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Guía de ocio familiar en málaga

¿Cómo elegir la mejor actividad de Tiempo Libre para tus hijos?

Es posible que a veces nos asalte esta duda, y nos perdamos entre tanta oferta de actividades de ocio y al aire libre.

Esto, de entrada, es en realidad algo muy positivo: es una alegría ver tanta variedad de actividades donde elegir, lo que a su vez da la oportunidad de optar por el ocio más acertado.

Sabiendo además que toda actividad, de una u otra manera, puede ofrecer una experiencia enriquecedora.

Esta es una entrada preparada para publicar en la Guía de Ocio Familiar La Diversiva, una estupenda iniciativa malagueña que reúne una gran cantidad de actividades de Tiempo Libre infantil y juvenil y en familia.

Pues bien, entonces, ¿por qué actividad de tiempo libre decidirse?

Cierto es que muchas veces el factor económico puede ser decisivo, y lo bueno es que hay opciones muy asequibles de actividades de ocio que proponen experiencias muy recomendables.

También hay que entender que las actividades de Tiempo Libre que requieran más materiales, personal cualificado, infraestructuras, o implican el cuidado de animales, tengan costes más altos.

Algunas de estas actividades pueden ser una inversión más que recomendable, sobre todo cuando la experiencia que proporciona es educativa, más que puramente por diversión.

Por otro lado, a la hora de elegir es muy interesante optar por aquellas actividades que puedan realizarse en familia.

El Tiempo Libre en grupo, además de enriquecer por sí mismo, fomenta la cohesión y crecimiento del vínculo entre sus miembros.

En cuanto a la variedad en actividades de ocio y Tiempo Libre, dos puntos contrapuestos a valorar:

Por un lado, si tu hija o tu hijo destaca o le apasiona un área como pueda ser la música, las tecnologías o los deportes, no dudes en elegir una actividad en esa línea, pues esto puede ayudarle a potenciar sus competencias, capacidades y motivación en torno a dicha área, lo cual es muy beneficioso.

Pero al mismo tiempo recuerda que, siguiendo las tres “d” del Tiempo Libre, las actividades sanas de ocio son aquellas que procuran un descanso, una diversión y un desarrollo o formación adecuados.

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Historia de una vaca

Sucedía que mi sobrino jugaba con una vaca pequeña de juguete. Entonces un día la cogí, y la coloqué en un lugar visible de la habitación.

La vaca, pese a estar a simple vista, estaba escondida por una sencilla razón: no estaba donde debía estar, sino en otro lugar, en una posición inverosímil para quien juega con una vaca en el suelo, la guarda, y vuelve a jugar.

¿Dónde está la vaca? Pregunto. Y el juego da comienzo.

Un juego que, en realidad, tiene tintes de dinámica pues plantea un reto mayor que el hallazgo del juguete: el auto descubrimiento de las capacidades personales que son, en este caso, las de observación y perseverancia.

Esta acción en realidad no es la primera vez que la hago. De hecho, soy muy aficionado a provocar conflictos cognitivos en interacción durante mi desempeño profesional en infancia y juventud.

Desde lo más sutil y sencillo como cambiar un juguete de sitio, o  preguntarle a un niño “cómo te llamas” mientras le has nombrado por su nombre; hasta acciones más complejas que, a fin de cuentas, buscan ofrecer estímulos y, por tanto, la oportunidad de averiguar cómo resolverlos.

Además, en este blog de Educación y Tiempo Libre ya he compartido algunas entradas en torno a la importancia de expandir lo rutinario, de no conformarse con lo cuantitativo, de generar conflicto cognitivo.

Aunque a veces pueda quedar como una broma aislada, que como mucho pueda despertar una sonrisa, en realidad no es la idea, ni mucho menos. 

Más allá de una broma (que conlleva el peligroso riesgo de que solo se ría uno de los dos en interacción), presentar estímulos diferentes, novedosos, busca la distensión o romper el hielo, un objetivo fundamental en educación cuando entras por primera vez en un grupo.

