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Cómo poner orden en un grupo de whatsapp

La famosa aplicación de comunicación WhatsApp tiene una cosa buena y una cosa mala.

La buena es que permite que todos los miembros de un grupo puedan compartir con los demás cualquier cosa. La mala, eso mismo.

Es una de las quejas, rozando la fobia, más sonada, causando auténtico pánico estar dentro de un grupo de esta aplicación, los cuales parece que se crean por cualquier motivo, justificado o no.

El colmo de nuestra era ha llegado hasta el pungo de que existan grupos de whatsapp para la comunicación formados por personas con las que no hemos hablado en la vida, salvo en dicho grupo (y a veces ni eso).

Crear un grupo de whatsapp para facilitar la comunicación (cuando alguna otra función como la difusión no nos vale) puede ser a veces útil, por lo que nos aventuramos a ello con pánico y resignación.

Sin embargo, a mí personalmente esta acción dejó de asustarme cuando comencé a aplicar la pedagogía del Tiempo Libre al uso de esta aplicación.

Una de las características del Tiempo Libre es la de buscar la forma de dinamizar positivamente grupos sociales.

Aunque sea mediante comunicación escrita, también podemos marcar pautas a seguir, dinámicas y normas para un correcto uso de un grupo dentro de esta aplicación.

Antes de continuar debo recordar que esto no funciona cuando el grupo no quiere, en el fondo, lo que se le va a proponer, porque hay que tener siempre claro en la gestión de grupos sociales que “un grupo hace lo que un grupo quiere hacer”.

Sin embargo en mi experiencia he podido comprobar como la mayoría de integrantes de los grupos en los que he aplicado lo que comento sí quieren y necesitan una serie de normas que, en ausencia de alguien que las establezca, no se desarrollan, mientras que el funcionamiento del grupo experimenta una mejora cualitativa cuando las normas son formuladas y reiteradas en casos concretos y puntuales.

¿Cómo poner orden en un grupo de whatsapp?

La clave para ello comienza compartiendo un mensaje con las instrucciones para un buen uso del grupo de whatsapp.

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Dinámica para compartir con la clase

Como alumnos, y como docentes dentro del grupo clase, vivimos los días uno detrás de otro y a veces, no paramos a descubrir la profundidad de quienes nos acompañan.

Es una pena que las prisas, las falsas urgencias, el tiempo, las programaciones…. nos coman terreno en clase a un aspecto esencial como es prestar atención a la humanidad del grupo, pues la educación es sin duda un acto humano y grupal.

Es por ello que toda oportunidad de prestar atención a los demás y de dedicar tiempo al grupo y a cada uno de sus miembros, sea un regalazo para una clase.

Mientras que por otro lado, es un peligro educativo que un aula, una clase, un colegio, donde pasamos gran parte de nuestra vida en crecimiento, se convierta en un espacio vacío, ausente de interacciones y vínculos, casi como si fuesen aquellos espacios donde vivimos ajenos y anónimos a los que Marc Augé denominó “no-lugares”.

No podemos permitir que una clase, que debería ser un grupo unido mediante vínculos sólidos, se convierta en un no-lugar en el cual tan solo transitamos.

Por otro lado, y continuando con la justificación de la dinámica que hoy os traigo, no siempre tenemos la oportunidad de hablar, de expresar nuestro yo interior.

Todos tenemos algo que contar, mucho que transmitir, y la necesidad imperiosa de ser escuchados, para poder ser comprendidos: esencia del vínculo social.

La escucha activa es vital, hasta el punto de que debería ser asignatura obligatoria en Primaria y la ESO.

Y no solo desarrollar la escucha es esencial para con el otro, sino también para con uno mismo.

“La importancia de escuchar, de oír con respeto y sensibilidad. No solo a los otros, sino a uno mismo, pues muchas veces reprimimos nuestro yo auténtico por miedo al rechazo. Al escuchar lo que hay en nuestro interior, descubriremos cosas inesperadas”.

Carl Rogers, en Narbona (2021).

Esta dinámica de grupo busca como objetivo darle a la persona la oportunidad de expresar, de exteriorizar parte de su ser, mientras que los demás en la clase practicarán la escucha activa, conociéndonos mejor entre todos.

