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Fuera de complejos

No puedo con los complejos. Rara es la entrada en la que, durante su proceso de escritura, no me vea frenado por un come come interior que me habla sin parar: no tires por ahí, nadie va a querer leerla, no va a gustar, pero quién eres para hacer esa afirmación,….

Debo decir que uno de los objetivos fundamentales por los que creé este blog de educación, además de para compartir mi experiencia profesional en el ámbito del tiempo libre, fue por el buen resultado de las charlas y de la formación que ocasionalmente he impartido. En estas parece que todo es diferente, quizás por una sencilla razón: durante el uso de la palabra oral, puedo moldear el mensaje y adaptarlo a un oyente que me es visible, de cara a que el mensaje pueda llegar mejor, y en el sentido exacto que pretendía inicialmente.

La retroalimentación o feedback, esa palabra mágica que aparece no sabemos cómo en todas las asignaturas, es vital para alcanzar el objetivo de comprensión real que persigue la comunicación, acción que también busca un blog cualquiera, como pueda ser este.

Sin embargo, la palabra escrita es una sentencia firme, que resuena en la mente del lector, con la entonación e interpretación que este quiera darle. Conseguir que el mensaje que llega a la otra persona sea el mismo que se envía es una tarea muy difícil, que hace muy grande la labor de los grandes escritores, novelistas, periodistas, guionistas,….

Pero de la misma manera, eh ahí la magia del lenguaje escrito: la mente del lector tiene mucho que decir y aportar al mensaje durante el proceso comunicativo.

Por esta razón, por mucho que me esfuerce, jamás podré saber con exactitud cómo van a ser acogidas estas palabras que ahora plasmo en esta entrada, en cada mente de cada uno de los que las lean. ¿Por qué entonces me empeño en hacerle tanto caso a esos complejos? ¿Para qué dar tantas vueltas a algo que va a escapar quiera o no de mis manos?

La naturalidad es la pose más difícil de conseguir” (frase atribuida a Oscar Wilde), puesto que a veces funcionamos cargados de capas, tratando de activar mecanismos sociales que nos aportan esto o aquello, dejando de ser nosotros mismos.

Este es uno de los objetivos que me propongo para este nuevo “curso escolar” en este blog de educación y tiempo libre: ser más natural y cercano, para que pueda llegar un mensaje en cada entrada que cale, y que ayude sobre todo, que pueda servir de ayuda.

Ya decía en las primeras entradas que, tan solo con que una de las actividades que aquí comparto puedan ser usadas por una persona (profesor, monitor, educador,….), ya habré cumplido un gran objetivo, pues mejor eso que no guardadas en el fondo de un Word.

E igual con las otras áreas: basta con que a alguien le pueda servir de ayuda algún post sobre educación o de pedagogía del tiempo libre, para que la Invención del fuego haya valido la pena.

Y fuera de complejos, si te gusta y te ayuda, genial, muy satisfecho. Y si no, pues siempre se agradece algún comentario que inicie un debate el cual, estoy seguro, puede estar lleno de cosas a aprender.

Feuerstein, Prieto y P. E. I.

Déjame pensar.

Y que aporta muchas ideas. Por todas estas razones, me parece muy interesante lo propuesto por este autor. Además es algo que todos los docentes deberían conocer. Primeramente, el libro es una guía muy completa de Feuerstein y su programa. En concreto en ciertos ámbitos de trabajo.

¡Deténgase lector! ¿Qué ha pasado en el anterior párrafo? De repente, rompemos los esquemas de una lectura normal y, aunque uno no quiera, nuestro piloto automático desconecta: esto no lo entiendo, por aquí no sigo yo, toma tú el control. Ese “tú” es nuestro yo más cognitivo, el cual tiene un potencial que va más allá de lo que creemos. Y se ha producido con una simple ruptura del orden lógico, o cronológico, o sintáctico: ¿cómo se ordenarían realmente esas frases?

Déjame pensar.

MODIFICABILIDAD COGNITIVA Y P. E. I.
Impresiones sobre el libro y sobre el programa de Reuven Feuerstein

Traslado a este blog de educación la reseña personal del libro Modificabilidad cognitiva y P. E. I. (1989), que constituye una guía muy completa del trabajo que realizase el psicólogo Reuven Feuerstein (1921 – 2014), escrito por la Doctora María Dolores Prieto Sánchez, Catedrática en Psicología de la Educación de la Universidad de Murcia.

El libro nos desvela con detalle el concepto de Modificabilidad cognitiva y toda la pedagogía que trabaja Feuerstein, con todas sus referencias, para terminar repasando punto a punto las actividades del Programa de Enriquecimiento Instrumental, que están destinadas al desarrollo cognitivo en exclusiva: “El programa no tiene como objetivo enseñar unos contenidos específicos, sino enseñar todo un sistema de operaciones, instrumentos y técnicas orientadas a hacer que el sujeto utilice mejor y de forma más eficaz toda la experiencia que le rodea”. Prieto, 1989, p. 86.

