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Conectar como iguales

– Tú no me entiendes lo que yo quiero hacer, y tan solo te comunicas conmigo con prohibiciones – Eso podría pensar muchas veces un niño con el que no hemos conectado.

Y es posiblemente la conexión la más valiosa herramienta en el campo de la educación.

Conectar es comprenderse el uno al otro. Tachamos a la persona de ser o tener un mal comportamiento y no siempre es que se esté portando mal adrede, sino que no existe una mutua comprensión de qué quiere y necesita cada uno, el docente y el discente.

Es por ello que el docente ha de tener una excelente inteligencia interpersonal, pues es responsable de lograr que el discente también la adquiera.

A veces no conectamos con un niño, con un joven, y esto hace que no logremos trabajar en sintonía. Sin embargo, el acercamiento puede provocar una conexión la cual nos lleve a poner las necesidades por encima de la mesa: – vale, tú me estás pidiendo esto, y te entiendo, pero vamos a intentarlo de esta otra forma, porque yo te tengo que pedir esto otro, y tenemos que buscar entendernos -.

Por eso muchas veces al niño del ejemplo anterior puede entenderle mejor, y conectar, su grupo de iguales. Aprendemos en la interacción con nuestros iguales. (Constructivismo social y Vygotsky).

Esto que comento lo he visto claro en un caso reciente, donde un niño tenía un comportamiento que pudiéramos llamar disruptivo (palabra de moda, cuidado con su uso) o inadecuado, pero en la observación descubría que era más bien una falta gigantesca de comprensión: – tú me regañas por algo que parece que no estoy haciendo bien, pero lo que yo veo más bien es que no comprendéis lo que estoy haciendo -.

Y, en este caso que comento, fue impresionante como, bajo la atención de otros niños, no de la misma edad, pero de una edad más cercana, de repente el comportamiento inadecuado se reducía casi a un uno por ciento.

¿Por qué? Porque se producía la comprensión. ¿Nos estamos comprendiendo ya? Vale, ahora hablamos la misma lengua. Qué es exactamente lo que yo quiero hacer, y qué es exactamente lo que tú me pides, o qué no debo hacer.

Y es curioso como a veces hay adultos que no están conformes con esto de la comprensión, y aseguran que los niños saben perfectamente qué tienen que hacer en cada momento, y si no lo hacen es porque deciden no hacerlo, y quieren portarse mal.

Y yo te pregunto, adulto: ¿Y tú, sabes perfectamente qué hacer en cada momento? ¿Cómo actuar, cómo comportarte, cómo hacer lo correcto no solo para ti, sino para tu entorno, en cada situación? ¿Estás seguro?

Compartir la vida

Esta mañana esperaba bien temprano a alguien y, mientras lo hacía, en lugar de encerrarme en algo, o en un interior, aprovechaba para salir a observar unas vistas que, a veces, pasan desapercibidas en los quehaceres diarios. En este caso, hablo del mar, y del amanecer, que son dos auténticos privilegios.

Recordaba entonces que, no hace mucho, me habían recomendado mirar a lo lejos. En estos días que corren en los que vivimos metidos en una pantalla, estas nos pasan la factura. Lo digo por experiencia, y con los ojos bien tocados. El descanso de pantallas, de los que trabajamos con estas mucho tiempo, es fundamental.

Algo similar he explicado muchas veces cuando hablaba, en formación para monitores, de las tres “d” del que llamamos Tiempo libre sano: aquel que divierte, desarrolla y descansa, puesto que es el que verdaderamente te prepara para afrontar posteriormente la vuelta al trabajo.

Pues bien, mientras esperaba, contemplaba y descansaba la vista, me acordé de la importancia del estiramiento, algo muy recomendado para cada día, y varias veces en el día, y más después de haber acabado una temporada veraniega de campamento intensa.

Habrá quien piense que todo esto, a la vez, es lo más raro del mundo. Pero ni es raro, ni complejo y, sin embargo, es altamente beneficioso. Porque además de todo ello, de contemplar, descansar y estirar, pensaba, y repasaba mentalmente algunas reuniones y actividades que me tocaban organizar para la semana.

