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Cineforum: Luca

Hoy os traigo una actividad de cineforum en torno a la película “Luca“, de Enrico Casarosa.

Esta película de animación de 2021, producida por Pixar y Disney, es la última que nos presenta este estudio, una auténtica maravilla para trabajar diversos valores y emociones.

Es una película sencilla en su estructura, pero profunda en su desarrollo, aunque esta vez no voy a profundizar en su reseña, sino que voy a destacar algunos aspectos interesantes para trabajar de cara a una actividad educativa de cineforum.

Más concretamente, vamos a ver tres valores, y tres emociones, y algunas preguntas que puedan ayudar a la reflexión para una dinámica de grupo de cineforum.

VALORES EN LA PELÍCULA LUCA

Aunque aquí destaque solo tres, encontramos más valores en esta película familiar.

Es por ello que podríamos comenzar nuestra dinámica de cineforum compartiendo qu´valores hemos aprendido o vemos

El valor de la tolerancia

¿Cómo te sentirías si fueses Luca, rechazado por toda una aldea? ¿Crees que está bien rechazar a las personas solo por su lugar de procedencia?

Luca, y su familia, son llamados “monstruos marinos”, tan solo por, lo que parece, una tradición que viene de atrás. ¿Por qué sería esto?

¿Tiene sentido que se mantenga ese miedo a los de su especie?

Sin embargo, ¿son de verdad monstruos marinos? ¿Hay que seguir rechazándolos? ¿Qué sucede cuando les conocemos más de cerca?

El valor del esfuerzo

¿Tenían posibilidades los protagonistas en ganar la carrera? Y sin embargo, continúan poco a poco luchando para intentar conseguir su propósito.

¿Qué hubiera pasado si se hubieran rendido al inicio? Jamás hubieran ganado.

Aunque sea costoso, ¿cómo debemos afrontar las metas?

¿Cómo nos sentimos cuando las alcanzamos?

¿La hubieran logrado más fácilmente separados, o juntos?

El valor de la amistad

¿Cómo es la amistad de los distintos personajes en esta película?

En este punto podemos trabajar la amistad de los personajes, resaltando un aspecto importantísimo:

Los actos puros de amistad de los protagonistas son elecciones libres, decisiones conscientes que toman para que el otro sea más feliz, para que el otro gane.

La amistad verdadera es aquella que es entrega desinteresada, y no un dar tras recibir algo a cambio.

TRABAJANDO LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Todo trabajo de inteligencia emocional en educación es esencial y muy enriquecedor.

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la educación ha de generar emoción

Cuando vemos una película en el cine la atención está sostenida a un punto fijo sobre el cual se nos genera una sensación de movimiento.

La atención se sostiene voluntariamente y el secreto de esta voluntariedad radica no solo en el contenido sino en la forma en la cual dicho contenido se nos presenta.

Estos dos elementos que acabo de explicar pueden dar como resultado muchas variables diferentes:

Un contenido magnífico presentado fantásticamente dará como resultado una película a la que todo el mundo prestará su máxima atención y, más aún, recordaremos durante mucho tiempo. Pero además, el mensaje nos llegará, y será asimilado.

Cuando hablo de mensaje hago referencia al proceso comunicativo, por lo que no estoy más que generalizando un concepto que, en realidad, conlleva muchísima más profundidad, y lo mismo sucede con la palabra “contenido”.

En un solo mensaje pueden existir múltiples textos y subtextos, comenzando por la intención comunicativa y terminando por las múltiples interpretaciones.

El proceso comunicativo, por su concepto de retroalimentación, conlleva un proceso social.

Y así mismo sucede con el concepto de educación, pues el proceso de enseñanza – aprendizaje conlleva inherentemente una interacción social.

Emisor (aspecto social), contenido (mensaje) y forma (metodología) son por lo tanto tres elementos a cuidar en el proceso educativo, pues podemos encontrarnos con un contenido pésimo y mal transmitido que no generará nada más que una pérdida de tiempo, pero también un buen contenido (por su importancia, relevancia e interés) que no se transmita correctamente y que, por lo tanto, no llegue a calar en aquellos que lo reciben.

O justo lo contrario, un contenido pobre pero que llegue a calar enormemente al ser transmitido mediante una mecánica extraordinaria.