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Dinámicas de grupo para la educación

Las dinámicas de grupo son posiblemente una de las mejores herramientas para el Tiempo Libre, la Animación Sociocultural y la Educación no formal.

Su potencial educativo y social nos permite alcanzar una gran cantidad de objetivos, con una profundidad bastante deseable en estos ámbitos.

Es por ello que las dinámicas como recurso, o el traslado de la dinámica de grupo al aula, a la educación formal, sea algo tan necesario.

Si la ciencia de la pedagogía del Tiempo Libre existiese con la misma autoridad que pueda tener la pedagogía de la educación formal, quizás esta, la educación formal, podría estar beneficiándose enormemente de los avances y descubrimientos y de una gran cantidad de actividades que desde hace mucho tiempo se viene utilizando en actividades de Tiempo Libre como son las dinámicas de grupo.

Dinámicas que no son ajenas a la educación, pues de forma consciente o inconscientes (algunas pueden ser muy sutiles) los docentes han utilizado dinámicas de grupo en sus clases desde posiblemente siempre, de la misma forma que el Tiempo Libre (no como ciencia) existe desde que el mundo es mundo.

Pero no están tan arraigadas, o no son consideradas herramientas esenciales para el aula, o al menos no tanto como lo son para la educación no formal, pese al potencial educativo de las dinámicas de grupo.

Desde que empieza a explotar este área de la educación no formal se comienzan a utilizar una gran cantidad de dinámicas que posteriormente, o paulatinamente, se aplicarían también en algunas áreas de la educación formal, muchas veces en asignaturas como Educación Física, pues la evolución de esta materia ha bebido mucho del Tiempo Libre, o que también aparecerían mucho en lo que posteriormente surgió como actividades de coaching, charlas y team building.

Sin embargo son actividades que el Tiempo Libre utiliza desde que existe como recurso fundamental para llegar a objetivos que se plantean dentro del grupo, para dinamizar al mismo o para descubrir en el mismo virtudes que son necesarias.

Aún así, cabe recordar que no es algo que surja en este ámbito sino que tienen su origen en los años 50 con la sociología experimental y que por lo tanto, una de las definiciones de las dinámicas es que siempre tienen un componente de tipo social.

Así como los juegos pueden buscar otro tipo de objetivos o de ámbitos, las dinámicas de grupo buscan siempre una reflexión social del individuo, del individuo dentro del grupo, o del grupo.

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Una cuestión de educación

La educación procura un aporte tan global que, al fin y al cabo, hablemos de lo que hablemos en adelante, todo podrá ser atribuido a una cuestión de educación….

Con este párrafo cerraba la entrada anterior, en un humilde homenaje a la labor docente en estos días tan convulsos de pandemia global.

Una casuística que tratamos de superar poco a poco desde diversos ámbitos al tratarse de una cuestión sanitaria, económica, logística…. pero sobre todo, aludiendo al ya mencionado párrafo, una cuestión de educación.

Aunque en realidad, no se ha visto como una cuestión de educación, pues como suele pasar, poco se ha trabajado en este ámbito.

A veces da la sensación de que la educación es un ámbito menor del que ocuparse cuando los otros aspectos de la sociedad, mucho más importantes e influyentes, estén resueltos.

En esta sociedad que da la espalda a las ciencias sociales, a las humanidades, a lo artístico, a lo espiritual, a lo psicológico…. Solo cabe lo cuantitativo (que no cualitativo), lo medible y, por tanto, el progreso, el futuro y el remedio a todos nuestros males no es la educación, eso ya vendrá luego, sino la tecnología, la ingeniería y la ciencia.

Y eso que después la palabra educación se repite constantemente en muchas bocas que protestan sobre “no hay educación” por aquí, “falta de educación por allá” pero a la hora de resolver, a la hora de prioridades, sigue quedándose como un área menor que abordar.

Sin embargo, si antes se resolviese el ámbito de la educación, mejor nos iría en el resto de terrenos.

Porque la solución a todo nuestros males parece estar llegando gracias a la ciencia, cierto, y a la logística, también.

Bendita vacuna, dicho sea de paso.

Y benditos profesionales que la han hecho posible gracias a su esfuerzo, y a todo el camino que han recorrido, aprendiendo y formándose como personas.

Con esto no digo solo que la educación sea importante para que la ciencia y la ingeniería sean más grandes.

