Archivo de la etiqueta: educación

la educación ha de generar emoción

Cuando vemos una película en el cine la atención está sostenida a un punto fijo sobre el cual se nos genera una sensación de movimiento.

La atención se sostiene voluntariamente y el secreto de esta voluntariedad radica no solo en el contenido sino en la forma en la cual dicho contenido se nos presenta.

Estos dos elementos que acabo de explicar pueden dar como resultado muchas variables diferentes:

Un contenido magnífico presentado fantásticamente dará como resultado una película a la que todo el mundo prestará su máxima atención y, más aún, recordaremos durante mucho tiempo. Pero además, el mensaje nos llegará, y será asimilado.

Cuando hablo de mensaje hago referencia al proceso comunicativo, por lo que no estoy más que generalizando un concepto que, en realidad, conlleva muchísima más profundidad, y lo mismo sucede con la palabra “contenido”.

En un solo mensaje pueden existir múltiples textos y subtextos, comenzando por la intención comunicativa y terminando por las múltiples interpretaciones.

El proceso comunicativo, por su concepto de retroalimentación, conlleva un proceso social.

Y así mismo sucede con el concepto de educación, pues el proceso de enseñanza – aprendizaje conlleva inherentemente una interacción social.

Emisor (aspecto social), contenido (mensaje) y forma (metodología) son por lo tanto tres elementos a cuidar en el proceso educativo, pues podemos encontrarnos con un contenido pésimo y mal transmitido que no generará nada más que una pérdida de tiempo, pero también un buen contenido (por su importancia, relevancia e interés) que no se transmita correctamente y que, por lo tanto, no llegue a calar en aquellos que lo reciben.

O justo lo contrario, un contenido pobre pero que llegue a calar enormemente al ser transmitido mediante una mecánica extraordinaria.

Con todo esto me gustaría dejar claro no precisamente el hecho de que haya que hacer una u otra cosa, sino la importancia de saber reconocer estos elementos a la hora de estructurar cualquier proceso de enseñanza – aprendizaje.

Pero considero personalmente que faltaría un cuarto elemento que también copa la atención de todo aquel inmerso en el proceso de enseñanza – aprendizaje, incluso cuando no se es consciente de ello.

El cine como arte, y en su concepción de espectáculo que mueve al deleite, a la contemplación y al ánimo, genera sentimientos y emociones (Real Academia Española, 2018).

Es por ello que la educación no ha de ser una mera transmisión de contenidos, sino un punto de encuentro entre los miembros de un grupo social que crece a partir de un mensaje transmitido en una doble dirección, con un mensaje ya sea conceptual, procedimental o actitudinal, pero que ha de ser relevante, interesante, motivador y motivante, abierto y flexible, de espíritu crítico y democrático, y significativo.

Y por ello y para ello, es generado con una metodología activa, participativa, sorprendente, reveladora, y grupal, que llama la atención por sí misma e incita el interés, y que genera el deleite, el ánimo y la dimensión emocional.

Es así como el concepto de educación cierra su círculo en su dimensión conceptual, psicológica, individual, social y emocional.

Buscando que el discente crezca y, al mismo tiempo, dejando crecer (dos conceptos que no significan lo mismo).

Formando, que no deformando. Avanzando en grupo, y no empujando para que el grupo avance. A través de los diferentes aspectos de la persona, y de la persona en el grupo.

La educación ha de generar emoción….

Es la dimensión emocional, en conjunto con las otras mencionadas, las que nos marcarán en qué incidir, y en qué ritmo crecer.

Y es aquí donde debemos orientar la atención tanto del docente como de los alumnos y alumnas, y no tanto en los aspectos puramente conceptuales porque, en el fondo, y en palabras de Bona (2015), no importa tanto todo lo que sepas, los contenidos que hayas memorizado o los logros académicos que alcances, si eres incapaz de respetar a los que te rodean, o de saber cómo reaccionar ante los estímulos de la sociedad que nos rodea, o descubrir cómo alcanzar tu propia felicidad. 