Con todo esto me gustaría dejar claro no precisamente el hecho de que haya que hacer una u otra cosa, sino la importancia de saber reconocer estos elementos a la hora de estructurar cualquier proceso de enseñanza – aprendizaje.

Pero considero personalmente que faltaría un cuarto elemento que también copa la atención de todo aquel inmerso en el proceso de enseñanza – aprendizaje, incluso cuando no se es consciente de ello.

El cine como arte, y en su concepción de espectáculo que mueve al deleite, a la contemplación y al ánimo, genera sentimientos y emociones (Real Academia Española, 2018).

Es por ello que la educación no ha de ser una mera transmisión de contenidos, sino un punto de encuentro entre los miembros de un grupo social que crece a partir de un mensaje transmitido en una doble dirección, con un mensaje ya sea conceptual, procedimental o actitudinal, pero que ha de ser relevante, interesante, motivador y motivante, abierto y flexible, de espíritu crítico y democrático, y significativo.

Y por ello y para ello, es generado con una metodología activa, participativa, sorprendente, reveladora, y grupal, que llama la atención por sí misma e incita el interés, y que genera el deleite, el ánimo y la dimensión emocional.

Es así como el concepto de educación cierra su círculo en su dimensión conceptual, psicológica, individual, social y emocional.

Buscando que el discente crezca y, al mismo tiempo, dejando crecer (dos conceptos que no significan lo mismo).

Formando, que no deformando. Avanzando en grupo, y no empujando para que el grupo avance. A través de los diferentes aspectos de la persona, y de la persona en el grupo.

La educación ha de generar emoción….

Es la dimensión emocional, en conjunto con las otras mencionadas, las que nos marcarán en qué incidir, y en qué ritmo crecer.

Y es aquí donde debemos orientar la atención tanto del docente como de los alumnos y alumnas, y no tanto en los aspectos puramente conceptuales porque, en el fondo, y en palabras de Bona (2015), no importa tanto todo lo que sepas, los contenidos que hayas memorizado o los logros académicos que alcances, si eres incapaz de respetar a los que te rodean, o de saber cómo reaccionar ante los estímulos de la sociedad que nos rodea, o descubrir cómo alcanzar tu propia felicidad. 

  • Bona, C. (2015). La nueva educación. Barcelona: Plaza & Janes
  • Real Academia Española. (2018). Diccionario de la lengua española (23.3a ed.)

Dinámica para compartir con la clase

Como alumnos, y como docentes dentro del grupo clase, vivimos los días uno detrás de otro y a veces, no paramos a descubrir la profundidad de quienes nos acompañan.

Es una pena que las prisas, las falsas urgencias, el tiempo, las programaciones…. nos coman terreno en clase a un aspecto esencial como es prestar atención a la humanidad del grupo, pues la educación es sin duda un acto humano y grupal.

Es por ello que toda oportunidad de prestar atención a los demás y de dedicar tiempo al grupo y a cada uno de sus miembros, sea un regalazo para una clase.

Mientras que por otro lado, es un peligro educativo que un aula, una clase, un colegio, donde pasamos gran parte de nuestra vida en crecimiento, se convierta en un espacio vacío, ausente de interacciones y vínculos, casi como si fuesen aquellos espacios donde vivimos ajenos y anónimos a los que Marc Augé denominó “no-lugares”.

No podemos permitir que una clase, que debería ser un grupo unido mediante vínculos sólidos, se convierta en un no-lugar en el cual tan solo transitamos.

Por otro lado, y continuando con la justificación de la dinámica que hoy os traigo, no siempre tenemos la oportunidad de hablar, de expresar nuestro yo interior.

Todos tenemos algo que contar, mucho que transmitir, y la necesidad imperiosa de ser escuchados, para poder ser comprendidos: esencia del vínculo social.

La escucha activa es vital, hasta el punto de que debería ser asignatura obligatoria en Primaria y la ESO.

Y no solo desarrollar la escucha es esencial para con el otro, sino también para con uno mismo.

“La importancia de escuchar, de oír con respeto y sensibilidad. No solo a los otros, sino a uno mismo, pues muchas veces reprimimos nuestro yo auténtico por miedo al rechazo. Al escuchar lo que hay en nuestro interior, descubriremos cosas inesperadas”.

Carl Rogers, en Narbona (2021).