Y unida a la distensión, otra ventaja es la creación de vínculo, esencial antes de cualquier otra acción educativa.

Pero los beneficios que provocan el conflicto cognitivo van mucho más allá puesto que son, a mi juicio, una de las esencias fundamentales del proceso educativo.

Cuando algo deja de provocarnos conflicto cognitivo nos estancamos, dejamos de aprender de esto, o deja de interesarnos, o nos acomodamos a dar una misma respuesta a este mismo estímulo repetitivo.

Todo ello debe estar enmarcado dentro de las características de la actividades, pues por muy simple que sea esconder una vaca, en realidad no hablamos solo de coger y mover y se acabó, sino que existe un proceso lógico, aunque exprés, de inicio, desarrollo y evaluación o final.

Es entonces que el juego que ofrece un simple juguete, como pueda ser una vaca, se expande en nuevas posibilidades; adquiere nuevas dimensiones; crece.

Y al final, lo que parece una acción aislada y sin fundamento, se convierte en un juego seguido por todos: ya no soy yo el único que esconde a la vaca….

Incluso el niño juega a ver si el adulto es capaz de encontrar la vaca donde él ha decidido que puede ser un escondite acertado, dentro de las dinámicas de este juego inédito que, a la par, aporta un aprendizaje esencial.

Mejorar no es haber fracasado

Que alguien te proponga un método diferente de actuación no implica que lo estés haciendo mal. Muchas veces ponemos una barrera a consejos y nuevos métodos por el miedo a la crítica, cuando en realidad la crítica (constructiva, no negativista) y la evaluación son esenciales para el crecimiento, pero ninguna de las dos nos indica que lo hayamos estado haciendo mal hasta el momento.

En la última entrada en torno a reflexiones y consejos para padres y madres hablaba sobre la importancia de tener la mente abierta a nuevas metodologías ya que, aunque algunas puedan funcionar y otras no, tener la mente y el corazón abiertos durante todo el trayecto educativo es lo que nos permitirá mejorar siempre.

Pero aceptar que una metodología que alguien nos comente, o que leamos, pueda ser mejor a lo que estamos aplicando actualmente, o descubrir que lo que estamos aplicando no es lo más correcto, no implica que lo hayamos estado haciendo mal con anterioridad, sino simplemente que antes dábamos lo mejor de lo que conocíamos y que, al conocer algo nuevo, también podemos pasar a dar lo mejor de lo que somos y conocemos.

Nada tiene de malo aprender. Nada tiene de malo mejorar. Son las claves del crecimiento y, como seres humanos, siempre estamos en crecimiento.

Os pongo un ejemplo personal a lo que acabo de argumentar.

Yo actualmente aplico conceptos y herramientas que he podido aprender dentro del área de la inteligencia emocional en el ámbito educativo. En esta formación, por ejemplo, hablamos de las seis emociones básicas humanas.

Si el día de mañana la ciencia avanza y los estudios en inteligencia emocional nos hablan de una cantidad distinta de emociones, mejorar a partir de este nuevo conocimiento no implica que hayamos trabajado incorrectamente hasta la fecha.

Y de la misma forma, que yo a día de hoy sepa cómo resolver un conflicto complejo por la vía de la inteligencia emocional, la cual me funciona mucho mejor de como lo hacía antes, que incluso a veces resolvía el conflicto, pero no a nivel emocional y, por lo tanto, este volvía a veces a producirse. Todo esto no implica que antes lo estuviese haciendo mal, sino que lo hacía lo mejor que podía y, ahora, en mi capacidad de apertura y de aprendizaje, trato de hacerlo mejor.

Porque si una persona argumentase que otra lo hace mal porque no lo hace como dicha persona sabe hacerlo, nos podríamos acoger al “solo sé que no sé nada” de Sócrates, y descubrir que todo el mundo en el Planeta Tierra lo hacemos todo siempre fatal.

