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Educar es guiar

Educar es guiar, es orientar en los objetivos y su consecución, personales y sociales, presentes en el entorno actual de la persona.

Educar es ayudar a la otra persona a que llegue a ser lo que realmente quiera ser, algo que no conoce ni él mismo.

Es un proceso, que pasa por lo cognitivo, por el intelecto, pero con el perpetuo aporte de lo emocional. Proceso, sí, pero no matemático, porque así como lo que entra en un soporte informático se retiene por motivo de su programación, no podemos presuponer lo mismo de la mente humana.

Cada pizca de información que nos llega es procesada de mil maneras distintas en cada uno de nosotros y, aunque podamos predecir algunas reacciones a la entrada de un estímulo, nunca podríamos estar seguros de estas.

¿O acaso tú, lector, sabes con exactitud cómo vas a reaccionar a cada frase que te traiga la vida? Creemos estar preparados y muchas veces lo estamos, pero no siempre conocemos cuál será nuestra respuesta a cada paso del camino.

Por eso la tarea del educador es mostrar los diferentes caminos, enseñar cómo interpretar las señales y ayudar a recorrer el mismo. Y llegará un momento en el que la persona deba continuar sola por el mismo, porque en realidad cada senda no son más que partes de una ruta mayor, la ruta personal e individual de cada persona.

En realidad, da igual cómo enseñes la ruta, siempre que la persona la escoja libremente, de ahí la importancia de conocer distintas herramientas para que dicho caminante comprenda las opciones.

El educador ha de ser versátil, y no puede limitarse a una única técnica educativa porque, si afirmamos que todas las personas somos distintas, no a todos les valdrá el mismo estilo de enseñanza – aprendizaje.

Reflexionaba en anteriores entradas sobre qué significa educar y qué es la educación, y hasta ahora tenía claro que hablábamos de un proceso de raciocinio que desembocaba en una asimilación personal, y sigo creyendo que es una definición que permite con objetividad englobar una gran cantidad de metodologías y teorías, y no solo la que cualquier docente considere más adecuada porque, tal y como digo: no podemos cerrarnos a una teoría o a una metodología sabiendo que somos tan distintos entre nosotros y que además, un momento de nuestra vida puede ser muy diferente al otro.

Pero como ha de existir dicho proceso interno, la función del educador, función de enseñanza, termina donde empieza la función del educando, función de aprendizaje, que es personal.

El educador, como el fuego, ilumina y da calor al acercarse, pero es la persona la que tiene que prender (y aprender).

Educar significa, desde su interior etimológico, guiar, acompañar, ayudar a sacar el fuego de las personas, para que comiencen a ser brillantes….

Qué significa educación

Continuando con la excursión que suponía la entrada de Una salida al campo, vamos a seguir dándole vueltas al concepto de pedagogía y educación, dando pie a próximas entradas en las que empecemos a ver algunos autores y teorías.

Siempre que dudo de algo, me gusta acudir a sus inicios, a sus raíces, ver desde el principio de qué estamos hablando, para construir mi andamiaje (saldrá este concepto más adelante como teoría) y entender cómo funcionan las cosas. Y como quiero presentar en este blog todo lo referente a pedagogía y educación poco a poco, qué mejor que empezar por sus inicios para ir viendo todo sin saltarnos nada.

Vamos a repasar lo que significa aprender y educar, desde los tiempos inmemoriales, desde que se inventó el fuego.

Pues empezando por las palabras, encontramos que etimológicamente educación proviene del término latino “ducere”, es decir, “guiar o conducir”. En diccionarios etimológicos lo encontramos también como “ex ducere”, “encaminar o sacar de dentro hacia fuera”. Mejor que “sacar”, es como “hacer sacar” o “lograr que la persona saque de dentro hacia fuera algo”.

Por otro lado, pedagogo procedería del griego, y lo encontramos en diccionarios como “paidós”, “niño”, y “agogós”, “que conduce”. Es decir, entendían al pedagogo como un guía para esta etapa, encargado de que este logre “hacer salir” el conocimiento desde dentro hasta fuera.