Es que todo es una cuestión de educación y atender este área antes nos ayudaría a mejorar como sociedad.

La falta de educación nos vuelve temerarios, inconscientes, esclavos a la suerte.

Mientras que la educación nos permite afrontar las situaciones con confianza, con cabeza, con soltura, con libertad.

Realizo esta entrada siguiendo con la anterior como decía, pero también para reivindicar enormemente el papel de la educación, también en estas situaciones tan desagradables y extremas que hemos vivido.

¿Se acuerdan cuando, no hace tantos años, una gran mayoría de personas no utilizaba el cinturón de seguridad en el coche?

Recuerdo perfectamente cuando existía la creencia de que en ciudad, o en los asientos de atrás, no era estrictamente necesario. Pero entonces comenzaron una serie de campañas de concienciación que fueron poco a poco calando.

No fue algo de un día para otro pues como ya he explicado en alguna otra entrada, existen distintos niveles de comprensión.

Por eso a veces no basta con que a alguien le expliques desde lo cognitivo lo necesario e importante que es utilizar el cinturón de seguridad en todo momento, o colocarse correctamente una mascarilla y mantener siempre la distancia social.

Nos ha faltado educación, pero esto no quiere decir que hemos sido tontos, que por desgracia seguro que es lo primero que se le viene a más de uno a la cabeza.

El problema está en que, a diferencia de lo que se suele creer, educar no es informar (unilateral): es necesario conectar.

De ahí que cualquiera, en cualquier momento, podamos fallar, hasta que algo nos cala y lo interiorizamos porque incluso después de eso, todavía podemos equivocarnos, pues errar es humano.

Pero adviértase en estas palabras la gran importancia de que toda una sociedad logre, más que ser informada o conocer a nivel cognitivo, interiorizar realmente o conectar con algo que es tan vital e importante para nuestro futuro, para nuestro progreso conjunto.

Y esta meta esencial, que considero vital para una situación como la que hemos vivido y estamos viviendo, es sin duda una cuestión de educación.

La educación requiere tiempo, dedicación, mimo, respeto, atención. No es un término menor, es posiblemente una de las áreas fundamentales que atender de primera mano para reducir problemas, para afrontar como decía más arriba “todos nuestros males”.

Pero claro, si dejamos de lado el aspecto social, humano, educativo, esperando resolver de manera cuantitativa, finalmente resolvemos, pero no mejoramos, no aprendemos, no crecemos.

Y si no aprendemos nada de esta situación, con lo que hemos vivido, ahí sí que estamos perdidos.

No sé si estoy a tiempo de pedir un deseo de año nuevo pero, pediría desde este pequeño fuego en forma de blog que se preste más atención a la educación, más recursos, más miradas, más reflexiones: Que se le dé más importancia.

Y que descubramos la importancia de aprender a prender….

Yo perdono, pero no olvido

La RAE define la palabra rencor como “resentimiento arraigado y tenaz”, algo que se puede extrapolar, dentro del ámbito de la inteligencia emocional, a una emoción que, al no haber sido resuelta, al no haberle dado respuesta, esta no ha cambiado y permanece en el tiempo.

Sin embargo nuestra creencia popular ha traducido el rencor como algo negativo, sí o sí: si tienes rencor, eres malo, porque hay que saber perdonar. Surgiendo el disfemismo “rencoroso”.

“Llamo rencoroso a aquel que no me perdona, como atajo rápido para zanjar un conflicto interpersonal que, en realidad, debería resolverse mediante un acercamiento, mediante una comprensión”.

Este adjetivo, rencoroso o rencorosa, es un disfemismo porque sentencia a la persona así calificada de algo que no debe hacer (porque yo, oyente, no quiero), pese a que lo necesite.

– ¡No debes ser rencoroso, no tienes por qué sentir rencor! – Y, sin embargo, si la emoción no se ha resuelto, hay que expresarlo, porque hasta que no se etiquete, hasta que no encontremos qué nos está pidiendo, qué necesidad nos marca, esta emoción no cambiará, seguirá ahí.

(Y si una emoción permanece, es casi imposible olvidarlo, sacarlo e la cabeza. Qué digo de la cabeza: de todo el cuerpo….)