Pero no, no lo hacemos fatal. Lo hacemos bien siempre y cuando lo hagamos de la mejor forma que sabemos hacerlo y, en el momento en que encontramos, conocemos y aprendemos una nueva forma, entonces solo desoírla sería obrar incorrectamente.

Es nuestra responsabilidad aplicar lo mejor de nosotros mismos y de lo que conocemos en cada caso y en cada situación. Y si descubrimos una nueva forma de trabajar en el proceso educativo, mejorar y aplicarla.

Risk viviente en casa

Para todas las familias que se animen os expongo hoy un gran juego, transversal (a realizar en varias etapas, varios días), o juego de mesa viviente, para este tiempo en casa.

Esta propuesta de colección de juegos o mini pruebas tiene una dinámica similar a la que se desarrolla en el conocido juego de mesa creado por Albert Lamorisse conocido como Risk, aunque es una dinámica que, con esta ambientación de conflicto bélico o con cualquier otra, se puede desarrollar muy exitosamente en campamentos de verano y otras actividades de Tiempo libre.

¡Juguemos en casa! ¡Juguemos a un Risk viviente!

 

PREPARACIÓN

Dibuja el plano de tu casa. No tiene por qué ser un dibujo perfecto. Si lo ambientas, el juego tendrá mucha más riqueza: cada estancia pueden ser planetas, islas, castillos…
Divide las estancias de la casa de tal forma que se identifiquen distintas zonas. Por defecto vamos a contabilizar 10 zonas. Piensa que puedes agrupar o partir estancias de la casa (dormitorios, pasillos, entrada, terraza, salón….) para generar las distintas zonas.
Prepara unas fichas, a ser posible que sean diferentes para cada jugador. Por defecto, vamos a contabilizar 4 jugadores diferentes. Si colocas el mapa en un tablón de corcho, las fichas pueden ser chinchetas.
Ten pensadas y preparadas las pruebas y juegos que van a determinar las conquistas de los territorios.
Antes de explicar el juego, determina las posesiones iniciales:
– Reparte de manera aleatoria territorios. Cada jugador comenzará controlando dos territorios cada uno.
– Reparte a cada jugador 5 fichas iniciales, que deberá colocar según explico más adelante.
– Reparte de manera aleatoria los objetivos. Cada jugador tendrá un objetivo de victoria. Los posibles objetivos de victoria pueden ser los siguientes:

  • Ganarás la partida si conquistas (que haya fichas tuyas en) todos los dormitorios.
  • Logra ocupar un dormitorio, un baño y la cocina.
  • Conquista todos los pasillos, la cocina y la terraza/balcón/parte del salón.
  • Toma el salón y los pasillos (o pasillo y entrada).
  • Logra llegar con tus fichas hasta un baño, un dormitorio y la terraza.
  • Ganas si conquistas al completo la cocina y el salón.

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La pedagogía es una ciencia

Continuando con una entrada anterior sobre ser padres hablaba de la importancia de ser tolerantes y estar abiertos a otras opiniones, a otras fórmulas, a otros consejos: Que nosotros seamos los que mejor conozcamos a nuestro hijo no quita que alguien de fuera pueda dar con la clave a alguna situación.

En el ámbito profesional, esto pasa constantemente: a veces creemos que conocemos bien lo que sucede, y lo probamos todo, y nada funciona cuando, de repente, algo que no esperábamos, funciona de maravillas. Por ello este consejo es válido para padres y madres pero también para docentes y profesionales educativos.

Una mayor apertura nos va a traer consecuentemente una mayor riqueza en el trabajo con nuestros hijos, e incluso en el propio crecimiento personal, y nos permitirá conocer mejor los procesos de enseñanza – aprendizaje, ¿para qué? Para estar preparados y saber responder mejor cuando la situación cambie. Porque aunque entendamos bien a un niño hoy, este crece, y surgirán nuevos retos a trabajar (y mejor si es conjuntamente).