Cuando conocía este programa me llamó especialmente la atención porque creo sin dudas que es una auténtica “bomba” para el cerebro, como un reloj despertador de todo el potencial que tenemos dentro y que no siempre utilizamos.

Tenemos la capacidad para responder a tantos estímulos como nos acostumbremos, pero generalmente nos acomodamos a responder de manera mecánica, a dar respuestas vagas, atajos que no expanden nuestro potencial cognitivo.

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Criterios

Tras un patrón común y estable sobre lo que es educación, presentaba una serie de criterios, los que propone el profesor y pedagogo Jose Manuel Esteve, para definir el concepto de educación.

En mi personal tratado de arquitectura, en la búsqueda de base y definiciones sobre el proceso educativo, así como otros elementos propuestos por este autor que me han resultado determinantes (como los modelos educativos o el concepto de libertad), no termino de visualizar estos criterios dentro de una definición global, objetiva, determinante y de base para lo que vamos a llamar educación

No porque no aporten significado, sino porque estoy empeñado en encontrar una definición que podamos considerar universal y aplicable a cualquier caso, para partir desde la raíz en el entendimiento de todo concepto posterior. Es justo decir que aunque no los incluya, y a continuación lo razono, son un aporte fundamental (todo aporte aporta) a tener muy en cuenta.

Pues bien, y entrando de lleno en los cuatro criterios: Si afirmamos que solo son educativos los contenidos moralmente irreprochables, afirmamos que no podemos llegar a un concepto de educación universal, pues se queda en manos de la subjetividad de cada analista: ¿Qué es un contenido moralmente irreprochable? ¿Y para quién?

De forma similar entiendo la complejidad en el “criterio de equilibrio” pues, ¿dónde se recogen los criterios de la moderación y del exceso? Aquí entra en juego el famoso sentido común, que siempre explico en formación para monitores que es un sentido que nos marca unas conductas, y que damos por hecho que todos a nuestro alrededor van a tenerlas igualmente marcadas. Pero no es así: lo que para mi puede ser normal en una situación concreta, para mi amigo del alma está mal. ¿Quién entonces podría definir qué procesos son educativos y cuáles no, en base a si están siendo o no equilibrados?

Y por último, si entendemos la educación, hasta ahora nos valía esto, como el producto de un proceso de raciocinio, que lleva a una asimilación personal, y dándose esto, se produce dicho proceso, ¿realmente importa la forma, mientras se produzca todo lo anterior? No es que se deban aceptar las malas formas, sino que en la búsqueda de base que pretendo, solo puedo aceptar lo que no entraña dudas en su definición. Y obviamente la forma de dar con el proceso educativo es algo nuevamente sujeto a la subjetividad, y lo que para mi pueda ser un método de enseñanza correcto, pueda ser totalmente fallido y rechazado en otros ámbitos, y viceversa.

No obstante, puede ser que cuando el autor nos habla del “criterio de forma”, y en parte también de los otros, nos habla de la manera para producir citado proceso, la educación, es decir: no es que ir en contra de un criterio no pueda ser un acto educativo, sino que no producirá acto educativo alguno. No es que haya que buscar el resultado, y luego nos planteamos cómo se busca, sino que por medio del cómo se busca, llegamos a un único resultado y no a otro, que es el deseable.

Por lo que, y como conclusión, no hay que perder de vista estos criterios a la hora de entender qué es el proceso educativo. Pero de momento quiero dejar fuera de la definición de educación lo visto con este autor, para continuar hablando de un proceso de raciocinio y asimilación personal, que de momento englobe cualquier situación.

Criterios y José Manuel Esteve

Me quedaba en la entrada anterior aceptando únicamente como patrón común para la definición de lo que es educación aquello que constituye un proceso de raciocinio y que lleva a una asimilación personal. No introducía nada sobe usos éticos de lo que se aprende, y mucho menos sobre procesos.

Con bastante suerte pude, en la exploración paso a paso del mundo pedagógico reflejado en este blog, conocer algunos conceptos del profesor e investigador de pedagogía José Manuel Esteve (1951-2010), quien trata de poner algo de orden en la nomenclatura referida al mundo educativo.

Ha sido una auténtica suerte comenzar por este autor, quien reflexiona acerca del concepto pedagógico desgranando las definiciones y opinando no solo desde la razón, sino también desde la emoción y la vocación docente.

Así como nos quedábamos con los criterios de proceso racional y asimilación para definir un proceso educativo, quiero ahora compartir en esta entrada los Cuatro Criterios de los que nos habla Esteve en su búsqueda del concepto de educación. Solamente los menciono a continuación para comentarlos más adelante, y seguir con el proceso de búsqueda iniciado anteriormente.