Profundizando en este tema sale a la luz el significado de otras expresiones, como la típica “yo perdono, pero no olvido“. ¿Es esta expresión correcta, en el ámbito de la inteligencia interpersonal?

Bueno, para empezar, según se formule puede doler o no, tanto a la otra persona como a uno mismo. Pero creo que sí incluye esta expresión el inicio de algo que puede ser sano para una relación interpersonal.

Perdonar, hay que perdonar siempre, como “primer paso dado de acercamiento” en cualquier acción de tejido interpersonal….

Pero no podemos realizar un acercamiento puramente pasivo, dejándonos a merced de las necesidades del otro, ocultando las propias.

Esto no es una relación interpersonal sana, es decir: la que es beneficiosa para ambos.

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Comprensión Cognitiva

Es curioso el fenómeno que se produce cuando un grupo de adultos en una situación comunicativa (como pueda ser una asamblea, un debate o una clase), hablen entre ellos en lugar de permanecer callados, atendiendo a la persona que tiene la palabra.

Más curioso aún cuando esos adultos son docentesmonitoresprofesionales del Tiempo Libre o cualquier otra persona encargada de gestionar a un grupo social y que, por tanto, cuando van a comunicar algo, piden silencio y que se les atienda. Y sin embargo, cuando ellos son masa, ni escuchan, ni atienden.

El primer pensamiento que a más de uno se le puede cruzar es que esto se da porque hay gente que respeta (quien lo piense puede que se coloque el primero en la lista de personas que sí se callan cuando otros hablan, o quizás el último), mientras que otros no respetan, por ser unos maleducados, y que no comprenden, a nivel cognitivo, que hay que callarse cuando los demás hablan.

Sin embargo, esto no es así. Y no es así porque no es que existan unos que se callan, y otros que no. No es así porque aunque a nivel cognitivo alguien entienda, comprenda y comparta que debe callarse, a otros niveles de comprensión, no lo han interiorizado. Esto es algo que comenzaba a explicar en la entrada sobre el primer nivel de comprensión de este blog de educación.

Yo mismo he podido comprobar esto que digo no hace mucho, cuando en un grupo de personas se debatía sobre cuál sería la mejor opción para que, durante una asamblea, se respetasen los turnos de palabra, y se escuchase a quien hablaba, evitando comentar con el compañero mientras alguien interviene. Pues bien, la conclusión fue rápida, sencilla y unánime: levantaremos la mano y, sobre todo, nadie hablará mientras habla la persona a la que se le ha dado el turno de palabra. Todos celebraban la decisión, asentían y la aceptaban. Porque todos estaban de acuerdo, a nivel cognitivo, de que aquello era lo correcto, lo comprendían y lo compartían.

La asamblea comenzó y, a la tercera intervención ya había adultos hablando con el compañero, no atendiendo a quien intervenía para todo el grupo. Lo hacían incluso los que antes habían tomado la iniciativa explicando cómo debía proceder la asamblea para ser respetuosos, para procurar el silencio, para facilitar los turnos de intervenciones.

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Taller sobre Gestión grupal

¿CÓMO GENERAR UN AMBIENTE PROPICIO PARA LA ATENCIÓN?

El trabajo en tiempo libre, así como el trabajo en educación, en las aulas, se desempeña en un ambiente social, es decir: el monitor de tiempo libre, y el docente, deben conocer herramientas para la gestión grupal.

Uno de los aspectos más delicados se da cuando este mediador social (el docente o el monitor) trata de crear silencio para favorecer la atención de una actividad propuesta para cubrir los objetivos planteados a partir de las necesidades del grupo.

¿Cómo logramos silencio en un grupo?

Sin duda es una de las cuestiones que más demandan muchos profesionales de la educaciónmonitores de tiempo libre y, sin embargo, sobre todo en el ámbito de la pedagogía, parece que es una cuestión tabú.

Pero, ¿qué hacer cuando tu clase no se calla, y tienes que explicar un ejercicio, una actividad, un tema? ¿Cómo gestionar un grupo para que atienda durante una Actividad de Tiempo libre?

En este blog de educación y Tiempo libre, lejos de convertir este asunto en tabú, quiero abordar algunas herramientas para la gestión grupal y para generar un ambiente propicio para la atención. Y lo voy a hacer trasladando a este formato un taller de formación realizado a un grupo de monitores de tiempo libre, que precisamente demandaban herramientas para resolver estas preguntas aquí plasmadas.

