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La base de lo que es educación

En la base de estos cimientos, de este edificio llamado “educación” que vamos a construir, queda lo que ya mencionaba en la entrada sobre qué significa educación, haciendo alusión al aspecto etimológico, pero ya apuntando una característica global muy importante.

Como les explico en alguna entrada o en “perfil”, llevo años trabajando con infancia y juventud, manejando conceptos de los cuales desconocía sus nombres, o autores y teorías que los mencionan, y ahora me veo adentrándome poco a poco en el mundo de la pedagogía a nivel institucional. Pues bien, mencionaba también cómo hemos buscado poco a poco una definición que para cada uno, individualmente, tuviese sentido la palabra educación.

Para esta búsqueda, en Teorías de la educación, nos planteaban localizar aspectos comunes presentes en distintos procesos que considerásemos educativos. En esta mini investigación, que es más bien una visión personal previa a adentrarnos en autores y teorías, yo personalmente me quedo con elementos muy importantes de lo que debe ser un acto educativo.

Está claro que la educación debe hacer referencia a un proceso racional. Más adelante vería otras definiciones importantes para manejarnos en esto mismo, que son conceptos como los de condicionamiento, adoctrinamiento, entrenamiento,…. Pero desde mi propia experiencia puedo entender a la perfección, ya veremos en próximas entradas cómo lo justificamos, que mientras no exista un proceso racional, no podemos hablar de educación.

Y no lo menciono solo por quedar bien, hablar de la libertad del alumno, o ser rimbomante con expresiones como “el alumno solo aprende cuando el alumno quiere aprender”. Hombre, pues claro. Pero es que de uno, para adentro, nadie puede controlar realmente. ¿Puedes reprogramar a alguien? Quizás, pero solo porque llega un punto en el que el sujeto se deja llevar, y acepta como bueno o inevitable lo que se le está imponiendo y, por tanto, esto pasa por el raciocinio.

Ojo que acabo de poner sobre la mesa una de las principales controversias que aparecen en otros autores. En principio estoy diciendo que todo lo que es educativo, pasa por un proceso de raciocinio, aunque dicho proceso sea de una forma u otra, con un fin u otro. Vamos a comenzar aceptando esto, para discutirlo más tarde, puesto que estamos trabajando con una ciencia como es la pedagogía, y debemos perseguir lo objetivo, frente a lo subjetivo.

Cuando hablamos de proceso de raciocinio, personalmente hablo de un proceso de asimilación personal: lo hago mío (o, como veremos más adelante con los autores, encaja en mis esquemas cognitivos), me adapto a ello, y lo hago porque sé que es bueno para mi, que me es útil y/o valioso.

Como digo, aquí hay debate y en extensión, pero quiero dejar claro que estoy buscando los puntos comunes, objetivos, universales. Así pues, nos quedamos de momento con las palabras “proceso de raciocinio” y “asimilación personal“. Y nada más: de momento estoy diciendo que un proceso educativo es cualquiera que incluya una asimilación racional, mediante el método que sea, y con cualquier tipo de objetivo, ya estemos hablando de una asimilación de conceptos moralmente negativos, o positivos.

Con esto, explico muy claro esa necesidad de buscar lo objetivo, porque si pretendo que “educación” solo se refiera a asimilar lo moralmente correcto, ¿quién define lo que está bien y lo que está mal, quién determina la moralidad universal, para que podamos decidir qué es educación y qué no es pedagógico?

Pues de momento, me quedo con lo más general, y en próximas entradas voy a ver si soy capaz de dar con una definición de educación algo más ajustada. No es tarea fácil, aviso.

Sobreprotección

Dentro del terreno de la educación, hay una imagen que no me quito de la aventura por Londres y, aunque voy a relacionarlo con otro aspecto vivido durante el campamento con niños en el que he estado allí, lo cierto es que la imagen no forma parte de esta actividad de tiempo libre, sino que la observé pasando por al lado de un parque, caminando por la calle.

Pues bien, la imagen en cuestión se trata de un grupo de niños de Educación infantil, posiblemente de 4 años (siempre acierto con un más menos uno), que iban de paseo por el parque con sus dos cuidadoras, monitoras o maestras, e iban todos atados entre sí en dos filas, una fila para cada adulto, quien llevaba el extremo final de la cuerda que ataba a todos sus niños.

No es solo el hecho de que unos niños salgan al parque a descubrir una naturaleza limitada a lo que la cuerda se alargue a cada paso, sino también la estampa en su conjunto de unos adultos charlando entre sí mientras pasean auténticas mascotas. ¿Qué han salido a ver esos niños? ¿O es un mero paseo para airearse y recibir algo de vitamina D?

Quería mencionarlo, además, porque si a veces tendemos a copiar lo que se hace en otros países, bien estaría dejar esto sin imitar, esta sobreprotección exagerada. ¿De qué tienen miedo? ¿De que un niño se caiga? ¿Qué hay de malo en ello? La imprudencia, la pasividad o la falta de previsión son los aspectos malos, no una simple caída en sí, lo cual es algo natural, no deseable, pero natural. Y la naturaleza es lo que es, y es, lo que hay que aprender. Cuando nos caemos, aprendemos, y nos levantamos. Las experiencias nos preparan para la vida futura. Vivir en una burbuja nos desconecta de las nuevas experiencias, y nos hace personas vacías, incapaces de enfrentarse a nada en la vida.

Que no es un “caerse está bien” gratuito. Repito que hay que tomar medidas, y entendería una sobreprotección en momentos concretos, o actividades concretas,…. Pero, así como el riesgo cero no existe, no podemos realizar todas las actividades pensando solo en que no haya ni una mínima posibilidad de pequeño rasguño para que el papá o la mamá no pueda decir ni mu de nuestra actuación. Y dejo abierto que todo esto es también una responsabilidad de los padres.

A veces, ante el miedo de que estos se quejen, se molesten, o incluso vayan más lejos en su protesta, se busca una sobreprotección extrema que resta las posibilidades del educador o monitor de tiempo libre, y de las actividades.

En la actividad de campamento lo veía también en la fase de preparación, cuando discutíamos sobre las distintas actividades que podíamos realizar. Será cosa de culturas, pero repito que mejor no copiemos la necesidad tan extrema de encerrar a los niños en burbujas.

Como decía, había actividades que se proponían y que quedaban fuera rápidamente por no encajar con unos parámetros de seguridad extremos. Correr, si implicaba escaleras, malo. Dejar a los niños solos aunque fuese en una búsqueda de tesoro de mediación directa, regular. Realizar el viejo juego de magia, que llevo años haciendo sin complicación, de quemar un pañuelo que después se restituye, mala idea, porque no se debe jugar con fuego. Vivimos asustaitos.

Y luego pienso en los grupos de niños de tres, cuatro y cinco años que perdía detrás de su monitor por la granja escuela con nuestro mapa imaginario, buscando los animales y árboles de los cuales aprendían cosas, corriendo de un lado para otro, disfrutando,…. Y lo bien que nos lo pasábamos. Eso sí, algunos sí que lo pasaban mal: aquellos que no eran capaces de dar dos pasos porque todo les asustaba, animales, piedras, brisa de viento,…. y si se caían, se acababa la diversión porque no eran capaces de levantarse, sacudirse, y seguir disfrutando. Comenzaban a llorar hasta que alguien les envolvía en una burbuja, y les sacaba de aquel horror que es, el mundo en el que viven.