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Clásicos del teatro

En una de las últimas actividades de Tiempo Libre en la cual participaba, decidimos tener como actividad una velada de actuaciones.

Aunque era una actividad ya programada, no pudimos prepararla a lo grande, como a un buen amante de la dramaturgia le gustaría.

Pero en Tiempo Libre, como bien sabréis los que os dedicáis a esta ciencia (o arte), la improvisación es una virtud que cotiza al alza, pues en todo momento se están renovando las actividades.

Y, aunque programada, la velada iba a tener sí o sí un alto porcentaje de actuaciones improvisadas.

¿Un problema? En absoluto pues, son en estos momentos cuando uno echa mano de los clásicos del teatro:

Actuaciones y elementos de velada ya conocidos, ya utilizados, en la mochila de recursos, y que sobre todo son claves para el éxito de esta actividad.

Puesto que elaboré una lista con algunos de estos recursos de animación, he querido compartirla con el blog.

Y comenzaré con algunas actuaciones de velada para el Tiempo Libre y la educación no formal.

ACTUACIONES DE VELADAS

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Línea de campamento

Cerrando con el grupo de entradas sobre la Actividad de Tiempo libre: el Campamento, explico en este post cuestiones a tener en cuenta en el diseño, generalmente durante la pre-actividad (y revisión durante la actividad), de un guión de campamento o línea ascendente.

El coordinador no solo estructura una Actividad de Tiempo libre atendiendo a las necesidades, a la logística, a la temática y ambientación,…. Sino que además busca darle a todo esto una unidad y una sinergia, en aumento, de tal forma que la superación en expectativas de un día con respecto al anterior te lleve a desear llegar al día siguiente.

Un campamento se programa en ascenso, elaborando una curva ascendente. Debería comenzar con actividades más sencillas, puesto que en los primeros días es necesario conocerse, conocer el sitio, la temática, la ambientación,…. y adaptarse a la rutina del campamento. Por esta razón no pueden ser actividades muy complejas, que requieran  mucha atención o comprensión y, a partir de aquí, vamos ascendiendo en la curva, como en un espectáculo, llamando la atención de los participantes poco a poco hacia el climax de la actividad, situado en su final.

Cuando tenemos la atención, es el turno de colocar actividades más intensas, divertidas o profundas. Hacia el final, en los últimos días, recapitularemos todo lo aprendido, puesto que ya contamos con una atención e interés plenos, y unificaremos todas las ambientaciones, situando por último las mejores actividades del campamento, que cierren esa curva ascendente y constituyan un climax.

Si la curva la hemos hecho bien, un campamento podría terminar con una gran actividad, una actividad de evaluación y despedida y una velada, tres cosas que en definitiva resumen todo lo vivido, experimentado y disfrutado durante los días anteriores.

El climax es la clave, puesto que es lo que con mayor intensidad se vive, y lo que más se recuerda con el paso del tiempo. Un gran climax puede convertir en bueno un campamento que estaba siendo regular, o en perfecto un buen campamento.

Y al igual que esa parte final del campamento es importante, la última actividad de cada día de campamento es el climax de dicho día. Por eso a la hora de estructurar la línea de la Actividad es fundamental controlar las actividades que se colocan en la noche. Una planificación buena es aquella cuyas actividades de la noche están bien cuidadas y planteadas, en ascenso dentro de la citada línea de campamento.

Ciertamente pasa lo mismo con cada actividad, así como con una velada o cualquier otro tipo de composición del estilo: debemos colocar los elementos en ascenso para ir entrando en el conjunto poco a poco, haciendo crecer la expectativa (no podemos colocar todo lo bueno al inicio o rompemos la misma), y terminando con un gran final que resumirá todo lo anterior, y marcará lo que ha sido, lo que hemos vivido y disfrutado.

Dinámicas para la atención

Voy a hacer un repaso a dinámicas ya existentes que se utilizan para captar la atención en grandes grupos, o para crear el silencio en un grupo, de cara a focalizar la atención en algo concreto, como pueda ser un punto a observar, o en la persona que vaya a explicar cualquier concepto o actividad.

