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Criterios

Tras un patrón común y estable sobre lo que es educación, presentaba una serie de criterios, los que propone el profesor y pedagogo Jose Manuel Esteve, para definir el concepto de educación.

En mi personal tratado de arquitectura, en la búsqueda de base y definiciones sobre el proceso educativo, así como otros elementos propuestos por este autor que me han resultado determinantes (como los modelos educativos o el concepto de libertad), no termino de visualizar estos criterios dentro de una definición global, objetiva, determinante y de base para lo que vamos a llamar educación

No porque no aporten significado, sino porque estoy empeñado en encontrar una definición que podamos considerar universal y aplicable a cualquier caso, para partir desde la raíz en el entendimiento de todo concepto posterior. Es justo decir que aunque no los incluya, y a continuación lo razono, son un aporte fundamental (todo aporte aporta) a tener muy en cuenta.

Pues bien, y entrando de lleno en los cuatro criterios: Si afirmamos que solo son educativos los contenidos moralmente irreprochables, afirmamos que no podemos llegar a un concepto de educación universal, pues se queda en manos de la subjetividad de cada analista: ¿Qué es un contenido moralmente irreprochable? ¿Y para quién?

De forma similar entiendo la complejidad en el “criterio de equilibrio” pues, ¿dónde se recogen los criterios de la moderación y del exceso? Aquí entra en juego el famoso sentido común, que siempre explico en formación para monitores que es un sentido que nos marca unas conductas, y que damos por hecho que todos a nuestro alrededor van a tenerlas igualmente marcadas. Pero no es así: lo que para mi puede ser normal en una situación concreta, para mi amigo del alma está mal. ¿Quién entonces podría definir qué procesos son educativos y cuáles no, en base a si están siendo o no equilibrados?

Y por último, si entendemos la educación, hasta ahora nos valía esto, como el producto de un proceso de raciocinio, que lleva a una asimilación personal, y dándose esto, se produce dicho proceso, ¿realmente importa la forma, mientras se produzca todo lo anterior? No es que se deban aceptar las malas formas, sino que en la búsqueda de base que pretendo, solo puedo aceptar lo que no entraña dudas en su definición. Y obviamente la forma de dar con el proceso educativo es algo nuevamente sujeto a la subjetividad, y lo que para mi pueda ser un método de enseñanza correcto, pueda ser totalmente fallido y rechazado en otros ámbitos, y viceversa.

No obstante, puede ser que cuando el autor nos habla del “criterio de forma”, y en parte también de los otros, nos habla de la manera para producir citado proceso, la educación, es decir: no es que ir en contra de un criterio no pueda ser un acto educativo, sino que no producirá acto educativo alguno. No es que haya que buscar el resultado, y luego nos planteamos cómo se busca, sino que por medio del cómo se busca, llegamos a un único resultado y no a otro, que es el deseable.

Por lo que, y como conclusión, no hay que perder de vista estos criterios a la hora de entender qué es el proceso educativo. Pero de momento quiero dejar fuera de la definición de educación lo visto con este autor, para continuar hablando de un proceso de raciocinio y asimilación personal, que de momento englobe cualquier situación.

Criterios y José Manuel Esteve

Me quedaba en la entrada anterior aceptando únicamente como patrón común para la definición de lo que es educación aquello que constituye un proceso de raciocinio y que lleva a una asimilación personal. No introducía nada sobe usos éticos de lo que se aprende, y mucho menos sobre procesos.

Con bastante suerte pude, en la exploración paso a paso del mundo pedagógico reflejado en este blog, conocer algunos conceptos del profesor e investigador de pedagogía José Manuel Esteve (1951-2010), quien trata de poner algo de orden en la nomenclatura referida al mundo educativo.

Ha sido una auténtica suerte comenzar por este autor, quien reflexiona acerca del concepto pedagógico desgranando las definiciones y opinando no solo desde la razón, sino también desde la emoción y la vocación docente.

Así como nos quedábamos con los criterios de proceso racional y asimilación para definir un proceso educativo, quiero ahora compartir en esta entrada los Cuatro Criterios de los que nos habla Esteve en su búsqueda del concepto de educación. Solamente los menciono a continuación para comentarlos más adelante, y seguir con el proceso de búsqueda iniciado anteriormente.

Pues bien, este autor nos habla de cuatro criterios para definir la educación:

Criterio de contenido: para que algo sea educativo, el contenido que se aprende tiene que ser bueno. Este se refiere a qué se enseña, calificando de educativo aquello con una moral irreprochable. Esteve nos pregunta en Educar: un compromiso con la memoria, ed. Octaedro, a través de las preguntas que él realizaba en sus clases, si aprender a robar sería un acto educativo, concluyendo que “no calificamos de educativos a aquellos procesos en los que aprendemos algo que va en contra de nuestros valores morales”. Esteve (2010), p. 22.

Criterio de forma: que viene a decirnos que hay que enseñar con buenas maneras. Se refiere a cómo se desarrolla el proceso educativo: este ha de respetar la libertad de la persona, su dignidad y su autorealización. Para llegar a este, mostrándolo así a su clase (tal y como nos narra en su libro), intenta enseñarle algo a un alumno por medio de gritos e insultos. Así define posteriormente que “no consideramos educativo enseñar un contenido que el alumno aprende sin que se respete su libertad o su dignidad como persona”. Esteve (2010), pp. 23 y 24.

Criterio de uso: esto hace referencia a lo que otros autores dicen sobre que solo aprendemos lo que es útil para nosotros. La persona debe entender y comprender la importancia de lo que está aprendiendo, por ello el proceso educativo depende del uso que podrá hacer posteriormente el educando. Para el criterio de uso, propone un contenido y pide que sea memorizado. Después pregunta si se acordarán más adelante de lo que han memorizado, y la respuesta es negativa puesto que ha sido un aprendizaje aleatorio que no han podido relacionar con sus esquemas, que no le han visto ni importancia ni utilidad.

Criterio de equilibrio: si la educación es crecimiento, este ha de darse en todas sus facetas. No sería educativo un aprendizaje que desequilibre parte de la persona, explotando un aspecto a costa de otro. “Para hablar de educación exigimos que se consiga una personalidad integrada” […] “Rechazamos calificar de educativos aquellos procesos de aprendizaje en los que el resultado es un desequilibrio”. Esteve (2010), p. 27.

Esteve, J. M. (2010) Educar: un compromiso con la memoria. Barcelona: Octaedro.