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Dinámicas para la atención: ¡Manos!

Las actividades son una de las herramientas fundamentales para el desarrollo del tiempo libre, la animación sociocultural o también para la gestión grupal en otros ámbitos como el de la educación. Pueden definirse como la punta de la flecha que constituyen nuestros objetivos, puesto que son la materialización de la metodología que nos hemos planteado para llegar a cubrir las necesidades del grupo de participantes.

Pero una actividad  no solo persigue cubrir necesidades del grupo de participantes, sino también las necesidades del equipo de monitores, o del docente. Realmente, son necesidades del grupo, puesto que estas figuras han de trabajar desde dentro del grupo social, deben formar parte del grupo. Una de estas puede ser una actividad que busque como objetivo crear el silencio, para focalizar la atención sobre algo concreto, como una explicación teórica, una exposición de un compañero, o la explicación de las reglas de un juego.

Comparto en esta entrada una dinámica de grupo que persigue precisamente este objetivo de atención tan necesario en educación y en tiempo libre, que utilizo mucho y en diversos ámbitos laborales desde que la inventara en un momento de desesperación, bajo un entorno de desatención total durante un trabajo en una granja escuela: no había forma de que nadie me hiciese caso por lo que, desesperado, levanté las manos y pedí que hiciesen lo mismo. A partir de ahí, salté de la dinámica al juego para completar su función. Pero, vamos a ver la explicación al completo.

Dinámica para focalizar la atención: ¡Manos!

Antes de comenzar, recordar que ante una desatención, siempre es bueno dejar que esta fluya un poco, puesto que “la atención sostenida se transforma en oscilante”, manejamos así las olas de las atención. Además no podemos pedir la atención todo el rato, porque fisiológicamente no es posible. Ver más en la entrada de atención en este blog sobre educación y tiempo libre.

Pues cuando queramos llamar la atención, mostramos las palmas de las manos al grupo y decimos en voz alta: “¡Manos!”. Repetimos la orden para los rezagados, y mantenemos la posición hasta que todos nos imitan y muestran las palmas de sus manos. Tan sencillo como esto, puesto que al activar con una acción, la atención está sobre la misma y, tras esta, podemos bajar tranquilamente las manos, y comenzar con lo que queramos explicar.

Tras la versión express, aquí la versión completa de la dinámica. Seguimos diciendo palabras al vuelo, acompañadas de un gesto que todos deben imitar. De esta forma decimos “ojos”, y señalamos nuestros ojos. “Nariz, boca, orejas”, y nos señalamos la nariz, la boca y las orejas, y “uñas”, y mostramos el reverso de nuestras manos, es decir, “manos”, pero al revés. Con participantes más pequeños, funciona muy bien, pues algunos están aprendiendo en esa edad las partes del cuerpo: “¡Manos! ¡Ojos! ¿Dónde están tus ojos?….”

No solo es una dinámica de grupo que nos permite captar la atención, sino que además es una herramienta fundamental para un análisis de la realidad rapidísimo. Mediante esta actividad podemos ver de una sola pasada quién estaba atendiendo y quién no, o quiénes son de tu grupo si quizás te has mezclado con más participantes, o quién es más rápido y quién es más lento, quién se muestra más apático, o quién se muestra más líder,….

Por último podemos proceder a la ludificación, convirtiendo la dinámica en un juego, lo cual nos permite subir un grado más en atención e interés, en caso de necesitarlo, de la siguiente forma: Pedimos por ejemplo: “orejas”, y nos tocamos la nariz. La mayoría se tocará la nariz, pero preguntamos “¿Dónde están vuestras orejas?”. No se trata de imitar, sino de mostrar lo que hemos pedido. Así continuamos diciendo al aire alguna de las palabras comentadas, pero señalándonos otra parte del cuerpo o mostrando las manos o las uñas, jugando así a ver quién es capaz, y más rápido, de colocar lo que se pide, sin dejarse influenciar por el gesto de la persona que lo dice.

Que por cierto, pudiendo haber hecho esta dinámica de grupo a, no lo sé, digamos, mil personas, tan solo una me ha encontrado (yo no hubiera caído, creo) el truco para ganar sin problemas: cerrar los ojos.

La Ley de la Tiza Inmóvil

La ley de la tiza inmóvil viene a probar que mediante un análisis de realidad bien realizado, puedes saber casi a la perfección qué está sucediendo en un lugar y momento concretos, en interacción con un grupo de personas.

