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Los blogs son tóxicos

No es casualidad el título, y quizás tampoco lo haya sido el conjunto de casualidades que me han llevado a la reflexión que en esta entrada reflejo.

Una de las primeras sucedía cuando escuchaba esta frase: “Los blogs son tóxicos”.

Venía a decir que en un blog no puede haber nada cierto, y que para obtener una fuente de información fiable, uno tenía que acudir a los periódicos.

(Como si los periódicos no hubieran tenido nunca que retractarse en más de una ocasión).

Otra venía un poco más adelante, cuando escuchaba la brillante aportación en relación a dónde acudir para adquirir recursos de cara a trabajar en el aula:

“¿Cómo vamos a ir a este u otro blog, que se mueven por modas?” Nos decían, en una formación para futuros docentes. “¿Cómo va a funcionar bien algo que uno pueda leer en un blog?”

Sin embargo, nos instaban, como futuros docentes, a acudir a las llamadas Actuaciones Educativas de Éxito, es decir: “aquellas actuaciones que siempre funcionan, porque están estudiadas”. (¿¡!?)

Cualquiera que trabaje en el ámbito de la educación sabe, o debe saber, que no existen actuaciones educativas de éxito, ni siquiera actuaciones que funcionen bien siempre, si o sí, en cualquier entorno.

Porque cada análisis de realidad es un mundo, y cada persona un universo, y lo que con este grupo me funciona, posiblemente no me dé buen resultado con aquel.

Pero aún más: cada persona, cada docente, o cada monitor, aplica las medidas, cada metodología desde su propia forma de ser.

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Retos para la Educación física

Muy injustamente, podríamos dividir el mundo entre las personas a las que les gusta el deporte y a las que no. Ya hemos perdido la costumbre de tiempo atrás donde triunfaba el mens sana in corpore sano, y la práctica deportiva era una de las fundamentales para aquellas personas que quisieran ser completas: un correcto crecimiento es aquel que alimenta al cuerpo, a la mente y al alma….

Y no solo es importante atender al cuerpo durante todo nuestro crecimiento por lo que nos han venido diciendo para convencernos de ello, en cuanto a que nos alarga la vida o que evita enfermedades, o para eludir la obesidad. El crecimiento a nivel corporal nos forma como personas, siendo cada parte de nosotros (cuerpo, mente, emociones) un todo interconectado que necesita evolucionar, o se estanca.

No desarrollar nuestro ámbito corporal, motor o psicomotor es no desarrollarnos como personas. Y yendo aún más lejos: solo explorando todas nuestras dimensiones, poniéndolas a prueba, llevándolas a nuestro extremo personalísimo de mejora, es cuando nos conocemos en profundidad, cuando llegamos a la comprensión de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser y, es en ese momento, cuando llegamos a entender mejor nuestro entorno, ya que “la realidad plena es la autoposesión del ser” Hegel, 1837, p. 118.

Siguiendo el artículo de López, Pérez, Manrique y Monjas (2016), es posible que esta importancia a la actividad física se conocía y se haya venido dando tiempo atrás, ligada principalmente con el concepto de deporte. Pero la Educación Física, y su importancia antes descrita no es hacer deporte, ni esta asignatura puede “tener como principal finalidad el mero entrenamiento de los cuerpos o la detección, selección y entrenamiento de posibles talentos deportivos”. P. 182.

Y he aquí la problemática que plantea el artículo mencionado: ¿cómo abordar la educación física hoy día? ¿A qué debe estar llamada esta asignatura?

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Lo que me enseñó el fuego

Conozco cómo hacer fuego, lo he estudiado. En toda mi formación previa a un campamento escuela en Polonia en el que debíamos sobrevivir en mitad del bosque, había estudiado las distintas formas de encender un fuego para poder cocinar. Sin embargo una vez allí, me costaba horrores prender una simple llama frente a la facilidad que tenían los de la zona en crear un fuego en tan sólo un parpadeo.

Válgame esta anécdota para el inicio de una reflexión que quisiera plasmar aquí antes de entrar en conceptos pedagógicos que igualmente quiero desgranar, buscando mayor soporte bibliográfico. Pero me anticipo a ello en esta entrada para resaltar un elemento fundamental de la educación como es el aspecto pragmático de lo ya aprendido.

Porque por mucho que estudies cómo encender un fuego, si no logras que prenda, no lo has aprendido.

Personalmente me resulta este concepto vital, por un lado por la eterna necesidad a la que aluden muchos profesionales cuando hablan de la unión entre formación y práctica.

En concreto en el ámbito del tiempo libre siempre he resaltado en formación para monitores esta necesidad hablando de dos dimensiones: por un lado lo que es la sabiduría, y por otro lo que es la inteligencia, o rapidez de respuesta a los estímulos: cuando nuestros conocimientos se hacen prácticos. Y aunque la materialización gane frente a la otra por aportar más logros, ambas son necesarias: de nada sirve conocer los distintos métodos para encender un fuego si a nivel práctico no alcanzamos el éxito, de la misma forma que de nada sirve alcanzar una rutina para cumplir con tu objetivo si la falta de recursos estudiados nos impide tomar otras alternativas cuando las circunstancias adheridas a dicha rutina varían.

