego seguido por todos: ya no soy yo el único que esconde a la vaca….

Incluso el niño juega a ver si el adulto es capaz de encontrar la vaca donde él ha decidido que puede ser un escondite acertado, dentro de las dinámicas de este juego inédito que, a la par, aporta un aprendizaje esencial.

con educación, para la educación

Es posible que también les haya pasado que, en una conversación en torno a la profesión más necesaria para la sociedad, nadie haya mencionado la de maestro.

Debe quedar claro que, en realidad, ninguna profesión es imprescindible en una sociedad.

Pero si de mojarse se trata y hubiera que elegir una, los maestros no suelen quedar bien parados.

Quizás esta devaluación de la profesión se deba al haberse topado con algún mal maestro. Pero tener fe en la educación, debe ir más allá de la confianza en una sola persona que se te cruce.

También he escuchado por ahí que hay quien con tan solo procrear, ya se siente en posesión de una indiscutible cátedra en pedagogía, y es capaz de debatir en torno a conceptos educativos, utilizando el vocabulario de un artículo encontrado en Google. Esto ciertamente puede devaluar el concepto de la docencia como profesión.

Pero yo personalmente pienso que, en realidad, en esta devaluación del arte y ciencia de la pedagogía, influye mucho más este mundo actual extra cuantitativo:

Un mundo que pierde valores en pos de un “esto sí, esto no” sin sustancia, que prefiere cantidad a calidad, que apuesta ciegamente por la ciencia y los avances y, en consecuencia, ve con mejores ojos profesiones en esta sintonía como las de la rama de medicina o ingeniería.

En la misma línea, dentro del ámbito de la educación pasa lo mismo, tirando piedras sobre el tejado de las ciencias humanas, ganando las otras ciencias, la de los números, espacio en el currículo educativo:

  • La literatura se esconde dentro de una Lengua, que a veces se imparte matemáticamente con análisis sintácticos que parecen sudokus, o memorísticamente con los tiempos verbales y otros data de la lengua.
  • Mientras tanto, apenas queda espacio para la poesía, tan necesaria dentro del concepto “crecimiento íntegro“, y el plan lector muchas veces parece más un programa de puntos, o un concurso para ver quién lee más libros.
  • Plástica y Música parecen meras imposiciones, junto a Educación Física, muchas veces para justificar que al menos, hacen un poco de cada cosa.

Y sin embargo estas tres asignaturas anteriores son esenciales, y deberían tener un peso más relevante.

El analfabetismo básico hasta hace un tiempo se centraba en que el niño supiera leer, escribir y operar con números.

Pero hoy día no podemos olvidar que en una era donde accedemos a estas competencias de manera más fácil y rápida, debemos alfabetizarnos también en otras competencias, las cuales nos son mucho más exigentes, y altamente imprescindibles.

¿O acaso alguien aprendió en el colegio a leer imágenes?
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Yo perdono, pero no olvido

La RAE define la palabra rencor como “resentimiento arraigado y tenaz”, algo que se puede extrapolar, dentro del ámbito de la inteligencia emocional, a una emoción que, al no haber sido resuelta, al no haberle dado respuesta, esta no ha cambiado y permanece en el tiempo.

Sin embargo nuestra creencia popular ha traducido el rencor como algo negativo, sí o sí: si tienes rencor, eres malo, porque hay que saber perdonar. Surgiendo el disfemismo “rencoroso”.

“Llamo rencoroso a aquel que no me perdona, como atajo rápido para zanjar un conflicto interpersonal que, en realidad, debería resolverse mediante un acercamiento, mediante una comprensión”.

Este adjetivo, rencoroso o rencorosa, es un disfemismo porque sentencia a la persona así calificada de algo que no debe hacer (porque yo, oyente, no quiero), pese a que lo necesite.

– ¡No debes ser rencoroso, no tienes por qué sentir rencor! – Y, sin embargo, si la emoción no se ha resuelto, hay que expresarlo, porque hasta que no se etiquete, hasta que no encontremos qué nos está pidiendo, qué necesidad nos marca, esta emoción no cambiará, seguirá ahí.

(Y si una emoción permanece, es casi imposible olvidarlo, sacarlo e la cabeza. Qué digo de la cabeza: de todo el cuerpo….)

Profundizando en este tema sale a la luz el significado de otras expresiones, como la típica “yo perdono, pero no olvido“. ¿Es esta expresión correcta, en el ámbito de la inteligencia interpersonal?

Bueno, para empezar, según se formule puede doler o no, tanto a la otra persona como a uno mismo. Pero creo que sí incluye esta expresión el inicio de algo que puede ser sano para una relación interpersonal.