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Ser padres

Ser padres no es sencillo. Las personas somos todo un universo en nuestro interior, y eso hace que seamos complejos e imprevisibles. Estar al cuidado de una personita hace, de entrada, que nos veamos limitados: hay ciertas cosas que ya no puedes hacer, y otras que tienes que hacer forzosamente.

Cuidar significa eso: estar ahí para el otro. Pero la cosa es más compleja aún, porque ese concepto de “estar ahí para el otro” puede ser interpretado de distintas formas, y desarrollarse desde múltiples enfoques y métodos.

Nuestra misma naturaleza y, a través de la experiencia, permite que encontremos la manera de estar ahí para nuestro hijo o hija, que sepamos cuidarles, y que encontremos cómo resolver esos momentos delicados que se nos presentan.

Ahí es donde nace la cátedra de los padres, quienes son los que mejor comprenden a sus hijos, o así debería ser, puesto que son los que más tiempo pasan con ellos, o así debería ser.

Ahora bien, como padres, tenemos que tener una cosa muy clara: el niño, la niña, no va a ser siempre el mismo, la misma, de igual forma que nosotros no somos todo el rato la misma persona, ni somos el que fuimos hace unos años, ni somos lo que seremos dentro de unos meses.

La naturaleza del ser humano fluye, dentro del mismo concepto de crecimiento, algo que en las edades tempranas, es más notorio. Cada experiencia dentro de nuestro entorno nos puede hacer cambiar. Pero es que además, eh aquí un secreto: nuestra dimensión social nos hace ser un “yo” diferente dentro de cada grupo social.

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La importancia de la expectativa

Algunos de los fracasos más sonados que he tenido como profesional del tiempo libre han venido derivados por un condicionante que particularmente llamo “expectativa” (sacado de un concepto de guión en realidad), y que en esta entrada me gustaría explicar como parte de una fe de erratas en experiencias pasadas pues, ya se sabe: de los errores se aprende.

Y me parece sumamente interesante dicho concepto aunque a priori le pueda parecer a cualquiera que no es relevante, o que quizás uno se vea con capacidad para cambiar la expectativa, pero esto no siempre es sencillo.

Por expectativa me refiero a “lo que espera el participante” (el niño, el joven, el adulto,….) de la actividad en la que está inmerso, la cual medias tú como monitor de tiempo libre, o como cualquier otro profesional de la educación no formal o también, por qué no, en el caso de los docentes, aunque su ámbito está más marcado de cara a expectativas.

Y es que cuando el participante va con una idea férrea de lo que es una actividad, es complejo a veces hacerle entender que esa idea no puede darse, en caso de que sea una idea errónea. Y es complejo sobre todo cuando otro adulto ya le ha dado la razón, y por lo tanto parece que la idea queda automáticamente validada, sin posibilidad de una negociación dialogante por falta de un espíritu crítico real.

Pero vayamos a las anécdotas reales para ilustrar el concepto, sucedidas en actividades de tiempo libre.

Es muy complejo luchar contra una expectativa igual a “para ir de un punto a otro del campamento, lo hacemos saltando esa valla, porque es lo que hacíamos el año pasado, el monitor nos dejaba”.

El primer problema aquí reside en la falta de profesionalidad de muchos monitores de tiempo librecampamentos. Esta falta llega a un punto tal, que hay quien es capaz de discutirte el asunto al no entender qué hay de malo en que un grupo de niños salte una valla (ahorrándose diez metros, por no hacer el trayecto utilizando una puerta). Algo que en el ámbito de la educación formal quizás no pasaría, pero por falta de formación sucede constantemente en la educación no formal.

