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Cómo poner orden en un grupo de whatsapp

La famosa aplicación de comunicación WhatsApp tiene una cosa buena y una cosa mala.

La buena es que permite que todos los miembros de un grupo puedan compartir con los demás cualquier cosa. La mala, eso mismo.

Es una de las quejas, rozando la fobia, más sonada, causando auténtico pánico estar dentro de un grupo de esta aplicación, los cuales parece que se crean por cualquier motivo, justificado o no.

El colmo de nuestra era ha llegado hasta el pungo de que existan grupos de whatsapp para la comunicación formados por personas con las que no hemos hablado en la vida, salvo en dicho grupo (y a veces ni eso).

Crear un grupo de whatsapp para facilitar la comunicación (cuando alguna otra función como la difusión no nos vale) puede ser a veces útil, por lo que nos aventuramos a ello con pánico y resignación.

Sin embargo, a mí personalmente esta acción dejó de asustarme cuando comencé a aplicar la pedagogía del Tiempo Libre al uso de esta aplicación.

Una de las características del Tiempo Libre es la de buscar la forma de dinamizar positivamente grupos sociales.

Aunque sea mediante comunicación escrita, también podemos marcar pautas a seguir, dinámicas y normas para un correcto uso de un grupo dentro de esta aplicación.

Antes de continuar debo recordar que esto no funciona cuando el grupo no quiere, en el fondo, lo que se le va a proponer, porque hay que tener siempre claro en la gestión de grupos sociales que “un grupo hace lo que un grupo quiere hacer”.

Sin embargo en mi experiencia he podido comprobar como la mayoría de integrantes de los grupos en los que he aplicado lo que comento sí quieren y necesitan una serie de normas que, en ausencia de alguien que las establezca, no se desarrollan, mientras que el funcionamiento del grupo experimenta una mejora cualitativa cuando las normas son formuladas y reiteradas en casos concretos y puntuales.

¿Cómo poner orden en un grupo de whatsapp?

La clave para ello comienza compartiendo un mensaje con las instrucciones para un buen uso del grupo de whatsapp.

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Comprensión Cognitiva

Es curioso el fenómeno que se produce cuando un grupo de adultos en una situación comunicativa (como pueda ser una asamblea, un debate o una clase), hablen entre ellos en lugar de permanecer callados, atendiendo a la persona que tiene la palabra.

Más curioso aún cuando esos adultos son docentesmonitoresprofesionales del Tiempo Libre o cualquier otra persona encargada de gestionar a un grupo social y que, por tanto, cuando van a comunicar algo, piden silencio y que se les atienda. Y sin embargo, cuando ellos son masa, ni escuchan, ni atienden.

El primer pensamiento que a más de uno se le puede cruzar es que esto se da porque hay gente que respeta (quien lo piense puede que se coloque el primero en la lista de personas que sí se callan cuando otros hablan, o quizás el último), mientras que otros no respetan, por ser unos maleducados, y que no comprenden, a nivel cognitivo, que hay que callarse cuando los demás hablan.

Sin embargo, esto no es así. Y no es así porque no es que existan unos que se callan, y otros que no. No es así porque aunque a nivel cognitivo alguien entienda, comprenda y comparta que debe callarse, a otros niveles de comprensión, no lo han interiorizado. Esto es algo que comenzaba a explicar en la entrada sobre el primer nivel de comprensión de este blog de educación.

Yo mismo he podido comprobar esto que digo no hace mucho, cuando en un grupo de personas se debatía sobre cuál sería la mejor opción para que, durante una asamblea, se respetasen los turnos de palabra, y se escuchase a quien hablaba, evitando comentar con el compañero mientras alguien interviene. Pues bien, la conclusión fue rápida, sencilla y unánime: levantaremos la mano y, sobre todo, nadie hablará mientras habla la persona a la que se le ha dado el turno de palabra. Todos celebraban la decisión, asentían y la aceptaban. Porque todos estaban de acuerdo, a nivel cognitivo, de que aquello era lo correcto, lo comprendían y lo compartían.

La asamblea comenzó y, a la tercera intervención ya había adultos hablando con el compañero, no atendiendo a quien intervenía para todo el grupo. Lo hacían incluso los que antes habían tomado la iniciativa explicando cómo debía proceder la asamblea para ser respetuosos, para procurar el silencio, para facilitar los turnos de intervenciones.

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Principio de igualdad

Si fuésemos todos iguales no podríamos aprender unos de otros, y por lo tanto no existiría la progresión. La diferencia nos permite aprender unos de otros, y progresar.