Por otro lado retomo el hilo sobre qué es educación y qué significa educar, ampliando con un nuevo elemento la definición.

Teníamos hasta ahora los conceptos de “proceso de raciocinio” y “asimilación personal”, es decir, cuando hablamos de educación hablamos de proceso, contrario a instantáneo. De raciocinio, puesto que se ejecuta a través de procesos mentales, o digamos mejor, de la persona, de cada una de las personas que lo acoge de manera diferente a cualquier otra, puesto que le aporta parte de su ser (y por ello es también personal). Y por último, de asimilación, es decir: integramos aquello que aprendemos.

Pero para asimilar algo hay que entenderlo a nivel de conceptos, y a nivel resolutivo: tengo que saber hacerlo, para saber hacerlo. Lo asimilo al completo cuando lo hago mío a todos los niveles, que es la única forma de no perder ninguna información de aquello que estoy aprendiendo.

Creo que podemos ampliar de esta forma el concepto de educación hablando de un proceso de raciocinio que nos lleva a una asimilación personal de un aprendizaje que transformamos y nos transforma, tanto en un nivel de conocimientos como en la habilidad e inteligencia aplicada y práctica de dichos conocimientos.

Muy lioso quizás, pero se irá mejorando. De momento quería plasmar con esta anécdota un paso más para discernir conceptos de educación. Ya habrá tiempo de hacerlo más bonito y con más referencias. En cuanto a lo primero, ya habrá tiempo de seguir con la metáfora, pues no me cabe duda de que la educación, como el fuego, se adapta y nos transforma.

Y en cuanto a lo segundo, cerrar la entrada con dos citas interesantes, una que es carne de cañón para compartir en Facebook:

“Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí” Confucio.

Y la otra que nos habla de cuatro dimensiones: el saber, el saber hacer (lo pragmático), y además un saber en valores y en actitudes de la persona al enfrentarse al conocimiento y a su ejecución.

“La competencia significa saber utilizar en el lugar y momento adecuado el saber, el saber hacer, el saber ser y el saber estar, que la persona competente debe detentar”.
Cañas, A., Martín-Díaz, M. J. y Nieda, J. (2007). Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico: la competencia científica. Madrid: Alianza.

Una salida al campo

Antes de empezar a ver qué es eso que llamamos educación y qué es eso que llamamos pedagogía, propongo una excursión.

Cuando hacemos una actividad en el medio natural, siempre es recomendable conocer antes el terreno, no solo lo que se dice del mismo (información de la fauna, flora, orografía, inclemencias atmosféricas,….), sino también realizar una primera visual para comprobar de propia mano las características que hemos leído, y ver si se corresponde con los rasgos observados, es decir, con lo pragmático a la hora de nuestra intervención con el entorno.

Por ello, adentrándonos en la cueva del conocimiento, de esta Invención sobre educación y pedagogía, debemos conocer con seguridad la diferencia entre estalactita y estalagmita, aunque solo sea para que, cuando nos adviertan, sepamos si agacharnos, o levantar el pie.

Es importante comenzar definiendo términos. Y advierto de antemano que no es sencillo. Y me doy cuenta, ahora que comienzo a adentrarme en este estudio, que no lo es por diversas razones.

Por un lado estamos ante la eterna problemática de las ciencias sociales, que construyen en un espacio natural, es decir, cambiante (como en la metáfora del inicio) frente a las ciencias experimentales, que lo hacen en un entorno artificial, valga la incoherencia, pero sólido: estudiar el universo, que es solo uno, es más sencillo que a las personas, porque cada humano es un universo entero.

El ser humano es inesperado, y esto hace compleja la elaboración de leyes y teorías, por lo que vivimos siempre en idas y venidas en cuanto a corrientes. Este será de hecho otro problema que se puede observar en la pedagogía: esta ciencia tal y como hoy se concibe es relativamente joven, pese a que siglos anteriores, y corrientes anteriores, hayan tratado la temática desde otros enfoques. Y, muchas veces, los enfoques actuales no se presentan como verdaderos tratados de investigación con razones probadas acerca de algún tema, sino como verdaderas refutaciones parlanchinas contra todo lo anterior como única razón de existencia.

Se lo aseguro, no se pueden imaginar la de textos que nos están dando a leer, que meramente vienen a echar pestes sobre vivencias pasadas en la escuela, pero que se limitan a eso, a protestar, sin hacer siquiera una crítica constructiva, o a proponer puntos proactivos, o a sentar teóricamente hacia dónde debiéramos ir. 

Además la ecuación se dificulta en la práctica. Esto lo he experimentado mucho en tiempo libre hasta el punto de crear una de las reglas de oro que explico en una de las asignaturas, que dice que “en tiempo libre puedes esperar cualquier cosa”. No parece gran cosa, pero esta frase va destinada a esos monitores que entran en shock cuando ven algo que nunca han visto antes pero es que, es imposible que en una actividad todo funcione como uno espera, porque realmente puede suceder cualquier cosa.