Perdonar, hay que perdonar siempre, como “primer paso dado de acercamiento” en cualquier acción de tejido interpersonal….

Pero no podemos realizar un acercamiento puramente pasivo, dejándonos a merced de las necesidades del otro, ocultando las propias.

Esto no es una relación interpersonal sana, es decir: la que es beneficiosa para ambos.

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Nada que no sea tuyo

Siguiendo las anteriores entradas en las que hablaba de abrirse a la pedagogía como ciencia, amplío con un concepto fundamental a comprender, que resuelve muchos porqués: si cualquier cosa que leas o te cuenten, no lo haces tuyo, no lo hagas, porque no te va a funcionar igual.

No importa cuántos consejos o metodologías leas o conozcas o aprendas, ni lo bien que los hayas comprendido a nivel cognitivo. Si lo que quieres aplicar no te ha calado, no lo has hecho tuyo, y si funciona será a modo de molde idéntico o a marchas forzadas.

Oye, que también puede existir una fase de adaptación para aplicar lo que intentas aplicar, como docente, profesional del tiempo libre, padre o madre.

Pero es importante saber que cuando trabajamos con niños y niñas, con personas en general, es fundamental e inevitable que nuestra propia forma de ser forme parte esencial del proceso.

Por este motivo, todo lo que aprendas para tu labor educativa debe amoldarse en cierto sentido a tu propio yo, a tu forma de ser, en una alimentación recíproca que permitirá que lo puedas aplicar con coherencia, y con mayor efectividad.

Nuevamente el concepto de equilibrio educativo se hace presente, pues darás con la clave al aplicar una metodología al mezclar la esencia del potencial que esta ofrece, con tu forma particular e única de tu puesta en marcha: ni más de lo uno, ni más de lo otro.

Y es que por mucho que se quiera, siempre existe el prisma de lo subjetivo cuando intervenimos desde nuestro yo, claro está que sin perder la esencia de esa metodología o actividad que quieres llevar a cabo. Es por ello que sea tan importante no que memorices cómo se hace, sino que realmente lo comprendas desde tus múltiples dimensiones (cognitiva, emocional, interpersonal, moral….)

En otras palabras: una cosa es comprender y aplicar, válido para una manualidad de papiroflexia, por ejemplo, y otra muy diferente el hecho de interiorizar y transmitir, y llegar a la otra persona, como lo hace el calor y la luz del fuego por la simple cercanía.

Comprensión Cognitiva

Es curioso el fenómeno que se produce cuando un grupo de adultos en una situación comunicativa (como pueda ser una asamblea, un debate o una clase), hablen entre ellos en lugar de permanecer callados, atendiendo a la persona que tiene la palabra.

Más curioso aún cuando esos adultos son docentesmonitoresprofesionales del Tiempo Libre o cualquier otra persona encargada de gestionar a un grupo social y que, por tanto, cuando van a comunicar algo, piden silencio y que se les atienda. Y sin embargo, cuando ellos son masa, ni escuchan, ni atienden.

El primer pensamiento que a más de uno se le puede cruzar es que esto se da porque hay gente que respeta (quien lo piense puede que se coloque el primero en la lista de personas que sí se callan cuando otros hablan, o quizás el último), mientras que otros no respetan, por ser unos maleducados, y que no comprenden, a nivel cognitivo, que hay que callarse cuando los demás hablan.

Sin embargo, esto no es así. Y no es así porque no es que existan unos que se callan, y otros que no. No es así porque aunque a nivel cognitivo alguien entienda, comprenda y comparta que debe callarse, a otros niveles de comprensión, no lo han interiorizado. Esto es algo que comenzaba a explicar en la entrada sobre el primer nivel de comprensión de este blog de educación.

Yo mismo he podido comprobar esto que digo no hace mucho, cuando en un grupo de personas se debatía sobre cuál sería la mejor opción para que, durante una asamblea, se respetasen los turnos de palabra, y se escuchase a quien hablaba, evitando comentar con el compañero mientras alguien interviene. Pues bien, la conclusión fue rápida, sencilla y unánime: levantaremos la mano y, sobre todo, nadie hablará mientras habla la persona a la que se le ha dado el turno de palabra. Todos celebraban la decisión, asentían y la aceptaban. Porque todos estaban de acuerdo, a nivel cognitivo, de que aquello era lo correcto, lo comprendían y lo compartían.

La asamblea comenzó y, a la tercera intervención ya había adultos hablando con el compañero, no atendiendo a quien intervenía para todo el grupo. Lo hacían incluso los que antes habían tomado la iniciativa explicando cómo debía proceder la asamblea para ser respetuosos, para procurar el silencio, para facilitar los turnos de intervenciones.

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