  • Bona, C. (2015). La nueva educación. Barcelona: Plaza & Janes
  • Real Academia Española. (2018). Diccionario de la lengua española (23.3a ed.)

Dime con qué andas, y te diré cómo creces

Una vez, cuando era muy pequeño, me explicaron que el cuerpo humano se adapta enormemente a su entorno más inmediato, hasta puntos insospechados.

Y lo hacían con un ejemplo que se me ha quedado grabado a fuego en la memoria: si llevásemos todo el día, desde pequeños, unos patines en los pies, posiblemente nuestros brazos crecerían más largo de lo normal.

Quizás es un ejemplo algo exagerado, o pueda ser cierto pasadas generaciones (que ni mencionar el dolor de pies que una vida en patines puede acarrear).

Pero cierto es que nuestro entorno nos influye enormemente.

Ya lo advertía el filósofo Ortega y Gasset al hablar de que “yo soy yo, y mis circunstancias”, pero también en el ámbito de la Pedagogía, Paulo Freire habla de las personas que nos rodean como “no-yoes” que conforman nuestro yo.

Es decir: no solo los patines pueden transformar nuestro ser persona. También quienes nos rodean a diario, y esto es una enorme responsabilidad: ¿qué huella dejamos en los demás?

Y no solo las personas que nos rodean (nota mental: si quieres una vida positiva, rodéate de gente positiva).

Los distintos entornos, objetos, experiencias…. influyen en nuestra vida, y mucho más con los más pequeños de la casa.

Conforme crecemos, nos convertimos, en mayor o en menor medida, en lo que nos rodea.

Quizás por ello sea tan interesante la frase de San Agustín de Hipona que dice “si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama”.

Por supuesto que esto que comento no es algo determinista, no tiene por qué. Pero sí es importante, hablando de educación, entenderlo para comprender mejor algunos aspectos que hay a quien le parecen inexplicables.

Seguir leyendo Dime con qué andas, y te diré cómo creces

Una cuestión de educación

La educación procura un aporte tan global que, al fin y al cabo, hablemos de lo que hablemos en adelante, todo podrá ser atribuido a una cuestión de educación….

Con este párrafo cerraba la entrada anterior, en un humilde homenaje a la labor docente en estos días tan convulsos de pandemia global.

Una casuística que tratamos de superar poco a poco desde diversos ámbitos al tratarse de una cuestión sanitaria, económica, logística…. pero sobre todo, aludiendo al ya mencionado párrafo, una cuestión de educación.

Aunque en realidad, no se ha visto como una cuestión de educación, pues como suele pasar, poco se ha trabajado en este ámbito.

A veces da la sensación de que la educación es un ámbito menor del que ocuparse cuando los otros aspectos de la sociedad, mucho más importantes e influyentes, estén resueltos.

En esta sociedad que da la espalda a las ciencias sociales, a las humanidades, a lo artístico, a lo espiritual, a lo psicológico…. Solo cabe lo cuantitativo (que no cualitativo), lo medible y, por tanto, el progreso, el futuro y el remedio a todos nuestros males no es la educación, eso ya vendrá luego, sino la tecnología, la ingeniería y la ciencia.

Y eso que después la palabra educación se repite constantemente en muchas bocas que protestan sobre “no hay educación” por aquí, “falta de educación por allá” pero a la hora de resolver, a la hora de prioridades, sigue quedándose como un área menor que abordar.

Sin embargo, si antes se resolviese el ámbito de la educación, mejor nos iría en el resto de terrenos.

Porque la solución a todo nuestros males parece estar llegando gracias a la ciencia, cierto, y a la logística, también.

Bendita vacuna, dicho sea de paso.

Y benditos profesionales que la han hecho posible gracias a su esfuerzo, y a todo el camino que han recorrido, aprendiendo y formándose como personas.

Con esto no digo solo que la educación sea importante para que la ciencia y la ingeniería sean más grandes.

Es que todo es una cuestión de educación y atender este área antes nos ayudaría a mejorar como sociedad.