Por supuesto que existen herramientas para acercarnos a lo que va a acontecer, o cómo vamos a reaccionar las personas. Pero son herramientas puramente flexibles, que no solo se deberán adaptar a los participantes, sino a nosotros mismos, y además, a la interacción entre todos, porque cada vez que formamos un grupo, aparece nuestra dimensión social, que influye en nuestra actitud, y todo puede cambiar.

¿Desde dónde enfocar entonces todo esto? Personalmente creo que la pedagogía puede aspirar a ser una ciencia totalmente independiente de influencias negativas pasadas aprendiendo de todo y no rechandanzo nada porque sí, y de expertos en la subjetivización, pues lo subjetivo no nos ayuda a nivel global y científico, para poder dar con una ciencia que, pese al factor humano y flexible, pueda dar con principios y teorías como mínimo útiles para nuestra función.

También ha de ser una ciencia que humildemente beba de la psicología, de la sociología y de la historia, y acepte lo que estas áreas tengan que decirle aunque no nos interese por contraposición a otras posturas. Posturas que, por cierto, hay que tratar con respeto aunque no estemos de acuerdo. Y sobre todo ha de ser una ciencia práctica.

Cuando aprenda más, espero poder retomar este tema. Pero ahora mismo, no concibo una pedagogía alejada del ámbito práctico. No entiendo una teoría pedagógica que no nos hable desde dentro del grupo social del cual nos habla. Desde mi punto de vista, no existe la pedagogía que no ha salido al campo a jugar con lo que dice.

De ciencias y teorías

Antes de comenzar resaltar que toda aportación, aporta. Aporta siempre y cuando sea una aportación sumativa, no negativa; dinamizadora, no dinamitadora; constructiva y analizadora, no destructiva y sin criterio.

Pero aporta. Y es importante tenerlo en cuenta. A veces se nos olvida y nos da miedo opinar, o no oímos la postura de otras personas simplemente porque “yo ya sé qué es lo que él o ella opina”. Esto de hecho pasa mucho: posicionamos a alguien en un extremo o en el otro y entonces, cualquier cosa que diga, tenga o no razón, lo mismo da, pues debo coincidir si está en mi extremo, o refutar si está en el otro.

Incluso quisiera ver cuánto tarda más de un lector en calificarme a mi en alguno de los extremos existentes. Pero no se confundan: solo los carentes de argumento clasifican a las personas en esto o en aquello, en izquierda o derecha, en blanco o negro. “Solo un Sith es tan extremista”, que diría Obi-Wan. Pero ni la vida es Barrio sésamo, ni todo es cuantitativo, ni las personas somos ecuaciones matemáticas, y no se trata de “estar contra ti” solo por no estar contigo en una, dos o tres cuestiones.

Porque además “esto es muy típico de las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo” (de Saint-Exupéry, Antoine. 1943), como nos diría El Principito.

Pues bien, adentrándome más en profundidad en estas ciencias de la educación, he descubierto sorprendido que sí se da entre expertos en la materia, y más de lo que debería ser, que una postura equis se defiende a capa y espada solo porque pertenece a la teoría que uno apoya, no porque tenga razones reales para creer en dicha postura.

Personalmente pienso que no debemos encasillarnos en una teoría, o en lo que dijo fulanito, aunque sea una eminencia, o en mis creencias más profundas. Si esto es ciencia, apliquemos la ciencia. Y la ciencia tiene unas características muy concretas:

La ciencia es escéptica, provisional, relativa, autocrítica,…. Tenemos que estar abiertos a nuevas ideas, con espíritu crítico, no conformarnos con lo ya descubierto y seguir buscando, y sobre todo no rechazar cuestiones si se formulan desde al menos una razón de peso.

La ciencia es objetiva y universal, y esto quiere decir que no podemos dar por buenos conceptos que aluden a la subjetividad: yo no puedo definir un acto pedagógico como aquel que un sujeto u objeto así lo consideren, porque vendría a decir que nada o todo es un acto pedagógico, y por lo tanto, nos estancaríamos en la definición.

Y la ciencia es creativa, aperturista, curiosa y con iniciativa. Por eso no vale formular hipótesis que no son comprobadas o trabajadas en la praxis. De nada sirve crear grandes teorías pedagógicas surgidas del estudio de años y años y años sin pisar un aula, con metáforas preciosistas y discursos eufemísticos pero realmente vacíos de valores, de lo que realmente importa.

Pero adviértase para de ahora en adelante que, todo lo mencionado, no quita el hecho de estar, y espero que ustedes también, abiertos a toda aportación, postura, mención, teoría,…. Para seguir aprendiendo y colaborando, en la medida que se pueda. Pues cualquier aportación, aporta. Y por tanto tampoco, y espero que al igual que ustedes, dejaremos de aportar nuevas ideas.