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Características del Animador sociocultural

Os comparto hoy las doce características descritas por Sáez Carreras (1997, p. 151.) para un animador sociocultural.

Estas características para el tiempo libre y la educación describen muy bien alguna de las herramientas y virtudes a desarrollar por parte de todo aquel que trabaja con personas, ya sean monitores de tiempo libre, animadores socioculturales o docentes.

Y creo que son especialmente interesantes de estudiar, y por ello he compartido siempre y comparto ahora en este blog de educación y tiempo libre, porque aglutinan muchos aspectos importantes de la gestión grupal y la pedagogía, y porque cada rasgo conlleva una carga de profundidad que merece la pena reflexionar.

Sáez Carreras parte de la reflexión sobre cómo ha de ser un animador sociocultural, y nos expone las siguiente doce características:

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Debería ser una persona dinámica y dinamizadora, motivada y motivadora, entusiasta y comprometida con su trabajo.

Abierta a las relaciones interpersonales y sociales, con tacto y respeto hacia los demás. Con capacidad de diálogo y comunicación. Acoge, sin reparos, a cualquier colectivo social que quiera integrarse en los programas.

Tiene confianza en la capacidad de los grupos para trabajar progresando y está convencido de la importancia del autodesarrollo personal a través de la dinámica grupal.

Está preparado para aprender constantemente. Es investigador activo y permanente de su praxis.

Está directamente implicado en el entorno y trabaja en él desde dentro. Está abierto al desarrollo comunitario integrado y cultiva la interdisciplinariedad al servicio de proyectos comunes.

Es un militante con el objetivo puesto en la transformación de la sociedad, en el cambio social.

Tiene equilibrio y madurez psíquica, flexibilidad mental y emocional para analizar los posibles conflictos grupales. Es abierto, tolerante, y tiene una gran disponibilidad para escuchar y atender a los demás.

Tiene capacidad de análisis y ejerce la crítica con espíritu constructivo.

Es optimista y se resiste al desaliento.

Tiene sentido del proceso. Sabe que toda actividad está enmarcada dentro de un proceso.

Utiliza el sentido del humor, sin caer en la chabacanería, para aliviar tensiones y romper hielos. Jamás ridiculiza a nadie.

A pesar de todo, no es ni un superhombre ni una supermujer. Tiene defectos y fallos y los asume con actitud autocrítica. Sabe, también, cuando su labor ha terminado y debe dejar paso a la comunidad.
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Sáez Carreras, J. (1997). Tercera Edad y Animación Sociocultural. Madrid: Dykinson.