No puedo decir hasta qué punto este significado se usaba como tal con la invención de este vocablo, porque no soy tan viejo ni tan sabio, pero se advierte que este significado etimológico comienza a casar con la definición y concepto de educación que van a expresar muchos educadores y pedagogos.

Así que, a partir de aquí, podemos ir sentando unas bases sobre las que trabajar para llegar al concepto de educación y, por lo tanto, de pedagogía, que será la ciencia encargada de su estudio.

Educación es sacar de dentro hacia fuera y, por tanto, ha de implicar necesariamente un proceso cognitivo. Nos vamos a quedar ahí porque desarrollar este punto va a dar para muchas entradas, y ésta ya se está alargando….

Si damos por cierto citado proceso, hemos de admitir que mientras el proceso tenga lugar, hablaremos de educación, sin importar cómo se llegó a dicho proceso. ¿O no….?

Y además, siguiendo con el calificativo de “proceso” y, habiendo dicho que la pedagogía es una ciencia, deberemos admitir que podremos dar con un proceso que se de de la misma forma, a grandes rasgos, en todas las circunstancias, y que además podrá ser observado desde un punto de vista objetivo, llegando así a un concepto universal de lo que es educación y de lo que no sería educación. ¿O acaso va la excursión muy desencaminada….?

Aprender es prender

La importancia de los nombres, así como la importancia de nuestra historia, es vital. “Llamar las cosas por su nombre”, como nos diría Alex Supertramp en “Into the wild” (2007) de Sean Penn, nos permite conocer los orígenes y la esencia de cada cosa.

Por supuesto que tú no eres tu nombre, y las cosas no son solo el nombre. El nombre es como una fotografía, y la cosa designada, toda una película.

Cada vez que invento un cuento, o una historia (también para la ambientación de los juegos), siempre me preocupo por encontrar el nombre perfecto, el nombre exacto de cada cosa.

Igualmente con este blog de educación, con el que he tenido un auténtico proceso de búsqueda de un buen nombre, uno que esté cargado de significado.

Es más, la búsqueda ha hecho que termine creando esta especie de sub apartados o secciones como son Manual Mamut, un nombre muy apegado a mi día a día como monitor, ya iremos ampliando esto más en detalle….

Y Desde el cubil, expresión que viene del universo de El libro de la Selva de Rudyard Kipling que igualmente, ya ampliaremos.

Pero el nombre central, La Invención del Fuego, viene también cargado de metáforas y significado en este blog sobre educación, pedagogía y tiempo libre.

Para empezar es un hito histórico, uno de los más importantes de la Prehistoria e incluso de la historia en su conjunto, que hace referencia a un aprendizaje, o proceso de aprendizaje:

A partir del dominio del fuego, los futuros homo sapiens sapiens comienzan a vivir ya no a expensas del designio de los dioses y con el temor a que el cielo caiga sobre sus cabezas, sino que logran dominar sus vidas, con mayor movilidad, seguridad, defensa ante la climatología, las fieras y la oscuridad.

Crear fuego no era sencillo, e incluso una vez tenían algo de luz, ese saber y aprendizaje que había logrado crear una llama, lo protegían con su propia vida.

Además dicho hito está relacionado con un aprendizaje, y con la transmisión de una enseñanza: el fuego se convirtió en un conocimiento muy preciado que debía pasar de una generación a otra.

Un conocimiento que además era la virtud de iluminar el camino, y proporcionar calor.

Porque la educación es eso también: etimológicamente, educación viene de “guiar” de “acompañar” o “sacar lo destacable, desde dentro, hacia fuera” (como una llama que se aviva).

Incluso en los momentos más oscuros, un educador debe ser capaz de proporcionar luz, de compartirla o de enseñar a hacer fuego para que el otro sea la guía y la fuente de calor.

Porque aprender es prender el pabilo que todos llevamos dentro, y basta una sola llama pequeñita para hacer un gran fuego, que devore el conocimiento.

Y enseñar es crear calor, es decir, crear vínculo entre el maestro, el guía, y el discípulo, que no es más que alguien que ya tiene dentro la habilidad de crear fuego….