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Adaptar nuestra sesión a la situación

Cuidado con anteponer nuestras necesidades a la de los demás, en aquellos momentos en los que, precisamente tu profesión consiste en atender las necesidades de los demás.

A veces nos pasa inconscientemente, porque cierto es que también nosotros, en cualquier puesto laboral, tenemos una serie de necesidades que deben ser satisfechas por la otra persona, aunque esta sea un cliente. Cogiendo una profesión de ejemplo, como camarero, cierto es que para este el cliente siempre tiene la razón, pero eso no quita que su necesidad de que no le hablen a gritos deba ser cubierta. Por otro lado, por mucho que el camarero tenga hambre, no sería de recibo que se sentase a comer cuando está en su horario laboral, pues en ese momento son los otros los que acuden al establecimiento para cubrir esa necesidad en concreto.

En torno a esta idea reflexionaba otro concepto que llevaba tiempo dando vueltas, sobre el principal valor que debe tener un docente, pudiendo ser la humildad (teniendo que descartar otros muchos igual de buenos). Porque desde el mismo momento en el que abrimos la boca para explicar un concepto, tratando de hacerlo de manera didáctica y tocando solo aquellas áreas relevantes para ese momento en cuestión, debemos reconocer la certeza, con naturalidad, de que no lo sabemos todo sobre dicho concepto, y de que vamos a aparentar siempre que conocemos más de lo que realmente sabemos.

Quizás dominemos una materia pero, de la misma forma que nunca se deja de aprender, nunca todo se sabe….

Y la humildad es necesaria para ese momento crucial en el que de repente nos da la sensación de que tanto nosotros como docentes, como la materia que llevamos preparada, son lo único importante, lo único que hay en juego, lo único que existe. Y lo priorizamos a todo lo demás. Y eso no debería ser así, pienso yo.

A veces nos da la sensación de que vamos a transmitir un conocimiento vital y fundamental para el desarrollo del discente, de la otra persona. Nos puede parecer que vamos a descubrirle una gran verdad, o que tan solo vamos a darle un concepto sin el cual no podría vivir. A veces incluso llenamos una sesión entera de conceptos, pongamos por ejemplo, 100, pero: ¿somos conscientes de que finalizada esta, solo recordará 20?

Sí es verdad que a veces toda esa información sirve, aunque no se retenga en su totalidad. Pero a la hora de programar cualquier tipo de formación, siempre nos debemos plantear objetivos más allá de la simple transmisión de contenidos.

Y unificando nuevamente tiempo libre con educación, yo personalmente en el ámbito no formal siempre he planteado tres objetivos cruciales:

  • Atención: procura que estén atentos porque si no, todo lo demás, ¿para qué? Y atención es también interés, que es motivación.
  • Formación: porque efectivamente, si no aprenden nada en toda tu intervención, algo ha ido mal. Pero no es un “aprender los conceptos que tú traigas” sino simplemente, aprender.
  • Diversión: porque para aprender sin más, están los libros, que por cierto son a veces mucho más divertidos que algunos docentes. Además no hablo de una diversión banal, sino de una auténtica facilitadora de aprendizaje significativo.

Nos duele cuando tenemos que romper nuestros esquemas como docentes, y nos frustramos porque llevamos mucho tiempo formándonos y preparando una sesión, y nos empeñamos en hacer nuestro trabajo por encima de “leer” nuestro trabajo, es decir: visualizar cómo está la clase, y adaptar la sesión a la situación.

Si no tengo la suficiente humildad como para reconocer “esto no es lo que esperaba, no me sirve lo que he preparado”, no tendré la profesión suficiente como para adaptar mi proceso de enseñanza – aprendizaje, y adaptarlo a los verdaderos protagonistas, los que realmente tienen una necesidad que esperan cubrir: la de aprendizaje.

Aprender es prender

La importancia de los nombres, así como la importancia de nuestra historia, es vital. “Llamar las cosas por su nombre”, como nos diría Alex Supertramp en “Into the wild” (2007) de Sean Penn, nos permite conocer los orígenes y la esencia de cada cosa.

Por supuesto que tú no eres tu nombre, y las cosas no son solo el nombre. El nombre es como una fotografía, y la cosa designada, toda una película.

Cada vez que invento un cuento, o una historia (también para la ambientación de los juegos), siempre me preocupo por encontrar el nombre perfecto, el nombre exacto de cada cosa.

Igualmente con este blog de educación, con el que he tenido un auténtico proceso de búsqueda de un buen nombre, uno que esté cargado de significado.

Es más, la búsqueda ha hecho que termine creando esta especie de sub apartados o secciones como son Manual Mamut, un nombre muy apegado a mi día a día como monitor, ya iremos ampliando esto más en detalle….

Y Desde el cubil, expresión que viene del universo de El libro de la Selva de Rudyard Kipling que igualmente, ya ampliaremos.

Pero el nombre central, La Invención del Fuego, viene también cargado de metáforas y significado en este blog sobre educación, pedagogía y tiempo libre.

Para empezar es un hito histórico, uno de los más importantes de la Prehistoria e incluso de la historia en su conjunto, que hace referencia a un aprendizaje, o proceso de aprendizaje:

A partir del dominio del fuego, los futuros homo sapiens sapiens comienzan a vivir ya no a expensas del designio de los dioses y con el temor a que el cielo caiga sobre sus cabezas, sino que logran dominar sus vidas, con mayor movilidad, seguridad, defensa ante la climatología, las fieras y la oscuridad.

Crear fuego no era sencillo, e incluso una vez tenían algo de luz, ese saber y aprendizaje que había logrado crear una llama, lo protegían con su propia vida.

Además dicho hito está relacionado con un aprendizaje, y con la transmisión de una enseñanza: el fuego se convirtió en un conocimiento muy preciado que debía pasar de una generación a otra.

Un conocimiento que además era la virtud de iluminar el camino, y proporcionar calor.

Porque la educación es eso también: etimológicamente, educación viene de “guiar” de “acompañar” o “sacar lo destacable, desde dentro, hacia fuera” (como una llama que se aviva).

Incluso en los momentos más oscuros, un educador debe ser capaz de proporcionar luz, de compartirla o de enseñar a hacer fuego para que el otro sea la guía y la fuente de calor.

Porque aprender es prender el pabilo que todos llevamos dentro, y basta una sola llama pequeñita para hacer un gran fuego, que devore el conocimiento.

Y enseñar es crear calor, es decir, crear vínculo entre el maestro, el guía, y el discípulo, que no es más que alguien que ya tiene dentro la habilidad de crear fuego….