Por ello, en próximas entradas trataré de contestar a estas preguntas, tal y como hice en el anterior taller sobre Comunicación como herramienta de unión, y desarrollar algunas herramientas que nos ayuden para la gestión grupal.

Para cerrar esta entrada, ya que es tan solo una presentación de este taller sobre la gestión grupal, compartir un vídeo con el que empezaba dicha actividad formativa y el cual comentábamos después, sacando los contenidos de la formación. El vídeo es un juego de magia del gran Pepe Carroll, con Juan Tamariz.

Demasiada instrumentalidad

– ¿Cómo estás?
– Bien, ¿y tú?
– Bien, gracias.

No, no es un error. El diálogo que acaban de leer es muy bien conocido. Se trata de una pregunta, aparentemente social, seguida de una respuesta social. ¿Cómo estás? Bien.

Pero, ¿y si te pregunto cómo estás de verdad, un poco más hacia el interior, por debajo de toda nuestra superficialidad y de las respuestas instrumentales y sociales?

¿Realmente estás bien? ¿Es un bien de felicidad, euforia, plenitud, alegría, asombro?

O por el contrario estás bien, es decir: tirando. Y en realidad te sientes triste, angustiado, desolado, con miedo, incertidumbre, rencor, desidia, mosqueo….

– ¿Cuántas te han quedado?
– Siete.
– Vaya. Pues ya sabes: a estudiar más.
– Sí, lo sé. Si ya me han quitado el móvil y todo.
– Eso está muy bien.

¿Les suena esta otra? El punto en común entre ambas es que son conversaciones de construcción social, es decir: nos acostumbramos a ejecutarlas, pero no siempre las pensamos, o las sentimos.

En el caso de la segunda, además, incluye una respuesta instrumental por parte del estudiante que la ejecuta: digo esto, que es lo que les gusta a los adultos oír.

Dicha no porque el alumno sea consciente de que tenga que decirlo: responde de manera social, sin pensar ni sentir, porque es lo que está acostumbrado a hacer.

Y por otro lado, en el segundo diálogo se añade una cuantificación y una comunicación racional, por encima de lo cualitativo, o de la comunicación afectiva.

Antes de las vacaciones de estas últimas navidades, oí muchas veces este tipo de conversaciones y, precisamente en uno de los casos, tuve la oportunidad de saltarme la comunicación social antes expuesta, para pasar a una comunicación real, sentida y con sustancia.

– Me han quedado siete. Pero vaya, que ya me han quitado el móvil y todo.
– ¿Y de esa forma, crees que te irá mejor en el segundo trimestre?
– Ah, pues, yo qué sé.
– ¿Por qué crees que has suspendido siete? (No importan los cuántos, sino los porqué).
– Pues porque me distraigo mucho. En mi casa no puedo estudiar.
– ¿No puedes estudiar en tu casa? ¿Y eso?
– Pues porque hay mucho ruido, y me distraigo con facilidad….

Es ahora cuando hemos entrado en una comunicación útil en la cual, podremos analizar, o aconsejar que analice los porqué de la situación, y no tan solo un número, o una consecuencia a algo que ha sucedido.

No digo que no deba existir la comunicación social, la superficialidad o lo instrumental, cada cosa tendrá su utilidad, en su momento justo.

Lo que sí estoy reivindicando con esta entrada es que sepamos distinguir una cosa de otra, y que si realmente nos importa, siguiendo el presente caso, la situación de un alumno que suspende, debemos conectar mediante una comunicación emocional, y no racional, profunda y de calidad, y no tan solo superficial y cuantitativa.

Comunicación como unión VI

En esencia un grupo, sin unión, no es grupo, y la herramienta que permite tejerlo es la comunicación.

No es baladí haber usado el verbo “tejer”, pues refleja muy bien el objetivo de lo que hay que construir con todo grupo social con el que se trabaja: el tejido emocional.

Este concepto de hecho ha sido una suerte poder haberlo añadido a mi vocabulario, y haberlo trabajado, gracias a los cursos de inteligencia emocional impartidos por la empresa Elanvital.