Pero, no siendo normal, y siendo algo que debemos evitar, quiero centrar la reflexión en lo complejo que es explicarle al grupo de participantes que no es posible saltar una valla, que no es lógico, que no es seguro, y que no puedes dejar que lo hagan, cuando la expectativa del grupo es totalmente contraria, y además, está aprobada por un adulto.

En el caso de este campamento pude salvar la situación, no permitiendo algo que podría haber sido un problema aún más serio. Pero de cara a la evaluación, esta actividad de tiempo libre fue a medias un fracaso, debido a una mala impresión final de los participantes: esto no es lo que esperábamos.

Otro ejemplo de lo mismo tuvo lugar en otra actividad de tiempo libre, en este caso de multiaventuras, un programa con pernoctación en los cuales siempre el equipo de monitores con el que he trabajado hemos salvaguardado una necesidad vital como es la del descanso, tanto para los participantes como para los monitores.

Por que no, profesores, no padres, no otros profesionales del tiempo libre:

Que los chavales no duerman en toda la noche no es lo más normal del mundo en una actividad de tiempo libre, en un campamento. Lo más normal del mundo es que el grupo duerma, tanto participantes como monitores. Y para que esta situación se dé, existe una pedagogía, unas herramientas, unas dinámicas a aplicar.

El problema es que muchos dan por hecho, ante la imposibilidad de lograr un objetivo, que el objetivo no es tal, y se descarta por imposibilidad. Pero el objetivo es fundamental:

En una actividad con pernoctación, se debe garantizar el descanso, entre otras cosas porque el cansancio es foco de incidentes y accidentes, de malentendidos, de conflictos y de desequilibrio emocional. Y aún más esto se debe garantizar en actividades que implican cierto riesgo, como son las de multiaventura.

Y no es complejo cumplimentar el objetivo, quizás en otra entrada podamos extendernos por ahí.

Pero claro, si luchas con una expectativa contraria, nos encontraremos ante un problema similar al anterior: si tanto padres como profesores le han explicado al participante que por las noches, seguro que arman una fiesta, y que pueden hacer cualquier cosa, es normal que el chaval, ante la autorización de otro adulto, no entre a razones, no entienda la importancia del descanso y del respeto a los otros compañeros, y por supuesto apueste por un todo vale que genere una situación de caos durante la actividad de tiempo libre.

Pero no todo vale, concepto pedagógico fundamental, máxime dentro de un grupo social. De la misma forma que no solo vale lo que tú traías en mente, lo que provoca una expectativa inamovible que, de no ser complacida, genera una sensación de insatisfacción, frustración y fracaso de la actividad de tiempo libre planteada.

Ser comprendidos

Si tuviera que resumir a día de hoy cuál es la esencia de la educación, qué es lo imprescindible para que se produzca el llamado proceso educativo mencionado en anteriores entradas en este blog de educación, sin duda apostaría por dos palabras de una profundidad infinita: ser comprendidos.

Puesto que no hay educación sin cercanía, como no hay calor lejos del fuego, crear lazos o tejido emocional es fundamental para este proceso.

Como muchos docentes saben:

Ya puedes ser la persona más sabia del mundo que, si no logras conectar con los alumnos, estos no aprenderán absolutamente nada. Como mucho, lo memorizarán.

Pero no solo en un aspecto académico sino en cualquier otro de educación no formal o en el ámbito familiar:

Lo que necesita un niño, que realmente es lo que necesitamos todos, es ser comprendido.

Cuando comprendemos a la otra persona (pero de verdad, y no a medias, o con interferencias de mi propio ser o pensar), captamos y certificamos qué necesita la otra persona, y es entonces cuando podemos plantear la solución a la necesidad, y desde el punto de vista del que tiene dicha necesidad: tú qué necesitas, cómo podemos alcanzarlo.