El concepto surge como dinámica visual en formación para monitores, cuando trataba de explicar la importancia de hacer que una actividad fluya, pudiendo darse con mediación indirecta, para explicar ese concepto de análisis de realidad o estudio previo de cómo es el grupo de participante (y por tanto una previa visualización de cómo van a responder a aquello que se les va a proponer), y como respuesta a preguntas tales como “¿puedo dejar a un grupo solo en una clase y ausentarse momentáneamente sin que la líen?” o “¿cómo sé que no están haciendo algo malo cuando no estoy presente?”.

Antes de explicar la dinámica visual que viene a ser la comprobación de la Ley de la tiza inmóvil, comentar dos aspectos más de cómo surgió este concepto:

Por un lado surge trabajando como coordinador de monitores en un aula de naturaleza en la cual, bajo mi experiencia de trabajo en puestos anteriores, le explico a mi equipo de monitores que es fundamental no separarse nunca del grupo. El grupo siempre tiene que ir unido de una actividad a otra, puesto que el marco de actividad es muy grande, los participantes muy pequeños, y existen demasiados elementos de distracción, algunos incluso con posibilidad de generar incidentes, que pueden descomponerte el grupo en segundos, sumado a que son muchos participantes en el mismo espacio.

Sin embargo, siendo una regla estricta en este tipo de actividades, se pude romper en determinados momentos, bajo determinadas circunstancias. Así les explicaba también a los monitores, desde mi experiencia, que en determinados momentos se puede dejar al grupo solo, atentos a una actividad, para por ejemplo coger el material que me permitiese realizar la siguiente.

Puedo dejar un grupo solo porque, aunque no esté presente, sé qué están haciendo, y qué no estaban haciendo. Algo que podemos conseguir tras un análisis de realidad y un trabajo de acercamiento al grupo, de construcción de vínculos. Esto no se logra sin haberte hecho al grupo, ni tampoco con todos los grupos, lugares o situaciones.

A la hora de elaborar un temario de formación para monitores, para una escuela de Tiempo libre en Andalucía, y de cara a explicar este concepto, proponía durante la asignatura que impartía sobre el monitor de tiempo libre, la siguiente dinámica visual.

LA LEY DE LA TIZA INMÓVIL

Cuando voy a introducirla hago una parada en la explicación, les pregunto si la conocen (siempre lo pregunto aunque siendo inventada, obviamente no la conocen), cojo una tiza (en caso de pizarra tradicional, que fue como la pensé inicialmente, aunque vale también, quizás con menos clase, con rotulador de pizarra blanca), la elevó en el aire, incluso la soplo, me acerco a alguno de los alumnos, dejo la tiza cerca en su mesa, me giro y voy hasta la pizarra, y comienzo a hablar (yéndome por las ramas al inicio para que dure más la comprobación) de espaldas. Entonces comento:

– No estoy viendo la tiza, ¿verdad? Sin embargo sé a la perfección que no se está moviendo – . Me vuelvo a girar, y lo compruebo.

Y sé que no se ha movido porque he realizado una preparación que ha creado una expectación propia para que todo el mundo esté atento a ver qué pasa y, por lo tanto, no hagan nada, tan solo miren. Y también lo sé porque he observado previamente (y de manera fugaz, como muchas veces en tiempo libre) al grupo de participantes, y he colocado la tiza junto a alguien que sé con seguridad que no va a tocarla para nada. Nunca la habría dejado junto a alguien que fuese más inquieto de la cuenta, o graciosete. Y al darme la vuelta comprobamos que efectivamente, aunque no esté atento a la tiza, esta permanece igualmente inmóvil.

Cómo cualquier dinámica visual, es un ejemplo minúsculo de lo que sucede en la realidad, pero que nos ayuda en este caso a entender un poquito mejor la importancia de realizar un buen análisis de realidad si queremos trabajar con un grupo de participantes con mayor tranquilidad, previendo todas las posibles respuestas, a todo lo propuesto al grupo.

También nos enseña la importancia de la confianza en el grupo, solo posible cuando nos hacemos a este, cuando formamos parte del mismo.

Queda claro con la Teoría de la tiza inmóvil que, sin un mínimo de conocimiento del grupo, de confianza y de afinidad con sus miembros, no podemos plantear algo, conociendo más o menos a la perfección su resultado y, por lo tanto, mucho menos podemos realizar algo con mediación directa, o pretender un grado concreto de cumplimiento de normas.

Igual que no me quedaría tranquilo realizando esta dinámica visual si me doy la vuelta habiendo dejado la tiza sin expectación previa cerca de alguien que lleva toda la clase atendiendo a la mitad, o medio distraído (la mueve seguro), tampoco realizaría mediación indirecta, o no abandonaría un grupo ni por medio segundo, sin una previa preparación como pueda ser el análisis de realidad, o hacerme al grupo mediante distensión, empatía y trabajo del tejido y la confianza.