La falta de educación nos vuelve temerarios, inconscientes, esclavos a la suerte.

Mientras que la educación nos permite afrontar las situaciones con confianza, con cabeza, con soltura, con libertad.

Realizo esta entrada siguiendo con la anterior como decía, pero también para reivindicar enormemente el papel de la educación, también en estas situaciones tan desagradables y extremas que hemos vivido.

¿Se acuerdan cuando, no hace tantos años, una gran mayoría de personas no utilizaba el cinturón de seguridad en el coche?

Recuerdo perfectamente cuando existía la creencia de que en ciudad, o en los asientos de atrás, no era estrictamente necesario. Pero entonces comenzaron una serie de campañas de concienciación que fueron poco a poco calando.

No fue algo de un día para otro pues como ya he explicado en alguna otra entrada, existen distintos niveles de comprensión.

Por eso a veces no basta con que a alguien le expliques desde lo cognitivo lo necesario e importante que es utilizar el cinturón de seguridad en todo momento, o colocarse correctamente una mascarilla y mantener siempre la distancia social.

Nos ha faltado educación, pero esto no quiere decir que hemos sido tontos, que por desgracia seguro que es lo primero que se le viene a más de uno a la cabeza.

El problema está en que, a diferencia de lo que se suele creer, educar no es informar (unilateral): es necesario conectar.

De ahí que cualquiera, en cualquier momento, podamos fallar, hasta que algo nos cala y lo interiorizamos porque incluso después de eso, todavía podemos equivocarnos, pues errar es humano.

Pero adviértase en estas palabras la gran importancia de que toda una sociedad logre, más que ser informada o conocer a nivel cognitivo, interiorizar realmente o conectar con algo que es tan vital e importante para nuestro futuro, para nuestro progreso conjunto.

Y esta meta esencial, que considero vital para una situación como la que hemos vivido y estamos viviendo, es sin duda una cuestión de educación.

La educación requiere tiempo, dedicación, mimo, respeto, atención. No es un término menor, es posiblemente una de las áreas fundamentales que atender de primera mano para reducir problemas, para afrontar como decía más arriba “todos nuestros males”.

Pero claro, si dejamos de lado el aspecto social, humano, educativo, esperando resolver de manera cuantitativa, finalmente resolvemos, pero no mejoramos, no aprendemos, no crecemos.

Y si no aprendemos nada de esta situación, con lo que hemos vivido, ahí sí que estamos perdidos.

No sé si estoy a tiempo de pedir un deseo de año nuevo pero, pediría desde este pequeño fuego en forma de blog que se preste más atención a la educación, más recursos, más miradas, más reflexiones: Que se le dé más importancia.

Y que descubramos la importancia de aprender a prender….

Cómo trabajar con la diferencia

A veces esta pregunta surge en ciertos ámbitos profesionales educativos o del Tiempo Libre. ¿Cómo trabajar con la diferencia? Es decir: con el que es diferente.

Muchas veces la pregunta más repetida que me hacen en charlas y clases o talleres para monitores de tiempo libre es cómo trabajar con aquellos o aquellas que son diferentes, que se portan peor o que, me dicen a veces, tienen un comportamiento fuera de lo normal.

¿Cómo trabajar con la diferencia? Es importantísimo comenzar con un cambio de perspectiva porque, en realidad, ya estás trabajando con la diferencia.

El hecho de que haya participantes (o alumnado) que se ajusten más a lo que estás proponiendo (actividades, dinámica, normas, ritmo….) no quiere decir que haya unos participantes que puedan ser considerados “normales”, y otros que no.

Tan solo se ajustan más o mejor a lo que estás proponiendo y sin embargo, si cambiases la propuesta, seguramente serían otros los que se adaptarían mejor a lo que propones.

La medida de lo normal es potencialmente subjetiva y se ajusta a lo que un individuo ya conoce, y es normal tan solo porque se da, pero en contraposición lo que desconoce también es y existe, por lo que este juicio a su vez denota desconocimiento por parte del hablante.