Rechazar al diferente no es más que una tumba a nuestra propia ignorancia, pues es rechazar aquello que puede hacernos crecer.

¿Acaso rechazarías a tu dedo gordo? Y, sin embargo, sin la variedad de dedos, no podrías alcanzar todas las funciones de estos. Y eso solo hablando de dedos, que podría seguir con cada parte del cuerpo.

Y así es la humanidad, un inmenso cuerpo que, cuando funciona unido, logra grandes cosas.

Es ahí donde está el problema, y la clave: hay que unirse. Y para ello nos falta mucha educación.

Educación para entender su importancia, para romper barreras, y comprender, comprender que “la unión hace la fuerza“. Y no es algo que se diga ahora: ¡si es que está ya todo inventado! ¿Por qué seguimos sin hacerle caso a esa máxima?

Todo ello resume el motivo por el cual el concepto de unión sea tan importante y necesario en el ámbito de la educación: porque necesitamos estar unidos para crecer de verdad. Y porque el mundo necesita que nos eduquemos en la importancia que tiene para los seres humanos la unión, la tolerancia, el respeto, la fraternidad,….

Cuando explico teoría sobre gestión de grupos y animación sociocultural, siempre incido en la importancia de pertenecer a un grupo para movilizar cambios en dicho grupo: desde fuera no vamos a lograr alcanzar los objetivos de la misma forma que desde dentro.

Es más: desde dentro no generamos, porque no formamos parte del grupo. Somos ajenos, desconocidos, extraños. Desunidos. Y, por lo tanto, no generamos educación.

Pues de la misma forma: sin unión, no hay lazos, sin lazos no hay vínculo, no hay conexión, no hay intercambio. No hay crecimiento. No hay educación.

Características del Animador sociocultural

Os comparto hoy las doce características descritas por Sáez Carreras (1997, p. 151.) para un animador sociocultural.

Estas características para el tiempo libre y la educación describen muy bien alguna de las herramientas y virtudes a desarrollar por parte de todo aquel que trabaja con personas, ya sean monitores de tiempo libre, animadores socioculturales o docentes.

Y creo que son especialmente interesantes de estudiar, y por ello he compartido siempre y comparto ahora en este blog de educación y tiempo libre, porque aglutinan muchos aspectos importantes de la gestión grupal y la pedagogía, y porque cada rasgo conlleva una carga de profundidad que merece la pena reflexionar.

Sáez Carreras parte de la reflexión sobre cómo ha de ser un animador sociocultural, y nos expone las siguiente doce características:

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Debería ser una persona dinámica y dinamizadora, motivada y motivadora, entusiasta y comprometida con su trabajo.

Abierta a las relaciones interpersonales y sociales, con tacto y respeto hacia los demás. Con capacidad de diálogo y comunicación. Acoge, sin reparos, a cualquier colectivo social que quiera integrarse en los programas.

Tiene confianza en la capacidad de los grupos para trabajar progresando y está convencido de la importancia del autodesarrollo personal a través de la dinámica grupal.

Está preparado para aprender constantemente. Es investigador activo y permanente de su praxis.

Está directamente implicado en el entorno y trabaja en él desde dentro. Está abierto al desarrollo comunitario integrado y cultiva la interdisciplinariedad al servicio de proyectos comunes.

Es un militante con el objetivo puesto en la transformación de la sociedad, en el cambio social.

Tiene equilibrio y madurez psíquica, flexibilidad mental y emocional para analizar los posibles conflictos grupales. Es abierto, tolerante, y tiene una gran disponibilidad para escuchar y atender a los demás.

Tiene capacidad de análisis y ejerce la crítica con espíritu constructivo.

Es optimista y se resiste al desaliento.

Tiene sentido del proceso. Sabe que toda actividad está enmarcada dentro de un proceso.

Utiliza el sentido del humor, sin caer en la chabacanería, para aliviar tensiones y romper hielos. Jamás ridiculiza a nadie.

A pesar de todo, no es ni un superhombre ni una supermujer. Tiene defectos y fallos y los asume con actitud autocrítica. Sabe, también, cuando su labor ha terminado y debe dejar paso a la comunidad.
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Sáez Carreras, J. (1997). Tercera Edad y Animación Sociocultural. Madrid: Dykinson.

¿Cómo conseguir que una clase se calle?