Y también, ya de paso, continuaba pensando en este blog de educación, y en esta entrada que quería compartir aquí.

¿Solo tenemos una vida? Pues no cabe otra que exprimirla al máximo. A todo, no da tiempo, eso tendrías que saberlo ya. Pero aún menos tiempo te queda si no exprimes cada segundo al máximo, o si te acomodas en la facilidad de una tarea, que siempre haces de la misma forma, sin explorar las múltiples posibilidades que un solo minuto te puede ofrece.

Y no hay que estar loco para poder hacerlo todo (aunque a veces, puede ayudar).

Y de todas las acciones anteriores, la más importante sin embargo, era esperar. Esperar el encuentro.

Porque si, como decía, vivimos más cuanto más aprovechamos cada día, también existe otro secreto para vivir más de una vida: compartiendo la tuya con los demás.

Los que tenemos la enorme suerte de trabajar con personas lo tenemos más que claro. El aporte recíproco que nos damos los seres humanos ensancha exponencialmente nuestra existencia.

Cuando compartes tu vida con otras personas, hay momentos en los que vives la tuya, y la de los otros, y creces, pero a lo ancho. No cumples años sino que los años, se te desbordan de vida….

Dinámica Los Refugiados

Así como en la entrada dinámica de grupo para colegios explicaba directamente cómo es la dinámica de Los Refugiados, quiero ampliar en esta entrada cuestiones acerca de la actividad, que siendo una dinámica de grupos, está conectada directamente con la concienciación hacia la realidad de los grandes grupos de refugiados, de guerra o por cualquier otro motivo, aunque la metáfora que plantea es válida para otras realidades, y a su vez esta actividad pone a prueba a los participantes en cuanto a nuestras dimensiones psicológicas y sociales, nuestro yo racional y emocional, nuestros roles y patrones emocionales.

La dinámica nos pone en situación, nos aprieta las tuercas, y nos permite observar y reflexionar nuestras propias reacciones y la de los demás, para así descubrir qué hacemos ante este tipo de situaciones, ser conscientes de ello para aceptarlo y, en caso de que así lo tengamos claro, ver cómo cambiarlo. La reflexión nos ayuda a vislumbrar cómo debemos actuar, tanto a nivel personal como a nivel global, o si hay posibilidad de aportar un granito de arena a la causa.

Recordar que la reflexión o puesta en común es el elemento fundamental de las dinámicas de grupo, que son actividades de base teórica con unos objetivos concretos, destinadas generalmente al grupo, a las relaciones que en este se dan, al desarrollo de este o al desarrollo individual de sus componentes. Para explicar este tipo de actividades de tiempo libre siempre comento que son el resultado de la búsqueda de una metáfora de dos términos, la realidad y los elementos representados en la dinámica, relación que pretende mostrar al participante el objetivo planteado.

En el caso de la dinámica de Los refugiados, existe una metáfora entre la realidad de los refugiados, y las reglas, ambientación y desarrollo de esta actividad. Y por sus características, podemos hablar de una dinámica de grupo de percepción y de roles.

Este verano he podido probarla durante un campamento de verano, y pienso que su estructura, dinámica y potenciales de reflexión han sido magníficos. Pero originariamente diseñé esta actividad para una Semana solidaria del Colegio Los Olivos de Málaga, por lo que por defecto hablamos de 200 participantes, y los espacios descrito son clases, o salas multiuso. Y tras probarla por segunda vez, creo que en cuanto a desarrollo y normas funciona a la perfección, solo siendo necesario adaptar la dinámica al espacio disponible, y ajustar la cantidad de participantes destinados a cada grupo, según el total de participantes con los que se cuente.

 

¿Qué objetivo tiene esta dinámica de grupo para colegiosactividades de tiempo libre? ¿Cuáles son las principales reflexiones?

La respuesta a esto es algo que depende del potencial de cada participante (que siempre es infinito), cómo se enfrente al reto propuesto en la dinámica, y qué conclusiones saca de su comportamiento y del de sus compañeros. Pero me gustaría marcar algunas reflexiones desde la experiencia tras haber realizado esta actividad.

