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Protagonistas del Tiempo Libre

¿Se imaginan a un maestro o una maestra, en un colegio, llamarle “payaso de siempre” a un niño o niña, como calificativo despectivo?

Ni siquiera argumentando a posteriori que “había sido una broma” sería correcto y, por suerte, esta actitud no tiene cabida a día de hoy (o no debería) en el ámbito de la docencia y el magisterio.

Creo que es altamente comprensible, ¿no? ¿O es que acaso alguien vería normal que, en una clase de primaria, las actividades programadas fuesen orientadas al docente?

Es decir, por ejemplo: << cantemos una canción, ¿cuál? Pues esta, que a mi me encanta, y si yo me lo paso bien, vosotros “enanos”, ya veréis como también >>.

El ámbito de la educación formal lleva años evolucionando para desterrar metodologías anquilosadas, y poner al alumnado como centro del proceso de enseñanza – aprendizaje, un proceso que debe surgir de las necesidades del discente, quien debe ser partícipe, autor y protagonista indiscutible de la educación.

Sin embargo y por desgracia, la actividad del Tiempo Libre sigue necesitando actualmente aprender de los avances que se han realizado en el ámbito de la educación, y actualizarse.

Todavía a día de hoy muchas asociaciones, empresas y actividades requieren una aplicación real de Pedagogía del Tiempo Libre.

Esta necesidad de profesionalización dentro de la educación no formal, que ya comentaba en otras entradas de este blog de educación, la reivindico desde un conocimiento de primera mano. Estos ejemplos que comento son reales.

Todavía a día de hoy encuentro monitores y monitoras, asociaciones y empresas, que trabajan anclados en formas del pasado, y que las reproducen bajo el inamovible argumento de: esto siempre se ha hecho así.

Ejemplos como los que ya he compartido en este blog de educación y tiempo libre, en torno a auténticas burradas que aún hoy día se reproducen en actividades de tiempo libre como campamentosviajes de estudio, o en actividades de multiaventura, evidencian la necesidad de reivindicar la importancia de la Pedagogía del Tiempo Libre.

Necesitamos empresas, asociaciones, profesionales y voluntariado que entiendan la necesidad de cuestionarse, evolucionar y abandonar viejas prácticas no pedagógicas, o esa actitud en la que todo gira en torno al monitor, o esas dinámicas que aún hoy día mantienen como válidas por tradición dentro de su actividad pero que fuera de ese contexto, puestas en un marco educativo formal actual, ponen los bellos de punta.

Y necesitamos actividades que se ajusten a una llamada Pedagogía del Tiempo Libre por medio de la cual se apliquen los mismos avances que se dan en las escuelas e institutos, en torno a las áreas de pedagogía, psicología, sociología…. de las cuales la educación no formal debe beber tanto o más que la formal.

¿O es que acaso los profesionales del Tiempo Libre no trabajamos con personas, hacia las cuales está dirigida nuestra labor, participantes que son y deben ser auténticos centro de toda nuestra acción?

El sueño no es acumulativo

Hoy en Manual Mamut, sección de este blog de educación dedicada a la ciencia y el ámbito profesional del Tiempo libre y la Animación sociocultural, presento una comprobación empírica: el sueño no es acumulativo.

Como no es un blog de ciencias ni medicina, no vamos a analizar esta teoría, para ver si es cierta o no. Tan solo quería transmitirla como curiosidad, y demostrar que es cierta o, más bien, que es útil saberlo durante el desempeño profesional en el tiempo libre.

La teoría en cuestión nos habla de que el sueño no se acumula, es decir: si tú duermes varios días seguidos tres horas y entonces, un día, duermes ocho horas, al día siguiente no puedes decir que estás con mucho sueño porque en días anteriores dormiste menos, y las ocho horas de esa noche no han completado la carencia anterior.

O en otras palabras: uno actúa de día con la carencia de sueño de esa noche, como si el contador se pusiera a cero cada vez que nos vamos a dormir. (¿Como? ¡Y qué pasa entonces con la siesta!)

He de decir que, aún pudiendo ser esto cierto, quizás no tenga en cuenta el cansancio muscular: aunque recuperes durmiendo una noche ocho horas, en otros aspectos puede que al día siguiente te veas muy cansado.

¿Y todo esto a qué viene? Pues a ampliar un consejo fundamental para monitores, en el desempeño de actividades de tiempo libre como pueda ser un campamento, que ya destacaba en otras entradas anteriores de este blog de educación.

No hay nada más reconfortante para un monitor de tiempo libre que dormir, a mitad de un campamento, ocho horas.

A veces no descansamos porque pensamos que no hay horas suficientes para recuperar el cansancio de días anteriores. En campamentos donde el sueño ha sido escaso los primeros días puede pasar. Pero dosificar los esfuerzos de los monitores es vital, como decía en la entrada enlazada.