Es por ello que toda diferencia aporta variedad, conocimiento y enriquecimiento, y que el punto de partida no puede ser nunca subjetivo, tratando de que la persona que desde mi percepción individual no es normal, sea normal (cuando esto en realidad no supone ser normal, sino ajustarse más a mi forma de ser o plantear las interacciones o actividades).

Ha de existir en el encuentro interpersonal  un acuerdo más que una posición de dominancia.

Pero cuidado que esta comprensión de la aceptación de la diversidad no nos puede llevar tampoco a lo contrario, aceptando cualquier realidad incluso una que vaya en contra de la libertad individual mía personal o de cualquier otro miembro del grupo.

En otras palabras: Hay que desterrar el “no es normal que menganito o menganita no pare de molestar en clase”, porque para él o ella puede que sí sea una realidad justificada, pero eso no quita que dicha situación haya que trabajarla o afrontarla de alguna manera.

Y para ello, unas claves a continuación:

Seguir leyendo Cómo trabajar con la diferencia

Historia de una vaca

Sucedía que mi sobrino jugaba con una vaca pequeña de juguete. Entonces un día la cogí, y la coloqué en un lugar visible de la habitación.

La vaca, pese a estar a simple vista, estaba escondida por una sencilla razón: no estaba donde debía estar, sino en otro lugar, en una posición inverosímil para quien juega con una vaca en el suelo, la guarda, y vuelve a jugar.

¿Dónde está la vaca? Pregunto. Y el juego da comienzo.

Un juego que, en realidad, tiene tintes de dinámica pues plantea un reto mayor que el hallazgo del juguete: el auto descubrimiento de las capacidades personales que son, en este caso, las de observación y perseverancia.

Esta acción en realidad no es la primera vez que la hago. De hecho, soy muy aficionado a provocar conflictos cognitivos en interacción durante mi desempeño profesional en infancia y juventud.

Desde lo más sutil y sencillo como cambiar un juguete de sitio, o  preguntarle a un niño “cómo te llamas” mientras le has nombrado por su nombre; hasta acciones más complejas que, a fin de cuentas, buscan ofrecer estímulos y, por tanto, la oportunidad de averiguar cómo resolverlos.

Además, en este blog de Educación y Tiempo Libre ya he compartido algunas entradas en torno a la importancia de expandir lo rutinario, de no conformarse con lo cuantitativo, de generar conflicto cognitivo.

Aunque a veces pueda quedar como una broma aislada, que como mucho pueda despertar una sonrisa, en realidad no es la idea, ni mucho menos. 

Más allá de una broma (que conlleva el peligroso riesgo de que solo se ría uno de los dos en interacción), presentar estímulos diferentes, novedosos, busca la distensión o romper el hielo, un objetivo fundamental en educación cuando entras por primera vez en un grupo.

Y unida a la distensión, otra ventaja es la creación de vínculo, esencial antes de cualquier otra acción educativa.

Pero los beneficios que provocan el conflicto cognitivo van mucho más allá puesto que son, a mi juicio, una de las esencias fundamentales del proceso educativo.

Cuando algo deja de provocarnos conflicto cognitivo nos estancamos, dejamos de aprender de esto, o deja de interesarnos, o nos acomodamos a dar una misma respuesta a este mismo estímulo repetitivo.

Todo ello debe estar enmarcado dentro de las características de la actividades, pues por muy simple que sea esconder una vaca, en realidad no hablamos solo de coger y mover y se acabó, sino que existe un proceso lógico, aunque exprés, de inicio, desarrollo y evaluación o final.

Es entonces que el juego que ofrece un simple juguete, como pueda ser una vaca, se expande en nuevas posibilidades; adquiere nuevas dimensiones; crece.

Y al final, lo que parece una acción aislada y sin fundamento, se convierte en un juego seguido por todos: ya no soy yo el único que esconde a la vaca….