Si has llegado hasta esta entrada en este blog de educación y tiempo libre, y has leído su título, puede ser que pasen dos cosas: o que sigas leyendo con interés para ver si aquí hay alguna receta mágica que realmente logre lo que el título de la entrada dice, o que rechaces su lectura molesto por un título que pueda parecer procedente de la educación tradicional, a la cual te opones férreamente.

O quizás no pase ninguna de las dos anteriores y, entonces, vayamos bien encaminados: porque ni existen recetas mágicas que de inmediato haga que un grupo de personas cree un ambiente de silencio y atención (aunque algunas estén más cercanas, como vamos a leer a continuación); Ni es cierto que esta necesidad no exista durante el proceso educativo, algo que algunas corrientes tratan de explicar desde el punto de partida de que el discente ha de ser libre para hablar si quiere hablar. Ojo, que libre sí, pero también respetuoso, pues trabajar la escucha es también algo vital en educación.

En cualquier caso y, para resolver el título, esta es una entrada que continúa presentando las ideas claves que desarrollé durante un taller de formación sobre gestión grupal. De hecho, en el anterior post veíamos como no se trata de generar silencio porque yo quiera que los demás se callen, sino como respuesta a dos necesidades (la tuya y la mía), y como objetivo principal de respeto y construcción de grupo.

Una vez tenemos esto claro en la cabeza, la cosa cambia bastante. Porque las personas nos leemos entre nosotros mismos, más allá de lo que decimos. Y no es lo mismo que yo te lea a ti “que tú quieres que me calle para que tú me puedas contar lo que tú me quieras contar”, que yo te lea “que tú quieres que nos respetemos”. Esto segundo sí me interesa más, porque el mismo respeto que tú me demuestres, será el que yo te muestre a posteriori, y viceversa.

Pues bien, siguiendo con un segundo paso para la gestión grupal, hay otro elemento importantísimo para garantizar dicho clima de silencio y atención: la actitud.

Si estamos hablando de que nos leemos entre nosotros mismos, de que las personas somos espejos que reflejamos lo que el otro nos da, y más los niños y niñas, que son como esponjas, será por lo tanto importantísimo que, frente a la petición de una actitud de escucha, esté también una actitud de escucha, y de comunicación.

Si quieres que te oigan, adopta actitud de habla. Y si quieres que se establezca una comunicación real, pon todo tu ser, todas tus herramientas, al servicio del proceso comunicativo, el cual no solo entraña el aspecto verbal.

Cuando digo todos los elementos, me refiero a la postura, a la comunicación no verbal, y también a la verbal en cuanto a tono, timbre, volumen, modulación,…. aspectos a revisar y mejorar, buscando la mejor opción para comunicar, y para transmitir ese deseo de comunicación.

Y cuando ponemos todo nuestro ser en el proceso comunicativo, proyectamos realmente la esencia de dicho proceso, y contagiamos su necesidad.

Es en esa proyección donde se produce un cambio muy sustancial. Si estás encorvado, si te mueves en exceso. Si estás en una esquina al fondo. Si no das la sensación de que lo que estás diciendo, sea realmente importante. ¿Cómo esperas que alguien te escuche? Y también: si no prestas atención a los demás cuando te hablan o no tienes actitud de escucha, por ejemplo durante alguna pregunta, o si no das la sensación de que realmente te esté llegando, o parece que no te estás enterando de lo que otra persona en el grupo te está comunicando, ¿cómo pretendes que después, te atiendan a ti?

Actitud y proyección dentro del grupo de lo que quieres lograr con este, es fundamental para llegar al objetivo deseado.

Nuevamente, repito, como en la entrada anterior de gestión grupal: esto no es magia. Pero os aseguro que una correcta actitud comunicativa, y proyección de las necesidades comunicativas, logran el resultado buscado: conseguir construir un ambiente de silencio y atención, y una buena gestión grupal, sin necesidad de gritos, ni frustraciones, ni enfados que no llevan a nada.

Primer nivel de comprensión

– Yo te lo explico, y tú no lo haces, o no lo entiendes, o lo haces mal, o haces algo distinto a lo que habíamos quedado…. ¡Cómo puede ser! ¿Cómo tengo que decirlo? ¿Es que hablo en otro idioma? –

Pues sí, más o menos. Frustraciones aparte, que no sirven para nada: muy sencillo, muy rápido, pero de manera efectiva, y respondiendo a algunas dudas surgidas, y como complemento a otros post del blog. Os voy a presentar distintos niveles de comprensión.