Esta dinámica de grupo busca como objetivo darle a la persona la oportunidad de expresar, de exteriorizar parte de su ser, mientras que los demás en la clase practicarán la escucha activa, conociéndonos mejor entre todos.

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Cómo trabajar con la diferencia

A veces esta pregunta surge en ciertos ámbitos profesionales educativos o del Tiempo Libre. ¿Cómo trabajar con la diferencia? Es decir: con el que es diferente.

Muchas veces la pregunta más repetida que me hacen en charlas y clases o talleres para monitores de tiempo libre es cómo trabajar con aquellos o aquellas que son diferentes, que se portan peor o que, me dicen a veces, tienen un comportamiento fuera de lo normal.

¿Cómo trabajar con la diferencia? Es importantísimo comenzar con un cambio de perspectiva porque, en realidad, ya estás trabajando con la diferencia.

El hecho de que haya participantes (o alumnado) que se ajusten más a lo que estás proponiendo (actividades, dinámica, normas, ritmo….) no quiere decir que haya unos participantes que puedan ser considerados “normales”, y otros que no.

Tan solo se ajustan más o mejor a lo que estás proponiendo y sin embargo, si cambiases la propuesta, seguramente serían otros los que se adaptarían mejor a lo que propones.

La medida de lo normal es potencialmente subjetiva y se ajusta a lo que un individuo ya conoce, y es normal tan solo porque se da, pero en contraposición lo que desconoce también es y existe, por lo que este juicio a su vez denota desconocimiento por parte del hablante.

Es por ello que toda diferencia aporta variedad, conocimiento y enriquecimiento, y que el punto de partida no puede ser nunca subjetivo, tratando de que la persona que desde mi percepción individual no es normal, sea normal (cuando esto en realidad no supone ser normal, sino ajustarse más a mi forma de ser o plantear las interacciones o actividades).

Ha de existir en el encuentro interpersonal  un acuerdo más que una posición de dominancia.

Pero cuidado que esta comprensión de la aceptación de la diversidad no nos puede llevar tampoco a lo contrario, aceptando cualquier realidad incluso una que vaya en contra de la libertad individual mía personal o de cualquier otro miembro del grupo.

En otras palabras: Hay que desterrar el “no es normal que menganito o menganita no pare de molestar en clase”, porque para él o ella puede que sí sea una realidad justificada, pero eso no quita que dicha situación haya que trabajarla o afrontarla de alguna manera.

Y para ello, unas claves a continuación:

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Yo perdono, pero no olvido

La RAE define la palabra rencor como “resentimiento arraigado y tenaz”, algo que se puede extrapolar, dentro del ámbito de la inteligencia emocional, a una emoción que, al no haber sido resuelta, al no haberle dado respuesta, esta no ha cambiado y permanece en el tiempo.

Sin embargo nuestra creencia popular ha traducido el rencor como algo negativo, sí o sí: si tienes rencor, eres malo, porque hay que saber perdonar. Surgiendo el disfemismo “rencoroso”.

“Llamo rencoroso a aquel que no me perdona, como atajo rápido para zanjar un conflicto interpersonal que, en realidad, debería resolverse mediante un acercamiento, mediante una comprensión”.

Este adjetivo, rencoroso o rencorosa, es un disfemismo porque sentencia a la persona así calificada de algo que no debe hacer (porque yo, oyente, no quiero), pese a que lo necesite.

– ¡No debes ser rencoroso, no tienes por qué sentir rencor! – Y, sin embargo, si la emoción no se ha resuelto, hay que expresarlo, porque hasta que no se etiquete, hasta que no encontremos qué nos está pidiendo, qué necesidad nos marca, esta emoción no cambiará, seguirá ahí.

(Y si una emoción permanece, es casi imposible olvidarlo, sacarlo e la cabeza. Qué digo de la cabeza: de todo el cuerpo….)

Profundizando en este tema sale a la luz el significado de otras expresiones, como la típica “yo perdono, pero no olvido“. ¿Es esta expresión correcta, en el ámbito de la inteligencia interpersonal?

Bueno, para empezar, según se formule puede doler o no, tanto a la otra persona como a uno mismo. Pero creo que sí incluye esta expresión el inicio de algo que puede ser sano para una relación interpersonal.