Pues bien, este autor nos habla de cuatro criterios para definir la educación:

Criterio de contenido: para que algo sea educativo, el contenido que se aprende tiene que ser bueno. Este se refiere a qué se enseña, calificando de educativo aquello con una moral irreprochable. Esteve nos pregunta en Educar: un compromiso con la memoria, ed. Octaedro, a través de las preguntas que él realizaba en sus clases, si aprender a robar sería un acto educativo, concluyendo que “no calificamos de educativos a aquellos procesos en los que aprendemos algo que va en contra de nuestros valores morales”. Esteve (2010), p. 22.

Criterio de forma: que viene a decirnos que hay que enseñar con buenas maneras. Se refiere a cómo se desarrolla el proceso educativo: este ha de respetar la libertad de la persona, su dignidad y su autorealización. Para llegar a este, mostrándolo así a su clase (tal y como nos narra en su libro), intenta enseñarle algo a un alumno por medio de gritos e insultos. Así define posteriormente que “no consideramos educativo enseñar un contenido que el alumno aprende sin que se respete su libertad o su dignidad como persona”. Esteve (2010), pp. 23 y 24.

Criterio de uso: esto hace referencia a lo que otros autores dicen sobre que solo aprendemos lo que es útil para nosotros. La persona debe entender y comprender la importancia de lo que está aprendiendo, por ello el proceso educativo depende del uso que podrá hacer posteriormente el educando. Para el criterio de uso, propone un contenido y pide que sea memorizado. Después pregunta si se acordarán más adelante de lo que han memorizado, y la respuesta es negativa puesto que ha sido un aprendizaje aleatorio que no han podido relacionar con sus esquemas, que no le han visto ni importancia ni utilidad.

Criterio de equilibrio: si la educación es crecimiento, este ha de darse en todas sus facetas. No sería educativo un aprendizaje que desequilibre parte de la persona, explotando un aspecto a costa de otro. “Para hablar de educación exigimos que se consiga una personalidad integrada” […] “Rechazamos calificar de educativos aquellos procesos de aprendizaje en los que el resultado es un desequilibrio”. Esteve (2010), p. 27.

Esteve, J. M. (2010) Educar: un compromiso con la memoria. Barcelona: Octaedro.

Qué significa educación

Continuando con la excursión que suponía la entrada de Una salida al campo, vamos a seguir dándole vueltas al concepto de pedagogía y educación, dando pie a próximas entradas en las que empecemos a ver algunos autores y teorías.

Siempre que dudo de algo, me gusta acudir a sus inicios, a sus raíces, ver desde el principio de qué estamos hablando, para construir mi andamiaje (saldrá este concepto más adelante como teoría) y entender cómo funcionan las cosas. Y como quiero presentar en este blog todo lo referente a pedagogía y educación poco a poco, qué mejor que empezar por sus inicios para ir viendo todo sin saltarnos nada.

Vamos a repasar lo que significa aprender y educar, desde los tiempos inmemoriales, desde que se inventó el fuego.

Pues empezando por las palabras, encontramos que etimológicamente educación proviene del término latino “ducere”, es decir, “guiar o conducir”. En diccionarios etimológicos lo encontramos también como “ex ducere”, “encaminar o sacar de dentro hacia fuera”. Mejor que “sacar”, es como “hacer sacar” o “lograr que la persona saque de dentro hacia fuera algo”.

Por otro lado, pedagogo procedería del griego, y lo encontramos en diccionarios como “paidós”, “niño”, y “agogós”, “que conduce”. Es decir, entendían al pedagogo como un guía para esta etapa, encargado de que este logre “hacer salir” el conocimiento desde dentro hasta fuera.

No puedo decir hasta qué punto este significado se usaba como tal con la invención de este vocablo, porque no soy tan viejo ni tan sabio, pero se advierte que este significado etimológico comienza a casar con la definición y concepto de educación que van a expresar muchos educadores y pedagogos.

Así que, a partir de aquí, podemos ir sentando unas bases sobre las que trabajar para llegar al concepto de educación y, por lo tanto, de pedagogía, que será la ciencia encargada de su estudio.

Educación es sacar de dentro hacia fuera y, por tanto, ha de implicar necesariamente un proceso cognitivo. Nos vamos a quedar ahí porque desarrollar este punto va a dar para muchas entradas, y ésta ya se está alargando….

Si damos por cierto citado proceso, hemos de admitir que mientras el proceso tenga lugar, hablaremos de educación, sin importar cómo se llegó a dicho proceso. ¿O no….?

Y además, siguiendo con el calificativo de “proceso” y, habiendo dicho que la pedagogía es una ciencia, deberemos admitir que podremos dar con un proceso que se de de la misma forma, a grandes rasgos, en todas las circunstancias, y que además podrá ser observado desde un punto de vista objetivo, llegando así a un concepto universal de lo que es educación y de lo que no sería educación. ¿O acaso va la excursión muy desencaminada….?