Más concretamente, presento en esta entrada lo que conozco yo como «vanes», o al menos es este el término que utilizo desde hace mucho, sin estar seguro de cuál es su fuente. Es más, aunque yo tiendo a utilizar más el término «van» con uve, posiblemente sea una derivación de «bang», por lo que estaría escribiéndolo incorrectamente de aquí en adelante (pero veo necesaria la separación frente a la onomatopeya de un arma).

Y mis sospechas residen en la definición, pues definiría un «van» como aquel grito de guerra, o grito a seguir, o expresión abstracta que refleja sentimientos de euforia, excitación, celebración o alegría, muy utilizado en el ámbito de veladas u otro tipo de espectáculos, pero que también nos encontramos, por ejemplo, en un partido de fútbol. Podemos hablar de un simple grito a seguir o repetir, o de una pequeña melodía tarareada.

Como dinámicas, podemos utilizar un «van» para focalizar la atención, hacer el silencio, y atender. Es decir: una persona da pie al «van», el grupo deja lo que está haciendo para completar dicho grito y, seguido a esto, hacemos silencio para atender a la persona que arrancó el «van», o continuar con una actividad.

Esta parte última es la más importante: esta dinámica no sirve absolutamente de nada si tras completar el «van«, continuamos hablando o distraídos. Hay que explicar la importancia del uso de esta dinámica, para que se entienda su procedimiento y cómo cumplirlo. Si no, nos limitaremos a tan solo gritar.

Como decía, vamos a ver algunos de los más famosos, o que más he visto o utilizo:

Eo-eo: Posiblemente el más famoso. En este caso, la persona grita «eo-eo» y el grupo contesta gritando «oé», y hacemos el silencio entre todos para prestar atención.

Rata ta tatá: Y respondemos «ta ta tá». Sé que es complicado entenderlo con tan solo leerlo, sin poder ver la entonación, pero aquí queda. Y si el anterior es posiblemente el más famoso, este tenía que ponerlo también, ya que siempre me recuerda a un gran monitor como es Rafa de la Casa Amarilla, al cual le encanta este «van».

Ala ala: Y respondemos «pio pio». Este lo utilizo sobre todo para actividades con participantes de más edad, o incluso adultos. Es muy gracioso ya que explicamos que el «pío pío» se debe responder con la misma entonación que se realice el «ala ala», por lo que cada vez podemos decir esta primera parte del «van» de mil maneras distintas: en agudo, alargando vocales, repitiendo las sílabas, muy rápido, muy lento, con acentos,….

¡Aspirina!: Y todos comienzan a sisear «shhhhhhhh». Si lo queremos con gestos, también podemos temblar como una pastilla efervescente. La cosa es que el siseo vaya disminuyendo hasta un total silencio.

Variante silenciosa: Para momentos en los que no podamos gritar y queramos el mismo resultado, podemos levantar la palma de la mano. Todos los demás, levantan la mano y hacen silencio, así hasta que estemos todos con la mano levantada. Es importante que no demos comienzo a lo siguiente, hasta que todos estén con la mano levantada y en silencio, o de lo contrario el grupo aprenderá que realmente no es necesario levantar la mano y, por lo tanto, la próxima vez que la levantes, no responderán.

Cuenta atrás: Este es de invención propia, aunque no sea gran cosa. Pero la idea es levantar la mano con los cinco dedos y, al hacerlo, el grupo (primero los que la ven, y luego se van sumando el resto), gritan «5». Una vez lo hagan, pones 4 dedos y el grupo continua gritando esa cuenta atrás, hasta llegar a cero, y hacemos el silencio.

¡Manos!: Otro del cajón de La Invención del Fuego que podéis ver extendido como dinámica que persigue otros objetivos, y como juego, en este entrada en recursos docentes y para el tiempo libre.

Retomando la explicación del inicio, e intentando dejarlo más claro, es importantísimo utilizar este tipo de dinámicas al final de un momento de desatención, nunca al inicio o en medio, porque también los momentos de no atención son necesarios (ver más sobre teorías de la atención), nos ayudan a descansar para atender después con más fuerzas.

Por ello es mejor esperar y, cuando nos estemos distrayendo de lo que nos ha distraído, recuperamos la ola de atención focalizando al grupo nuevamente en lo que nos traemos entre manos, la explicación o la actividad en concreto que estemos realizando.