Porque no entender (mi no entender) puede significar una no comprensión en alguno (o todos) de los siguientes niveles de comprensión que os presento en distintas entradas. Pero comencemos por el primer nivel, el que alude al proceso de atención, y a la fase de descodificación del proceso comunicativo (una fase totalmente personal, individual, subjetiva).

COMPRENSIÓN REAL

Si no hay atención real, no existe la comprensión. Esto es lo primero que tengo que garantizar y, para ello, existen dinámicas para la atención.

Estas hay que manejarlas desde las teorías de la atención, con las cuales conocemos que “la atención sostenida se transforma en oscilante” (Agazzi, 1973, p. 115), esto es: queramos o no, quieran o no, habrá veces que nos estén atendiendo, y momentos en los que no.

Para crear un ambiente de atención real, estoy compartiendo también en este blog de educación una serie de entradas sobre gestión grupal que, entre otras cosas, nos habla de la necesidad de generar un ambiente sano y facilitador del proceso comunicativo, del diálogo igualitario, del respeto y de la escucha.

Una vez nos atiendan, hay que saber que estamos hablando de proceso comunicativo, y no informativo: no transmitimos sin más, sino que buscamos una retroalimentación necesaria. Es por ello que garantizar la comprensión es asegurar que nuestra comunicación es clara.

Estamos muy mal acostumbrados, y damos las cosas por sentado, creemos que el sentido común es común, y pensamos que nuestra comunicación es clara, cuando no siempre lo es.

Cuando por ejemplo expresamos el típico “pórtate bien”, no estamos trabajando una comunicación clara. ¿Qué significa portarse bien? Hay todo un universo de matices solo en esa frase.

También sucede mucho en el trabajo en equipo que explicamos acciones, y pretendemos que todo el mundo funcione a mi nivel de comprensión: pero si las acciones no están matizadas, cada persona va a interpretarla desde su punto de vista y, por lo tanto, se producirán diversas comprensiones.

¿Y por qué es esto tan importante? Porque, si no hubo comprensión real, no puedes esperar la respuesta que estás esperando.

Un último apunte a modo de post post: Sé que caemos en el error, pero al hablar de distinto “nivel de comprensión” no nos referimos a que uno es más listo y otro menos. Es vital e importantísimo quitarnos esta idea de la cabeza, pues alguien puede ser la persona más inteligente sobre el planeta, y no comprendernos en un momento puntual.

Distintos niveles de comprensión significa distintos, ni mejores ni peores.

 

Agazzi, A. (1973). Psicología del niño. (6º Ed.) Alcoy: Editorial Marfil, s. A.

Taller sobre Gestión Grupal II

Siguiendo con la anterior entrada sobre cómo generar un ambiente propicio para la atención, continúo desarrollando las ideas principales transmitidas durante este taller, destinado tanto a docentes como a monitores de Tiempo Libre, en el cual buscábamos responder a la necesidad de que un grupo esté callado para poder desarrollar una actividad.

En el primer punto de este taller sobre gestión grupal, lanzaba una pregunta al aire: ¿Por qué quiero que alguien se calle? Como docentes o como monitores, creemos tener la necesidad de que un grupo, o la clase, esté callada, para que yo pueda desarrollar la sesión o la actividad, que previamente he programado.

El problema está en que, si ya desde mi yo más profundo, me empeño en que esto es así, voy abrir las puertas a un sin fin de frustraciones que serán las que manejen mi sesión o actividad, en lugar de hacerlo el grupo, en el cual participo.

En otra entrada de este blog de educación explicaba la importancia del valor de humildad para docentes y monitores, de como no podemos empeñarnos en realizar a toda costa la actividad que llevamos preparada. La retroalimentación debe existir. El constante análisis de realidad debe hacerse. Esto no ha de ser igual a ir dando bandazos, o de darle al participante lo que el participante quiere en ese momento. Hay que programar y tener muy claro qué necesita el participante y el grupo, y ser firmes a la hora de llevarlo a cabo. Pero si detecto que no va bien, o me estanco en mi propio empeño de algo que ya traía preparado, iremos en contra de lo programado.

No se trata de que el grupo se calle porque yo lo diga, porque va a empezar mi actividad. Cubrir esta necesidad en la gestión grupal consiste en crear un ambiente comunitario, igualitario, propicio para avanzar en los objetivos que todos buscamos, que todos necesitamos.

Realmente buscamos ese silencio, y esa atención, por dos razones fundamentales:

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Taller sobre Gestión grupal

¿CÓMO GENERAR UN AMBIENTE PROPICIO PARA LA ATENCIÓN?