Incluso el niño juega a ver si el adulto es capaz de encontrar la vaca donde él ha decidido que puede ser un escondite acertado, dentro de las dinámicas de este juego inédito que, a la par, aporta un aprendizaje esencial.

con educación, para la educación

Es posible que también les haya pasado que, en una conversación en torno a la profesión más necesaria para la sociedad, nadie haya mencionado la de maestro.

Debe quedar claro que, en realidad, ninguna profesión es imprescindible en una sociedad.

Pero si de mojarse se trata y hubiera que elegir una, los maestros no suelen quedar bien parados.

Quizás esta devaluación de la profesión se deba al haberse topado con algún mal maestro. Pero tener fe en la educación, debe ir más allá de la confianza en una sola persona que se te cruce.

También he escuchado por ahí que hay quien con tan solo procrear, ya se siente en posesión de una indiscutible cátedra en pedagogía, y es capaz de debatir en torno a conceptos educativos, utilizando el vocabulario de un artículo encontrado en Google. Esto ciertamente puede devaluar el concepto de la docencia como profesión.

Pero yo personalmente pienso que, en realidad, en esta devaluación del arte y ciencia de la pedagogía, influye mucho más este mundo actual extra cuantitativo:

Un mundo que pierde valores en pos de un “esto sí, esto no” sin sustancia, que prefiere cantidad a calidad, que apuesta ciegamente por la ciencia y los avances y, en consecuencia, ve con mejores ojos profesiones en esta sintonía como las de la rama de medicina o ingeniería.

En la misma línea, dentro del ámbito de la educación pasa lo mismo, tirando piedras sobre el tejado de las ciencias humanas, ganando las otras ciencias, la de los números, espacio en el currículo educativo:

  • La literatura se esconde dentro de una Lengua, que a veces se imparte matemáticamente con análisis sintácticos que parecen sudokus, o memorísticamente con los tiempos verbales y otros data de la lengua.
  • Mientras tanto, apenas queda espacio para la poesía, tan necesaria dentro del concepto “crecimiento íntegro“, y el plan lector muchas veces parece más un programa de puntos, o un concurso para ver quién lee más libros.
  • Plástica y Música parecen meras imposiciones, junto a Educación Física, muchas veces para justificar que al menos, hacen un poco de cada cosa.

Y sin embargo estas tres asignaturas anteriores son esenciales, y deberían tener un peso más relevante.

El analfabetismo básico hasta hace un tiempo se centraba en que el niño supiera leer, escribir y operar con números.

Pero hoy día no podemos olvidar que en una era donde accedemos a estas competencias de manera más fácil y rápida, debemos alfabetizarnos también en otras competencias, las cuales nos son mucho más exigentes, y altamente imprescindibles.

¿O acaso alguien aprendió en el colegio a leer imágenes?
Seguir leyendo con educación, para la educación

ponencias y talleres formativos

Si buscas una ponencia o un taller en torno a algún tema relacionado con la educación, puedes contactar conmigo mediante el formulario que encontrarás en este enlace del blog La Invención del Fuego.

VER MÁS

En esta página sobre eventos formativos para educadores, docentes y monitores, podrás encontrar más información sobre distintas ponencias o talleres formativos dentro del ámbito de la educación o del Tiempo Libre.

  • Pedagogía del Tiempo Libre.
  • Coordinadores, monitores y profesionales del Tiempo Libre especialistas.
  • De la educación no formal, al aula: recursos para docentes.
  • Inteligencia Emocional e Inteligencia Interpersonal.
  • Comunicación como herramienta de unión.
  • Gestión grupal y teorías de la atención.

Muchas de las entradas, recursos, teorías y reflexiones que comparto en este blog de Educación y Tiempo Libre parten de eventos formativos que he podido compartir con otros educadores.

Algunos de estos eventos educativos han sido charlas o talleres formativos destinados a profesionales del Tiempo Libre y la Animación Sociocultural, o ponencias dentro del ámbito de la Educación.

Más información en la página de este blog de educación sobre las ponencias y talleres formativos.

No dudes en contactar a través del formulario para cualquier petición, duda o sugerencia.