Dentro del concepto de tejido hay que explicar que, precisamente cuando sucede un problema dentro del grupo, cuando el tejido se fragmenta, un alejamiento siempre va acompañado del empeoramiento de la situación. Precisamente cuando algo va mal, más nos tenemos que acercar a ese problema, a ese conflicto, a la persona, para reponer la brecha en el tejido emocinal, usando como aguja la comunicación.

Lo que rompe un grupo es la ruptura del tejido. ¿Cuántas veces hemos visto un grupo social en el que hay miembros descontentos con algo, y no lo expresan a quien deben expresarlo, sino que dispersan el malestar cual esporas, convirtiéndose en auténticos zombies? Esta es la gente gris de la que hay que alejarse, porque te arrastran hacia el negativismo, cuando la solución no es compleja (aunque hay que trabajarla): si hay un problema, no queda otra que ir a solucionarlo. Y si no se soluciona, o se llegan a discrepancias insalvables, no queda otra que marcharse.

Pero es o una, u otra cosa, no podemos querer las dos cosas a la vez: marcharnos y que se solucione, lo cual no tiene sentido, o lo que sí que sucede muy a menudo, cuando las personas protestan de aspectos del grupo y aún así se quedan en el grupo, pero no hacen por solucionarlo.

Si no hay comunicación, no hay solución. Y comunicación no es mascullar el problema, sino coser el tejido, acercarse al conflicto, dialogar por el encuentro y la solución.

Dentro del esquema compartido en esta pequeña formación para la gestión grupal, compartía las siguientes partes:

¡Conflicto!: Cada vez que se produce, procedemos a realizar un acercamiento, con comunicación. Una comunicación humilde, comprensiva y empática para oír y entender otros puntos de vista, y una comunicación dialogante, democrática, asertiva y concreta para exponer los puntos del conflictos, e intentar dar, de manera constructiva, con unos pasos que nos lleven a un encuentro y a una solución.

Campamentos y micro sociedad

El campamento constituye una pequeña sociedad autosuficiente, aislados los participantes durante un tiempo de sus sociedades de origen, y muchas de las cosas que estamos aprendiendo van encaminadas precisamente a conseguir esa autosuficiencia, a saber movilizar a este pequeño grupo social y resolver los conflictos que se produzcan.

Nuestra misión es proteger esta pequeña sociedad, y garantizar que los objetivos propuestos se den en todos sus miembros.

En el campo de las emociones solemos observar como dentro del campamento, de nuestra micro sociedad, estas se ven amplificadas. La convivencia entre los participantes, la rápida e inevitable confianza compartida, las fricciones en el día a día,…. provocan que los sentimientos afloren con mayor facilidad.

En la micro sociedad que se crea en una actividad de tiempo libre como es el campamento, los sentimientos se ven magnificados, de tal forma que lo que nos parece bonito puede pasar a maravilloso, y el que nos cae simplemente bien pasa a convertirse en nuestro amigo del alma.

Igual ocurre con los aspectos negativos del campamento. Un problemas por ejemplo puede pasar de ser una simpleza sin importancia, a convertirse en un gran problema que debe ser solucionado de inmediato, ya sea porque el roce se intensifica en espacios tan reducidos, o porque se va formando una bola de nieve que, cuidado, puede ser difícil de parar si actuamos tarde.

El monitor nunca debe entrar en ese juego de magnificar, al contrario: debe restar importancia a los problemas que, generalmente, son de sencilla solución. No ignorarlos, por supuesto, ya que a veces se nos escapan cosas importante por pensar que no son nada, pero sí tener buen ojo clínico y, sobre todo, restarle importancia rápido, aunque seguidamente nos pongamos a mediar la solución.

Los participantes, sobre todo los pequeños, o los que no estén acostumbrado a este tipo de actividad como es un campamento, se pueden ver arrastrados por estos sentimientos, y por un funcionamiento del día a día que no llegan a entender.

La mejor forma de combatir esto es mediante una buena programación, tal y como comentaba en la anterior entrada sobre ritmo en un campamento, que nos marque el ritmo del día a día al cual se acostumbren, y marque las normas básicas de convivencia de nuestra pequeña sociedad, unas normas que deben entender y comprender todos para que sean óptimas: debe ser algo que salga de todos, y que entiendan.