El trabajo en tiempo libre, así como el trabajo en educación, en las aulas, se desempeña en un ambiente social, es decir: el monitor de tiempo libre, y el docente, deben conocer herramientas para la gestión grupal.

Uno de los aspectos más delicados se da cuando este mediador social (el docente o el monitor) trata de crear silencio para favorecer la atención de una actividad propuesta para cubrir los objetivos planteados a partir de las necesidades del grupo.

¿Cómo logramos silencio en un grupo?

Sin duda es una de las cuestiones que más demandan muchos profesionales de la educaciónmonitores de tiempo libre y, sin embargo, sobre todo en el ámbito de la pedagogía, parece que es una cuestión tabú.

Pero, ¿qué hacer cuando tu clase no se calla, y tienes que explicar un ejercicio, una actividad, un tema? ¿Cómo gestionar un grupo para que atienda durante una Actividad de Tiempo libre?

En este blog de educación y Tiempo libre, lejos de convertir este asunto en tabú, quiero abordar algunas herramientas para la gestión grupal y para generar un ambiente propicio para la atención. Y lo voy a hacer trasladando a este formato un taller de formación realizado a un grupo de monitores de tiempo libre, que precisamente demandaban herramientas para resolver estas preguntas aquí plasmadas.

Por ello, en próximas entradas trataré de contestar a estas preguntas, tal y como hice en el anterior taller sobre Comunicación como herramienta de unión, y desarrollar algunas herramientas que nos ayuden para la gestión grupal.

Para cerrar esta entrada, ya que es tan solo una presentación de este taller sobre la gestión grupal, compartir un vídeo con el que empezaba dicha actividad formativa y el cual comentábamos después, sacando los contenidos de la formación. El vídeo es un juego de magia del gran Pepe Carroll, con Juan Tamariz.

Escucha e inteligencia interpersonal

Desde una relativa actualidad discográfica hoy os comparto una canción muy recomendable de analizar, por lo que puede servir como recurso para una actividad dinámica de grupo de audioforum, en las cuales tras escuchar una canción podemos hablar en grupo destacando lo que nos ha sugerido o cómo aplicar su mensaje a nuestro día a día.

Pero inicialmente no la localicé para esta función, sino para una formación impartida en la cual buscaba ilustrar la importancia de que cada uno de nosotros somos un universo, que no debemos ser “bastos” en nuestra relación interpersonal, porque básicamente no lleva a nada, sino que debemos buscar un acercamiento con comprensión, escucha y a un ritmo sano para ambas personas.

La canción en concreto se llama Pausa, presente en el disco Autoterapia (qué oportuno) del 9 de marzo de 2018, y es del grupo madrileño Izal.

Deleitados con el vídeo, la magnífica puesta en escena de la patinadora y la canción, podemos pasar a analizar el mensaje de la canción. Y aunque seguramente engloba múltiples interpretaciones, personalmente me quiero centrar en las más interesantes para el título de esta entrada.

La canción es una llamada a la escucha de las personas: si cuando yo te hablo, tú me respondes con lo tuyo, interfiriendo con tus problemas, o intentando dar tus soluciones, o buscando desacreditarme, o esperando de mi un ritmo distinto al tuyo, o…. entonces no me estás escuchando.

Cuando ayudamos a alguien en algún problema solemos cometer errores como el intentar dar una solución rápida, contar nuestros propios problemas (estancando la escucha que hacíamos a la otra persona), o quitándole importancia al problema del otro, esperando que funcione a una velocidad mayor, exigiendo del otro una respuesta, cuando ni siquiera hemos comprendido (por falta de una escucha activa real) la pregunta.

Sin embargo cuando escuchamos a alguien debemos, precisamente, escucharle, a su tiempo, y desde una comprensión tal que, aunque no compartamos lo que nos diga, debemos entenderle, con empatía, porque nosotros no vivimos ahí dentro de la otra persona.

Cuando miramos a alguien a los ojos debemos tener muy claro que, desde esos ojos para adentro, hay todo un universo que desconocemos.

Si nosotros mismos nos sorprendemos de cosas que no entendemos de nosotros mismos, cuánto más desconoceremos del universo que son los demás. Por ello otra cosa a tener muy en cuenta es el gran cuidado que hay que tener con los juicios de valor, con las malas etiquetas, con los consejos desacertados o no aceptando lo que los demás nos dice que sienten. “¿Tú qué sabrás? Si nunca nadaste en mis entrañas”.