El problema reside en que comprender a los demás no es tarea fácil, pero no solo porque leer a los demás nos cueste, y porque no nos preocupamos en alimentar nuestra inteligencia interpersonal y, por lo tanto, andamos haciendo el mamut los unos con los otros. Sino porque además, muchas veces, proyectamos en los demás nuestras ideas como algo habitual, ya sea para bien o para mal.

Cuántas veces, frente a lo que vemos que está haciendo, hemos interpretado en un compañero, o en un alumno, o en un niño, que tiene una intención concreta, y nos convencemos de que es esa su intención cuando no le hemos preguntado, ni lo vamos a hacer. Y aún así muchas veces creemos estar al 100% seguros de que su intención es la que nosotros nos figuramos.

Pero si a veces no nos entendemos ni a nosotros mismos, ¿cómo podemos atribuir intenciones a los demás a diestro y siniestro? ¿Por qué rechazamos la escucha y el acercamiento, y nos conformamos con nuestra propia interpretación? ¿Por qué esa necesidad de ruptura, cuando el tejido que antes mencionaba se da únicamente con el acercamiento?

Por eso resulta tan necesaria la empatía, que no significa estar de acuerdo con la otra persona, sino comprenderla hasta lo más profundo, aunque discrepes y después puedas dar tu opinión. Pero habiéndola comprendido primero (y sintiendo la otra persona que, efectivamente, lo has hecho).

Por ello solo cuando comprendemos a alguien de verdad, logramos crear el verdadero lazo que nos permitirá ser un guía para esta persona, es decir, ser luz en el proceso educativo.

Intimidad física e intelectual

Todo individuo tiene derecho a la propiedad e intimidad personal, y por supuesto también dentro de la micro sociedad que es el campamento tal y como explicaba en las anteriores entradas sobre campamentosactividades de tiempo libre. 

Para empezar es fundamental que los participantes tengan cierto tiempo en el cual puedan ser ellos mismos, y hacer lo que prefieran hacer. Es decir, tiempo libre, o tiempo de “ausencia de actividad”. Así como el monitor no debe estar las 24 h. del día dando respuestas y solventando quehaceres, el acampado no debe aplicar todo su esfuerzo psíquico en actividades mediadas por el equipo de monitores: necesitan descansar de las instrucciones de estos, presentes hasta en la actividad o dinámica más sencilla.

Por otro lado, los espacios físicos en este sentido también son importantes. El participante debe sentir como suyos su cuarto, su baño, incluso el campamento en conjunto: su hogar durante unos días. Y debe entender que mientras utilice las instalaciones correctamente, no se le molestará en estas. Con esto me refiero a que, si realmente siente que es su hogar, tarea que buscaremos, deberá cuidarlo, mientras que si no lo cuida, no puede ser su hogar. El uso correcto de las instalaciones permite la libertad de uso y, de esta forma, podrá sentir el acampado que, por ejemplo, su dormitorio, es suyo, y de sus compañeros, y mientras lo utilicen como ha de utilizarse un dormitorio, seguirá siendo suyo, como en su propia casa.

Hay que tener cuidado también con los objetos y materiales que los participantes traen de su casa: son de ellos, y no hay por qué utilizarlos sin su consentimiento, salvo que, por supuesto, su uso indebido conlleve una infracción. Esto que parece una obviedad por desgracia no es así en todos los ámbitos del tiempo libre puesto que, como comentaba en alguna otra entrada de pedagogía del tiempo libre, estamos ante una ciencia muy joven y con muy poca teoría. En más de una actividad he visto como los monitores veían normal (generalmente la idea viene de una costumbre pasada) coger sin consentimiento ropa de los acampados para disfrazarse de ellos. No solo me parece algo totalmente incorrecto sino que además, puede acarrear a la actividad o a esos monitores un problema bastante serio más adelante.

Y recuerda que no porque se lleve haciendo algo mucho tiempo, y no haya pasado nada, quiere decir que se esté haciendo ese algo de manera correcta y/o profesional.