Ir al formulario.

Protagonistas del Tiempo Libre

¿Se imaginan a un maestro o una maestra, en un colegio, llamarle “payaso de siempre” a un niño o niña, como calificativo despectivo?

Ni siquiera argumentando a posteriori que “había sido una broma” sería correcto y, por suerte, esta actitud no tiene cabida a día de hoy (o no debería) en el ámbito de la docencia y el magisterio.

Creo que es altamente comprensible, ¿no? ¿O es que acaso alguien vería normal que, en una clase de primaria, las actividades programadas fuesen orientadas al docente?

Es decir, por ejemplo: << cantemos una canción, ¿cuál? Pues esta, que a mi me encanta, y si yo me lo paso bien, vosotros “enanos”, ya veréis como también >>.

El ámbito de la educación formal lleva años evolucionando para desterrar metodologías anquilosadas, y poner al alumnado como centro del proceso de enseñanza – aprendizaje, un proceso que debe surgir de las necesidades del discente, quien debe ser partícipe, autor y protagonista indiscutible de la educación.

Sin embargo y por desgracia, la actividad del Tiempo Libre sigue necesitando actualmente aprender de los avances que se han realizado en el ámbito de la educación, y actualizarse.

Todavía a día de hoy muchas asociaciones, empresas y actividades requieren una aplicación real de Pedagogía del Tiempo Libre.

Esta necesidad de profesionalización dentro de la educación no formal, que ya comentaba en otras entradas de este blog de educación, la reivindico desde un conocimiento de primera mano. Estos ejemplos que comento son reales.

Todavía a día de hoy encuentro monitores y monitoras, asociaciones y empresas, que trabajan anclados en formas del pasado, y que las reproducen bajo el inamovible argumento de: esto siempre se ha hecho así.

Ejemplos como los que ya he compartido en este blog de educación y tiempo libre, en torno a auténticas burradas que aún hoy día se reproducen en actividades de tiempo libre como campamentosviajes de estudio, o en actividades de multiaventura, evidencian la necesidad de reivindicar la importancia de la Pedagogía del Tiempo Libre.

Necesitamos empresas, asociaciones, profesionales y voluntariado que entiendan la necesidad de cuestionarse, evolucionar y abandonar viejas prácticas no pedagógicas, o esa actitud en la que todo gira en torno al monitor, o esas dinámicas que aún hoy día mantienen como válidas por tradición dentro de su actividad pero que fuera de ese contexto, puestas en un marco educativo formal actual, ponen los bellos de punta.

Y necesitamos actividades que se ajusten a una llamada Pedagogía del Tiempo Libre por medio de la cual se apliquen los mismos avances que se dan en las escuelas e institutos, en torno a las áreas de pedagogía, psicología, sociología…. de las cuales la educación no formal debe beber tanto o más que la formal.

¿O es que acaso los profesionales del Tiempo Libre no trabajamos con personas, hacia las cuales está dirigida nuestra labor, participantes que son y deben ser auténticos centro de toda nuestra acción?

Mejorar no es haber fracasado

Que alguien te proponga un método diferente de actuación no implica que lo estés haciendo mal. Muchas veces ponemos una barrera a consejos y nuevos métodos por el miedo a la crítica, cuando en realidad la crítica (constructiva, no negativista) y la evaluación son esenciales para el crecimiento, pero ninguna de las dos nos indica que lo hayamos estado haciendo mal hasta el momento.

En la última entrada en torno a reflexiones y consejos para padres y madres hablaba sobre la importancia de tener la mente abierta a nuevas metodologías ya que, aunque algunas puedan funcionar y otras no, tener la mente y el corazón abiertos durante todo el trayecto educativo es lo que nos permitirá mejorar siempre.

Pero aceptar que una metodología que alguien nos comente, o que leamos, pueda ser mejor a lo que estamos aplicando actualmente, o descubrir que lo que estamos aplicando no es lo más correcto, no implica que lo hayamos estado haciendo mal con anterioridad, sino simplemente que antes dábamos lo mejor de lo que conocíamos y que, al conocer algo nuevo, también podemos pasar a dar lo mejor de lo que somos y conocemos.