Algunas de las cosas antes comentadas tocan mucho el terreno de la inteligencia emocional y de la construcción de tejido emocional, conceptos desarrollados brevemente en las entradas sobre la comunicación y la creación de grupo o comunidad, aquí enlazadas.

Dinámicas para la atención: ¡Manos!

Las actividades son una de las herramientas fundamentales para el desarrollo del tiempo libre, la animación sociocultural o también para la gestión grupal en otros ámbitos como el de la educación. Pueden definirse como la punta de la flecha que constituyen nuestros objetivos, puesto que son la materialización de la metodología que nos hemos planteado para llegar a cubrir las necesidades del grupo de participantes.

Pero una actividad  no solo persigue cubrir necesidades del grupo de participantes, sino también las necesidades del equipo de monitores, o del docente. Realmente, son necesidades del grupo, puesto que estas figuras han de trabajar desde dentro del grupo social, deben formar parte del grupo. Una de estas puede ser una actividad que busque como objetivo crear el silencio, para focalizar la atención sobre algo concreto, como una explicación teórica, una exposición de un compañero, o la explicación de las reglas de un juego.

Comparto en esta entrada una dinámica de grupo que persigue precisamente este objetivo de atención tan necesario en educación y en tiempo libre, que utilizo mucho y en diversos ámbitos laborales desde que la inventara en un momento de desesperación, bajo un entorno de desatención total durante un trabajo en una granja escuela: no había forma de que nadie me hiciese caso por lo que, desesperado, levanté las manos y pedí que hiciesen lo mismo. A partir de ahí, salté de la dinámica al juego para completar su función. Pero, vamos a ver la explicación al completo.

Dinámica para focalizar la atención: ¡Manos!

Antes de comenzar, recordar que ante una desatención, siempre es bueno dejar que esta fluya un poco, puesto que “la atención sostenida se transforma en oscilante”, manejamos así las olas de las atención. Además no podemos pedir la atención todo el rato, porque fisiológicamente no es posible. Ver más en la entrada de atención en este blog sobre educación y tiempo libre.

Pues cuando queramos llamar la atención, mostramos las palmas de las manos al grupo y decimos en voz alta: “¡Manos!”. Repetimos la orden para los rezagados, y mantenemos la posición hasta que todos nos imitan y muestran las palmas de sus manos. Tan sencillo como esto, puesto que al activar con una acción, la atención está sobre la misma y, tras esta, podemos bajar tranquilamente las manos, y comenzar con lo que queramos explicar.

Tras la versión express, aquí la versión completa de la dinámica. Seguimos diciendo palabras al vuelo, acompañadas de un gesto que todos deben imitar. De esta forma decimos “ojos”, y señalamos nuestros ojos. “Nariz, boca, orejas”, y nos señalamos la nariz, la boca y las orejas, y “uñas”, y mostramos el reverso de nuestras manos, es decir, “manos”, pero al revés. Con participantes más pequeños, funciona muy bien, pues algunos están aprendiendo en esa edad las partes del cuerpo: “¡Manos! ¡Ojos! ¿Dónde están tus ojos?….”

No solo es una dinámica de grupo que nos permite captar la atención, sino que además es una herramienta fundamental para un análisis de la realidad rapidísimo. Mediante esta actividad podemos ver de una sola pasada quién estaba atendiendo y quién no, o quiénes son de tu grupo si quizás te has mezclado con más participantes, o quién es más rápido y quién es más lento, quién se muestra más apático, o quién se muestra más líder,….

Por último podemos proceder a la ludificación, convirtiendo la dinámica en un juego, lo cual nos permite subir un grado más en atención e interés, en caso de necesitarlo, de la siguiente forma: Pedimos por ejemplo: “orejas”, y nos tocamos la nariz. La mayoría se tocará la nariz, pero preguntamos “¿Dónde están vuestras orejas?”. No se trata de imitar, sino de mostrar lo que hemos pedido. Así continuamos diciendo al aire alguna de las palabras comentadas, pero señalándonos otra parte del cuerpo o mostrando las manos o las uñas, jugando así a ver quién es capaz, y más rápido, de colocar lo que se pide, sin dejarse influenciar por el gesto de la persona que lo dice.

Que por cierto, pudiendo haber hecho esta dinámica de grupo a, no lo sé, digamos, mil personas, tan solo una me ha encontrado (yo no hubiera caído, creo) el truco para ganar sin problemas: cerrar los ojos.