Pero yo he comprobado esta teoría que hoy os traigo, por lo que mi recomendación es esa: buscar siempre dosificar los esfuerzos dentro del equipo de monitores, para que ciertos días cada uno pueda poner su contador a cero, y dormir lo que necesite para funcionar mejor (y profesionalmente: recordemos que los monitores de campamento tenemos una gran responsabilidad entre las manos).

Claro que también habrá quien me diga que en un campamento, no se duerme. Los que asintáis con esa afirmación, os voy a contar un secreto: no es verdad que en un campamento no se pueda dormir, ni monitores ni participantes.

En un campamento no solo se puede dormir perfectamente sino que además, desde el punto de vista profesional, se debe garantizar el sueño y el descanso de participantes y de monitores, sin importar el tipo de campamento, edad, actividades,….

¿Cómo se hace eso? Te invito a que recorras algunas entradas sobre campamentos aquí en la Invención del fuego.

Porque en lo que llamamos tiempo libre profesional, hay una máxima vital aplicable a cualquier otra profesión: las necesidades se convierten en objetivos, y los objetivos se cumplen, y se evalúan. Porque no siendo así, estos no son objetivos, y sin objetivos, no cubrimos las necesidades.

La importancia de la expectativa

Algunos de los fracasos más sonados que he tenido como profesional del tiempo libre han venido derivados por un condicionante que particularmente llamo “expectativa” (sacado de un concepto de guión en realidad), y que en esta entrada me gustaría explicar como parte de una fe de erratas en experiencias pasadas pues, ya se sabe: de los errores se aprende.

Y me parece sumamente interesante dicho concepto aunque a priori le pueda parecer a cualquiera que no es relevante, o que quizás uno se vea con capacidad para cambiar la expectativa, pero esto no siempre es sencillo.

Por expectativa me refiero a “lo que espera el participante” (el niño, el joven, el adulto,….) de la actividad en la que está inmerso, la cual medias tú como monitor de tiempo libre, o como cualquier otro profesional de la educación no formal o también, por qué no, en el caso de los docentes, aunque su ámbito está más marcado de cara a expectativas.

Y es que cuando el participante va con una idea férrea de lo que es una actividad, es complejo a veces hacerle entender que esa idea no puede darse, en caso de que sea una idea errónea. Y es complejo sobre todo cuando otro adulto ya le ha dado la razón, y por lo tanto parece que la idea queda automáticamente validada, sin posibilidad de una negociación dialogante por falta de un espíritu crítico real.

Pero vayamos a las anécdotas reales para ilustrar el concepto, sucedidas en actividades de tiempo libre.

Es muy complejo luchar contra una expectativa igual a “para ir de un punto a otro del campamento, lo hacemos saltando esa valla, porque es lo que hacíamos el año pasado, el monitor nos dejaba”.

El primer problema aquí reside en la falta de profesionalidad de muchos monitores de tiempo librecampamentos. Esta falta llega a un punto tal, que hay quien es capaz de discutirte el asunto al no entender qué hay de malo en que un grupo de niños salte una valla (ahorrándose diez metros, por no hacer el trayecto utilizando una puerta). Algo que en el ámbito de la educación formal quizás no pasaría, pero por falta de formación sucede constantemente en la educación no formal.

Pero, no siendo normal, y siendo algo que debemos evitar, quiero centrar la reflexión en lo complejo que es explicarle al grupo de participantes que no es posible saltar una valla, que no es lógico, que no es seguro, y que no puedes dejar que lo hagan, cuando la expectativa del grupo es totalmente contraria, y además, está aprobada por un adulto.

En el caso de este campamento pude salvar la situación, no permitiendo algo que podría haber sido un problema aún más serio. Pero de cara a la evaluación, esta actividad de tiempo libre fue a medias un fracaso, debido a una mala impresión final de los participantes: esto no es lo que esperábamos.

Otro ejemplo de lo mismo tuvo lugar en otra actividad de tiempo libre, en este caso de multiaventuras, un programa con pernoctación en los cuales siempre el equipo de monitores con el que he trabajado hemos salvaguardado una necesidad vital como es la del descanso, tanto para los participantes como para los monitores.

Por que no, profesores, no padres, no otros profesionales del tiempo libre:

Que los chavales no duerman en toda la noche no es lo más normal del mundo en una actividad de tiempo libre, en un campamento. Lo más normal del mundo es que el grupo duerma, tanto participantes como monitores. Y para que esta situación se dé, existe una pedagogía, unas herramientas, unas dinámicas a aplicar.

El problema es que muchos dan por hecho, ante la imposibilidad de lograr un objetivo, que el objetivo no es tal, y se descarta por imposibilidad. Pero el objetivo es fundamental:

En una actividad con pernoctación, se debe garantizar el descanso, entre otras cosas porque el cansancio es foco de incidentes y accidentes, de malentendidos, de conflictos y de desequilibrio emocional. Y aún más esto se debe garantizar en actividades que implican cierto riesgo, como son las de multiaventura.

Y no es complejo cumplimentar el objetivo, quizás en otra entrada podamos extendernos por ahí.

