Archivo de la etiqueta: animación infantil

Clásicos del teatro

En una de las últimas actividades de Tiempo Libre en la cual participaba, decidimos tener como actividad una velada de actuaciones.

Aunque era una actividad ya programada, no pudimos prepararla a lo grande, como a un buen amante de la dramaturgia le gustaría.

Pero en Tiempo Libre, como bien sabréis los que os dedicáis a esta ciencia (o arte), la improvisación es una virtud que cotiza al alza, pues en todo momento se están renovando las actividades.

Y, aunque programada, la velada iba a tener sí o sí un alto porcentaje de actuaciones improvisadas.

¿Un problema? En absoluto pues, son en estos momentos cuando uno echa mano de los clásicos del teatro:

Actuaciones y elementos de velada ya conocidos, ya utilizados, en la mochila de recursos, y que sobre todo son claves para el éxito de esta actividad.

Puesto que elaboré una lista con algunos de estos recursos de animación, he querido compartirla con el blog.

Y comenzaré con algunas actuaciones de velada para el Tiempo Libre y la educación no formal.

ACTUACIONES DE VELADAS

Seguir leyendo Clásicos del teatro

Teorías de la atención

Tener la atención es el objetivo más importante dentro del trabajo con personas ya sea en el ámbito del tiempo libre como en el educativo, ya que si no tenemos la atención de la otra persona puesta en el mensaje o en la actividad que estamos desempeñando, no llegaremos a alcanzar ningún otro objetivo.

Esta es una temática que he trabajado bastante cuando he realizado formación para monitores, y más importante aún: en formación para animadores infantiles, donde el arte de la atención ha de ser una autentica obra de artesanía.

Este fin de semana pasado en concreto, y de ahí el querer hacer esta entrada, recordaba algunos de estos aspectos tan importantes de la atención durante una actividad de tiempo libre con pernoctación para alumnos de segundo y tercer ciclo de primaria.

Trabajaba en la pasada actividad con el equipo de monitores de cara a aprender, no solo cómo mantener la atención en el objetivo propuesto, sino más importante: no frustrarse ante las desatenciones.

Que alguien desatienda no debe ser motivo de enfado: es algo normal. Sin embargo nos enfada, y mucho, cuando vamos en contra de las olas de la atención, cuando vamos a contratiempo en lugar de observar al grupo desde dentro, y adaptarse a las características de este para utilizar las herramientas adecuadas en cada caso.

¿Qué es la atención?

La atención es percibir un estímulo exterior de manera aislada. Aún más: físicamente no podemos atender a más de un estímulo a la vez, y realmente cuando lo hacemos es porque o bien atendemos y desatendemos, como cuando pretendemos hacer los deberes viendo la tele (un clásico), o porque la respuesta a uno de los dos estímulos la tenemos ya programada, como comiendo mientras vemos la tele (moraleja: no veas tanta tele).

En cuanto a aislar un estímulo, podríamos definir el hecho de estar distraído como un grado máximo de atención a un estímulo, quizás, inexistente. Y en cuanto a solo percibir un estímulo a la vez, esto nos advierte de que cuando algún otro se nos cruza, perderemos la atención sí o sí, y deberemos tirar de nuestra atención voluntaria para volver al estímulo anterior.

Hablamos por tanto de dos tipos de atención, la espontánea o atención a un estímulo de manera directa, involuntaria o natural, y la voluntaria, aquella que ha de mantenerse mediante un esfuerzo consciente.

«La atención sostenida se transforma en oscilante, variando continuamente de intensidad y claridad» Agazzi (1973), p. 115. Es decir: es imposible mantener la atención en un sujeto o hecho por tiempo ilimitado.

Además, siempre me gusta decir que la falta de atención es contagiosa, como si de una epidemia se tratase: un individuo que desatiende puede crear estímulos que provoquen la pérdida de atención de otros.

Hay que entender y comprender, y saber manejar sin frustrarse, que a menor edad en los participantes, menor control de la atención sostenida y voluntaria.

Cuando mandábamos silencio, por ejemplo, en la actividad del pasado fin de semana, algunos participantes se callaban, mientras que otro, principalmente los de cursos menores, seguían enredados en otra tarea, en otro estímulo, en lugar de atender al nuevo estímulo: el monitor pidiendo silencio para explicar una actividad.

En estos casos hay que entender que el participante no te atiende no porque se esté portando mal con conciencia de ello, sino que, simplemente, está concentrado en un estímulo distinto al que le estás proponiendo. Como decía, frustrarse o desgallitarse no sirve absolutamente de nada.

Una solución mucho más recomendada podría ser mediante trabajo en equipo, de tal forma que mientras uno arranca con el nuevo estímulo a seguir, los otros monitores dan un toque a los participantes inmersos en un estímulo anterior, para sacarles del mismo y pedirles que atienda al nuevo.

Por último, tanto en animación de cavea (que resulta fundamental), como en cualquier actividad de tiempo libre, o en cualquier actividad formativa como pueda ser el ejercicio de la docencia (en clase), hay que saber manejar la atención siempre desde dentro del grupo, nunca imponiendo, porque a fin de cuentas como concepto sensorial, nunca podremos obligar realmente a que alguien atienda, o deje de atender.

Y además, dentro del concepto de olas de la atención, haciendo referencia a esa atención oscilante, también habrá que jugar con ello y no ir nunca contra corriente, de tal forma que podemos permitir mayor distensión (muy útil en clase) en esos momentos en los que la ola está abajo del todo, es decir: hemos perdido al completo la atención (no la pidas todavía, da unos segundos de desatención), y utilizar elementos que capten la atención tras pasar por la parte más baja de la ola, para ir subiendo poco a poco, hasta introducir lo más importante, o un repaso a todo lo anterior, en esos momentos en los que la ola está en su punto más alto.

Agazzi, A. (1973). Psicología del niño. (6º Ed.) Alcoy: Editorial Marfil, s. a.