Perdonar, hay que perdonar siempre, como “primer paso dado de acercamiento” en cualquier acción de tejido interpersonal….

Pero no podemos realizar un acercamiento puramente pasivo, dejándonos a merced de las necesidades del otro, ocultando las propias.

Esto no es una relación interpersonal sana, es decir: la que es beneficiosa para ambos.

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Nada que no sea tuyo

Siguiendo las anteriores entradas en las que hablaba de abrirse a la pedagogía como ciencia, amplío con un concepto fundamental a comprender, que resuelve muchos porqués: si cualquier cosa que leas o te cuenten, no lo haces tuyo, no lo hagas, porque no te va a funcionar igual.

No importa cuántos consejos o metodologías leas o conozcas o aprendas, ni lo bien que los hayas comprendido a nivel cognitivo. Si lo que quieres aplicar no te ha calado, no lo has hecho tuyo, y si funciona será a modo de molde idéntico o a marchas forzadas.

Oye, que también puede existir una fase de adaptación para aplicar lo que intentas aplicar, como docente, profesional del tiempo libre, padre o madre.

Pero es importante saber que cuando trabajamos con niños y niñas, con personas en general, es fundamental e inevitable que nuestra propia forma de ser forme parte esencial del proceso.

Por este motivo, todo lo que aprendas para tu labor educativa debe amoldarse en cierto sentido a tu propio yo, a tu forma de ser, en una alimentación recíproca que permitirá que lo puedas aplicar con coherencia, y con mayor efectividad.

Nuevamente el concepto de equilibrio educativo se hace presente, pues darás con la clave al aplicar una metodología al mezclar la esencia del potencial que esta ofrece, con tu forma particular e única de tu puesta en marcha: ni más de lo uno, ni más de lo otro.

Y es que por mucho que se quiera, siempre existe el prisma de lo subjetivo cuando intervenimos desde nuestro yo, claro está que sin perder la esencia de esa metodología o actividad que quieres llevar a cabo. Es por ello que sea tan importante no que memorices cómo se hace, sino que realmente lo comprendas desde tus múltiples dimensiones (cognitiva, emocional, interpersonal, moral….)

En otras palabras: una cosa es comprender y aplicar, válido para una manualidad de papiroflexia, por ejemplo, y otra muy diferente el hecho de interiorizar y transmitir, y llegar a la otra persona, como lo hace el calor y la luz del fuego por la simple cercanía.

Mejorar no es haber fracasado

Que alguien te proponga un método diferente de actuación no implica que lo estés haciendo mal. Muchas veces ponemos una barrera a consejos y nuevos métodos por el miedo a la crítica, cuando en realidad la crítica (constructiva, no negativista) y la evaluación son esenciales para el crecimiento, pero ninguna de las dos nos indica que lo hayamos estado haciendo mal hasta el momento.

En la última entrada en torno a reflexiones y consejos para padres y madres hablaba sobre la importancia de tener la mente abierta a nuevas metodologías ya que, aunque algunas puedan funcionar y otras no, tener la mente y el corazón abiertos durante todo el trayecto educativo es lo que nos permitirá mejorar siempre.

Pero aceptar que una metodología que alguien nos comente, o que leamos, pueda ser mejor a lo que estamos aplicando actualmente, o descubrir que lo que estamos aplicando no es lo más correcto, no implica que lo hayamos estado haciendo mal con anterioridad, sino simplemente que antes dábamos lo mejor de lo que conocíamos y que, al conocer algo nuevo, también podemos pasar a dar lo mejor de lo que somos y conocemos.

Nada tiene de malo aprender. Nada tiene de malo mejorar. Son las claves del crecimiento y, como seres humanos, siempre estamos en crecimiento.

Os pongo un ejemplo personal a lo que acabo de argumentar.

Yo actualmente aplico conceptos y herramientas que he podido aprender dentro del área de la inteligencia emocional en el ámbito educativo. En esta formación, por ejemplo, hablamos de las seis emociones básicas humanas.

Si el día de mañana la ciencia avanza y los estudios en inteligencia emocional nos hablan de una cantidad distinta de emociones, mejorar a partir de este nuevo conocimiento no implica que hayamos trabajado incorrectamente hasta la fecha.