Nada tiene de malo aprender. Nada tiene de malo mejorar. Son las claves del crecimiento y, como seres humanos, siempre estamos en crecimiento.

Os pongo un ejemplo personal a lo que acabo de argumentar.

Yo actualmente aplico conceptos y herramientas que he podido aprender dentro del área de la inteligencia emocional en el ámbito educativo. En esta formación, por ejemplo, hablamos de las seis emociones básicas humanas.

Si el día de mañana la ciencia avanza y los estudios en inteligencia emocional nos hablan de una cantidad distinta de emociones, mejorar a partir de este nuevo conocimiento no implica que hayamos trabajado incorrectamente hasta la fecha.

Y de la misma forma, que yo a día de hoy sepa cómo resolver un conflicto complejo por la vía de la inteligencia emocional, la cual me funciona mucho mejor de como lo hacía antes, que incluso a veces resolvía el conflicto, pero no a nivel emocional y, por lo tanto, este volvía a veces a producirse. Todo esto no implica que antes lo estuviese haciendo mal, sino que lo hacía lo mejor que podía y, ahora, en mi capacidad de apertura y de aprendizaje, trato de hacerlo mejor.

Porque si una persona argumentase que otra lo hace mal porque no lo hace como dicha persona sabe hacerlo, nos podríamos acoger al “solo sé que no sé nada” de Sócrates, y descubrir que todo el mundo en el Planeta Tierra lo hacemos todo siempre fatal.

Pero no, no lo hacemos fatal. Lo hacemos bien siempre y cuando lo hagamos de la mejor forma que sabemos hacerlo y, en el momento en que encontramos, conocemos y aprendemos una nueva forma, entonces solo desoírla sería obrar incorrectamente.

Es nuestra responsabilidad aplicar lo mejor de nosotros mismos y de lo que conocemos en cada caso y en cada situación. Y si descubrimos una nueva forma de trabajar en el proceso educativo, mejorar y aplicarla.

Principio de igualdad

Si fuésemos todos iguales no podríamos aprender unos de otros, y por lo tanto no existiría la progresión. La diferencia nos permite aprender unos de otros, y progresar.

Rechazar al diferente no es más que una tumba a nuestra propia ignorancia, pues es rechazar aquello que puede hacernos crecer.

¿Acaso rechazarías a tu dedo gordo? Y, sin embargo, sin la variedad de dedos, no podrías alcanzar todas las funciones de estos. Y eso solo hablando de dedos, que podría seguir con cada parte del cuerpo.

Y así es la humanidad, un inmenso cuerpo que, cuando funciona unido, logra grandes cosas.

Es ahí donde está el problema, y la clave: hay que unirse. Y para ello nos falta mucha educación.

Educación para entender su importancia, para romper barreras, y comprender, comprender que “la unión hace la fuerza“. Y no es algo que se diga ahora: ¡si es que está ya todo inventado! ¿Por qué seguimos sin hacerle caso a esa máxima?

Todo ello resume el motivo por el cual el concepto de unión sea tan importante y necesario en el ámbito de la educación: porque necesitamos estar unidos para crecer de verdad. Y porque el mundo necesita que nos eduquemos en la importancia que tiene para los seres humanos la unión, la tolerancia, el respeto, la fraternidad,….

Cuando explico teoría sobre gestión de grupos y animación sociocultural, siempre incido en la importancia de pertenecer a un grupo para movilizar cambios en dicho grupo: desde fuera no vamos a lograr alcanzar los objetivos de la misma forma que desde dentro.

Es más: desde dentro no generamos, porque no formamos parte del grupo. Somos ajenos, desconocidos, extraños. Desunidos. Y, por lo tanto, no generamos educación.

Pues de la misma forma: sin unión, no hay lazos, sin lazos no hay vínculo, no hay conexión, no hay intercambio. No hay crecimiento. No hay educación.