Que en esta dinámica de grupo los participantes puedan sentir un poco de la ansiedad, desconcierto, caos,…. que llegan a vivir personas refugiadas o en condiciones similares, es una oportunidad de experimentación importante para poder empezar a hablar sobre esta realidad que vive el mundo. La actividad nos acerca un poco más a la experiencia (en una escala 1:2500000) que viven estas personas, y eso nos da algo más de apertura.

Pero además, para aquellos que quizás sepan qué se debería hacer, la dinámica de grupo les enseña que los ideales y las perfecciones son un imposible. La frustración y la impotencia son dos de las palabras que más repiten los que tienen alguna posibilidad de cumplir sus objetivos. Pero eso no debe ser obstáculo para seguir hacia una meta propuesta.

Por otro lado, los que tienen pocas posibilidades, muchas veces se abandonan y se conforman con lo que les ha tocado, y dejan de intentar conseguir su objetivo. En el caso del colegio, los del Grupo C (los olvidados), terminaron intentando salir de su campo de refugiados, y sembraban el caos, especialmente a los de la ONU que, a punto de lograr algún tipo de reparto, se ven con el agua al cuello para lograr una mínima solución, puesto que cada vez son más los refugiados, y no saben por qué. Sin embargo, en el campamento sucedió que en ningún momento salieron los de este grupo de su lugar asignado, y estuvieron toda la dinámica esperando que alguien les dijese algo, viviendo con incertidumbre todo lo que estaba pasando. Es una buena reflexión pensar hasta qué punto se debe intervenir a toda costa, o hasta qué punto nos dejamos arrastrar por lo que nos dicen, sin rechistar, aunque no estemos de acuerdo.

Y por supuesto, cuando una dinámica de grupo nos pone a prueba, mostramos lo más instintivo, emocional o grupal de nosotros mismos. Aquel que, sentado tranquilamente, es defensor de compartir y ser solidario, puede convertirse en el terreno de juego en una fiera que solo piensa en su objetivo.

En el Grupo D, cada vez que se ofrecía un visado o un pack encontrado, había lucha. No tanto al principio, puesto que se ve algo más de indiferencia, pero sí hacia el final de la dinámica, ante la movilidad de la que gozan los compañeros; y la quietud e incertidumbre que se vive en esa zona, hace que el razonamiento pase al “sálvese quien pueda”, y muchos quieran a toda cosa poder salir de esa sala para intentar terminar como ganador la actividad. La prueba nos empuja, y ya no importa no ser solidario, robar, colarse, mentir,…. Es importantísimo que todas estas actitudes salgan después en la reflexión, pero no en la línea de echar en cara a nadie, sino que la clave sea que cada uno debe ser consciente de cómo es o cómo puede llegar a ser en determinadas situaciones, para aceptarlo (puesto que ir a contra pie con uno mismo, no es sano), caer en la cuenta de ello, pensar qué ha de cambiar cada uno en sí mismo, y buscar cómo mejorar cada día.

Para terminar, mención especial a un momento vivido en el cual, uno de los refugiados que consigue un pack y un país que le acoja, casi al final del juego, es echado del mismo al no recordar el elemento cultural de dicho país, y el policía de la zona le quita el pack, y debe volver a la zona D. Pues bien, estando dentro y, nada más que repitiendo que quiere volver a su país, resulta que llega el árbitro con el último pack que queda destinado a repartir a los del Grupo D y que debían ser ellos los que decidiesen a quién darle esa última oportunidad. Resultó que los que había en el campo habían sido refugiados (amargados sin poder salir de la sala) durante todo el juego, no habían conocido qué había fuera, mientras que este refugiado repetía que lo único que quería era volver a su país, que había conseguido anteriormente. El resto de refugiados, resignándose a lo que les parecía lo justo, aceptaron que el pack fuese a parar a esta persona, quien loco de contento volvió corriendo de vuelta a su país de acogida.

No acabar sin comentar que también se producen auténticos gestos de bondad, solidaridad, valor y entrega, y que esta dinámica de grupo es sin duda una apuesta por la interiorización, el autoconocimiento, la reflexión y la búsqueda de soluciones, quedando quizás lejos las de nivel global, pero siempre hay cosas por las que luchar en el día a día, en lo más cercano y parecido que nos toque vivir.