Pero claro, si luchas con una expectativa contraria, nos encontraremos ante un problema similar al anterior: si tanto padres como profesores le han explicado al participante que por las noches, seguro que arman una fiesta, y que pueden hacer cualquier cosa, es normal que el chaval, ante la autorización de otro adulto, no entre a razones, no entienda la importancia del descanso y del respeto a los otros compañeros, y por supuesto apueste por un todo vale que genere una situación de caos durante la actividad de tiempo libre.

Pero no todo vale, concepto pedagógico fundamental, máxime dentro de un grupo social. De la misma forma que no solo vale lo que tú traías en mente, lo que provoca una expectativa inamovible que, de no ser complacida, genera una sensación de insatisfacción, frustración y fracaso de la actividad de tiempo libre planteada.

Cuatro actitudes incorrectas en un monitor de multiaventura

Abierto un debate extendido más allá del ámbito del tiempo libre a raíz de un vídeo que se ha hecho viral, repaso en esta entrada cuatro actitudes que no son correctas, desde mi punto de vista y experiencia, en un monitor de multiaventura, más de cara a la proyección, a la mejora, y a modo de consejos (derivados de los anti consejos), para todo al que pueda servirle.

1. Para empezar, un monitor de multiaventura se dedica a acercar actividades llamadas “de riesgo” o “extremas”, derivadas muchas de los deportes del mismo nombre, y uno de sus objetivos fundamentales es el acercamiento del riesgo subjetivo al riesgo real.

El participante debe ser consciente del riesgo objetivo que existe para aprender a manejarlo por sí mismo, y disfrutar de la actividad conociendo su grado real.

Ya no solo desde el Tiempo libre, sino también desde el área de la Prevención de riesgos, se habla siempre de la importancia de lo antes mencionado, y más con una actividad cuyo foco es precisamente la gestión del riesgo:

El foco no es averiguar si me están tomando el pelo o no, para eso ya tendré otras actividades en la vida, y otras formas de desarrollar esa habilidad social.

2. Para continuar, decir que todos los participantes son libres, sean adultos, jóvenes o niños.

No por ser un niño quiera decir que no tenga libertad, dignidad, pueda pensar o pueda expresar su opinión.

Esta regla básica que digo lleva a lo siguiente: si un participante expresa en cualquier momento que no quiere realizar una actividad de multiaventura, debe conocer y tener la tranquilidad de que no la va a realizar, de que en ningún momento lo va a hacer de manera obligada.

Precisamente una de las misiones del monitor de multiaventura es la de animar a que el participante realice la actividad, incluso cuando expresa que no quiere hacerla: se le tranquiliza explicándole que la decisión será suya únicamente, pero se le anima explicándole la actividad, facilitando la comprensión de su mecánica y del riesgo,….

Por supuesto que podemos hacerlo lo mejor posible y, aún así el participante no quiera hacer la actividad.

No pasa nada, es comprensible, y si no quiere, no quiere (siempre que sea más seguro dar marcha atrás, pues a veces no lo es y debe realizar la actividad sí o sí, en cuyo caso también se debe explicar con pedagogía, y nunca mentir, pues romperíamos la confianza y, al hacerlo, la posibilidad de interacción posterior).

3. Permítanme que me ponga serio con la tercera apreciación, ya que cometemos el fallo con demasiada asiduidad:

Tapar una praxis incorrecta con la premisa “es una broma” no es de una actitud reflexiva ni de mejora, sino de repetición y de normalización de algo que, al menos en mi opinión, no es correcto.

Y no lo es porque una broma debe ser comprensible por ambas partes, por el que la ejecuta y por el que la recibe, de tal forma que se establezca un juego que siempre ha de acabar en un de tú a tú, de igual a igual, y no lo contrario.

Es discutible el uso de bromas en tiempo libre, pero lo cierto es que se utilizan mucho, principalmente como recurso para romper el hielo y provocar un acercamiento útil para el desarrollo del resto de actividades.

En tal caso debemos elevar la broma al estatus de actividad y, por lo tanto, seguir reglas propias de las actividades, como por ejemplo lo mencionado en el párrafo anterior.

Pero además, si podemos admitir que una broma nos puede ayudar a romper el hielo y  lograr cierta conexión con el participante, este debe ser el objetivo, beneficioso para ambos.

Si la broma solo persigue la propia diversión de quien la realiza, ni es válida, ni es útil, ni es una broma.

4. Por último, y quizás lo más importante: las actividades que realiza un monitor están destinadas a los participantes, para cumplimentar los objetivos de una actividad, en este caso de multiaventura, que parten de las necesidades de estos, en este caso, de un niño de primaria.

Las actividades no se montan para satisfacer las necesidades del monitor.

Si la actividad de multiaventura es un mero recurso para que el monitor pueda divertirse viendo como los niños hacen pucheros, tal y como al final del mencionado vídeo se puede oír, entonces el que debería pagar por la actividad es el monitor, y no el niño….