Y de la misma forma, que yo a día de hoy sepa cómo resolver un conflicto complejo por la vía de la inteligencia emocional, la cual me funciona mucho mejor de como lo hacía antes, que incluso a veces resolvía el conflicto, pero no a nivel emocional y, por lo tanto, este volvía a veces a producirse. Todo esto no implica que antes lo estuviese haciendo mal, sino que lo hacía lo mejor que podía y, ahora, en mi capacidad de apertura y de aprendizaje, trato de hacerlo mejor.

Porque si una persona argumentase que otra lo hace mal porque no lo hace como dicha persona sabe hacerlo, nos podríamos acoger al “solo sé que no sé nada” de Sócrates, y descubrir que todo el mundo en el Planeta Tierra lo hacemos todo siempre fatal.

Pero no, no lo hacemos fatal. Lo hacemos bien siempre y cuando lo hagamos de la mejor forma que sabemos hacerlo y, en el momento en que encontramos, conocemos y aprendemos una nueva forma, entonces solo desoírla sería obrar incorrectamente.

Es nuestra responsabilidad aplicar lo mejor de nosotros mismos y de lo que conocemos en cada caso y en cada situación. Y si descubrimos una nueva forma de trabajar en el proceso educativo, mejorar y aplicarla.

Dinámica de grupo: Los Globos

Visto y comprobado está que, así como necesitamos agua y alimentos, los seres humanos necesitamos cariño. Cada vez hay más estudios que lo demuestran, y así como el cariño, también otras emociones como la felicidad. De hecho, prestar más atención a reforzar y transmitir emociones como esta nos pueden “sanar” mucho más que tratando y analizando otro tipo de emociones como la tristeza o la ansiedad. (Bisquerra, 2011).

Y la alegría, el entusiasmo, o también la felicidad, deben florecer desde el interior de la persona, pero al mismo tiempo ser regado por el entorno: verdadera influencia y reflejo de todo lo que nos ocurra.

Para trabajarlo, y descubrir cuan importante es esto mismo, traigo hoy una dinámica de grupo no original, vista en internet y, a su vez, vista en las redes sociales de una comunidad online divulgadora de contenidos pedagógicos, que puede ser posiblemente de las más recomendadas en este campo: Orientación Andújar

Quien no conozca Orientación Andújar, desde aquí, recomendar enormemente esta imprescindible web para docentes, muy activa también a través de redes sociales.

DINÁMICA DE GRUPO: Los Globos

Inicio:

Llenamos una habitación con globos. Damos a cada participante un globo. Pedimos que escriban su nombre en el globo, y se los recogemos. Echamos los globos en la habitación antes mencionada.

Dinámica:

Damos un tiempo tras el cual, deberán todos a la vez encontrar el globo que lleva su nombre, dentro de la gran cantidad de globos que hay en la habitación. Lo más seguro es que, acabado el tiempo, nadie haya logrado su objetivo.

A continuación, cambiamos la estrategia y pedimos que, cada persona que encuentre un globo con el nombre de un compañero, se lo entregue inmediatamente, para que al finalizar ahora el tiempo, todo el mundo tenga en su mano el globo con su nombre. Lo más seguro es que este objetivo sí sea alcanzable.

Reflexión:

Los globos representan la felicidad de cada uno. Es mucho más sencillo alcanzar el globo con la ayuda de los compañeros, que cada uno por su propia cuenta.

Al buscar todos a la vez, si cada uno se concentra solo en su globo, estorbará, y moverá todos los globos mientras busca el suyo, haciendo imposible una búsqueda ordenada. Dentro de toda la maraña de personas y globos, la mejor opción es trabajar en sintonía para que todos puedan encontrar su globo: la felicidad.

 

Bisquerra, R. (2011). Educación emocional. Propuesta para educadores y familias. Desclée De Brouwer.

Dinámica de confianza y emociones

Os presento hoy una dinámica para trabajar los objetivos de distensión, presentación y creación de grupo o confianza, mezclando ligeramente el universo de las emociones.

Como resultado, una actividad sencilla, que puede dar buenos resultados combinada con alguna otra del mismo estilo.

Realmente la dinámica de grupo que os explico a continuación no difiere mucho de las dinámicas de situación o percepción, en las que descubrimos similitudes con miembros de nuestro grupo de iguales, lo cual ayuda a fortalecer la confianza y la cohesión.