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Sobreprotección

Dentro del terreno de la educación, hay una imagen que no me quito de la aventura por Londres y, aunque voy a relacionarlo con otro aspecto vivido durante el campamento con niños en el que he estado allí, lo cierto es que la imagen no forma parte de esta actividad de tiempo libre, sino que la observé pasando por al lado de un parque, caminando por la calle.

Pues bien, la imagen en cuestión se trata de un grupo de niños de Educación infantil, posiblemente de 4 años (siempre acierto con un más menos uno), que iban de paseo por el parque con sus dos cuidadoras, monitoras o maestras, e iban todos atados entre sí en dos filas, una fila para cada adulto, quien llevaba el extremo final de la cuerda que ataba a todos sus niños.

No es solo el hecho de que unos niños salgan al parque a descubrir una naturaleza limitada a lo que la cuerda se alargue a cada paso, sino también la estampa en su conjunto de unos adultos charlando entre sí mientras pasean auténticas mascotas. ¿Qué han salido a ver esos niños? ¿O es un mero paseo para airearse y recibir algo de vitamina D?

Quería mencionarlo, además, porque si a veces tendemos a copiar lo que se hace en otros países, bien estaría dejar esto sin imitar, esta sobreprotección exagerada. ¿De qué tienen miedo? ¿De que un niño se caiga? ¿Qué hay de malo en ello? La imprudencia, la pasividad o la falta de previsión son los aspectos malos, no una simple caída en sí, lo cual es algo natural, no deseable, pero natural. Y la naturaleza es lo que es, y es, lo que hay que aprender. Cuando nos caemos, aprendemos, y nos levantamos. Las experiencias nos preparan para la vida futura. Vivir en una burbuja nos desconecta de las nuevas experiencias, y nos hace personas vacías, incapaces de enfrentarse a nada en la vida.

Que no es un “caerse está bien” gratuito. Repito que hay que tomar medidas, y entendería una sobreprotección en momentos concretos, o actividades concretas,…. Pero, así como el riesgo cero no existe, no podemos realizar todas las actividades pensando solo en que no haya ni una mínima posibilidad de pequeño rasguño para que el papá o la mamá no pueda decir ni mu de nuestra actuación. Y dejo abierto que todo esto es también una responsabilidad de los padres.

A veces, ante el miedo de que estos se quejen, se molesten, o incluso vayan más lejos en su protesta, se busca una sobreprotección extrema que resta las posibilidades del educador o monitor de tiempo libre, y de las actividades.

En la actividad de campamento lo veía también en la fase de preparación, cuando discutíamos sobre las distintas actividades que podíamos realizar. Será cosa de culturas, pero repito que mejor no copiemos la necesidad tan extrema de encerrar a los niños en burbujas.

Como decía, había actividades que se proponían y que quedaban fuera rápidamente por no encajar con unos parámetros de seguridad extremos. Correr, si implicaba escaleras, malo. Dejar a los niños solos aunque fuese en una búsqueda de tesoro de mediación directa, regular. Realizar el viejo juego de magia, que llevo años haciendo sin complicación, de quemar un pañuelo que después se restituye, mala idea, porque no se debe jugar con fuego. Vivimos asustaitos.

Y luego pienso en los grupos de niños de tres, cuatro y cinco años que perdía detrás de su monitor por la granja escuela con nuestro mapa imaginario, buscando los animales y árboles de los cuales aprendían cosas, corriendo de un lado para otro, disfrutando,…. Y lo bien que nos lo pasábamos. Eso sí, algunos sí que lo pasaban mal: aquellos que no eran capaces de dar dos pasos porque todo les asustaba, animales, piedras, brisa de viento,…. y si se caían, se acababa la diversión porque no eran capaces de levantarse, sacudirse, y seguir disfrutando. Comenzaban a llorar hasta que alguien les envolvía en una burbuja, y les sacaba de aquel horror que es, el mundo en el que viven.