Dinámica de grupo: Tocando la Emoción

Para esta actividad, todos tendremos una pajita, o bien un papel enrollado en esta misma forma.

Nos colocaremos en círculo, mirando al centro.

Un participante saldrá al centro y, en un papel, escribirá una de las emociones básicas, enseñará el papel y dirá algo que le provoque esa emoción básica.

Por ejemplo: escribimos ira, o enfado, y decimos “a mi me enfada (mucho/poco/algo/nada) que se metan conmigo”.

O también “a mi me da miedo la oscuridad”. O “me encanta (con alegría) la pasta con tomate”….

Pues bien, una vez este participante haya formulado su frase con la emoción básica escrita en el papel, todo aquel que comparta esa frase, que también le enfade, o de miedo, o le encante lo que ha dicho quien está en el centro, deberá acercarse al centro con la pajita en la boca y tocar con el otro extremo de la pajita el folio que sostiene el participante del centro.

No se trata solo de tocar con la pajita, sino que deberán todos los que han ido al centro permanecer tocando con la pajita, que sujeta la boca, el papel del participante del centro, hasta que, una vez todos los que comparten esa frase han salido al centro y están tocando también el folio.

Es entonces cuando el monitordirector de la actividad da paso a que el siguiente pase al centro a compartir una frase con una emoción básica.

Forzamos de esta forma ese momento de cercanía (y de ingenio), sobre todo cuando son muchos los que comparten la afirmación que hace el del centro, y por lo tanto son muchos los que tienen que lograr tocar a la vez el papel de la emoción básica con la pajita que llevan en la boca, la cual tienen que dejar fija en la posición en la que la hayan puesto hasta que le toque al siguiente salir al centro del grupo.

Conectar como iguales

– Tú no me entiendes lo que yo quiero hacer, y tan solo te comunicas conmigo con prohibiciones – Eso podría pensar muchas veces un niño con el que no hemos conectado.

Y es posiblemente la conexión la más valiosa herramienta en el campo de la educación.

Conectar es comprenderse el uno al otro. Tachamos a la persona de ser o tener un mal comportamiento y no siempre es que se esté portando mal adrede, sino que no existe una mutua comprensión de qué quiere y necesita cada uno, el docente y el discente.

Es por ello que el docente ha de tener una excelente inteligencia interpersonal, pues es responsable de lograr que el discente también la adquiera.

A veces no conectamos con un niño, con un joven, y esto hace que no logremos trabajar en sintonía. Sin embargo, el acercamiento puede provocar una conexión la cual nos lleve a poner las necesidades por encima de la mesa: – vale, tú me estás pidiendo esto, y te entiendo, pero vamos a intentarlo de esta otra forma, porque yo te tengo que pedir esto otro, y tenemos que buscar entendernos -.

Por eso muchas veces al niño del ejemplo anterior puede entenderle mejor, y conectar, su grupo de iguales. Aprendemos en la interacción con nuestros iguales. (Constructivismo social y Vygotsky).

Esto que comento lo he visto claro en un caso reciente, donde un niño tenía un comportamiento que pudiéramos llamar disruptivo (palabra de moda, cuidado con su uso) o inadecuado, pero en la observación descubría que era más bien una falta gigantesca de comprensión: – tú me regañas por algo que parece que no estoy haciendo bien, pero lo que yo veo más bien es que no comprendéis lo que estoy haciendo -.

Y, en este caso que comento, fue impresionante como, bajo la atención de otros niños, no de la misma edad, pero de una edad más cercana, de repente el comportamiento inadecuado se reducía casi a un uno por ciento.

¿Por qué? Porque se producía la comprensión. ¿Nos estamos comprendiendo ya? Vale, ahora hablamos la misma lengua. Qué es exactamente lo que yo quiero hacer, y qué es exactamente lo que tú me pides, o qué no debo hacer.

Y es curioso como a veces hay adultos que no están conformes con esto de la comprensión, y aseguran que los niños saben perfectamente qué tienen que hacer en cada momento, y si no lo hacen es porque deciden no hacerlo, y quieren portarse mal.

Y yo te pregunto, adulto: ¿Y tú, sabes perfectamente qué hacer en cada momento? ¿Cómo actuar, cómo comportarte, cómo hacer lo correcto no solo para ti, sino para tu entorno, en cada situación? ¿Estás seguro?